Sueños (8): Perseguido por el equipo de las motos rojas

El sueño de la persecución de las motos del equipo rojo por las calles nocturnas de Madrid
Estoy haciendo una animación para un grupo de despedida de solteras. En el salón principal del restaurante hay varios grupos, algunos de tíos, algunos de tías. En uno de los extremos (esquina izquierda), donde aparece al final una rampa que lleva a un piso superior, como de trastienda, ahí está mi grupo de chicas, aunque al principio me equivocaré un par de veces de grupos de solteras. Pero ya lo tengo ubicado. El caso es que faltan algunas chicas por venir al evento, pero el resto ya está cenando. Apenas recuerdo las gracias que hago, aunque me suena que en un momento dado, llego a salir desnudo y ni sé las cochinadas que brevemente acontecen. Subo y bajo por rampas o así, en las partes no-públicas del restaurante.

Hacia el final voy con las chicas hacia un receptáculo que hay arriba (ya no estamos hablando de un restaurante en sí, sino de una especie de grandes almacenes con numerosos apéndices, el restaurante donde estábamos era uno, y ahora, la sala donde estamos las chicas y yo otro). El nuevo departamento es una especie de pista de baile, creo que parte del techo es de cristal y se ve la noche sobre nuestras cabezas, pero lo más curioso es que el suelo está bastante inclinado, quizá casi 45 grados. Las chicas ya apenas me hacen caso, están a su fiesta, la música discotequera que empiece a sonar, van llegando más chicas invitadas a la fiesta. Voy despidiéndome, pido un aplauso por la que se va a casar, voy a decir que soy actor y que esto era una broma, etcétera, pero ya está fuera de lugar, ya no me hacen ni caso, están a lo suyo, a su fiesta y a su música y a las tías que siguen llegando, que procuran ignorarme todo lo que pueden. Yo ya sobro aquí, de hecho muchas de las presentes se están preguntando qué es lo que hace un tío aquí, en su fiesta estrictamente femenina. Me las piro con carácter de urgencia.

Ahora busco a Carlos (Sir Charles) para cobrar mis emolumentos de animador. Buscando por las inmediaciones internas de este edificio que contiene numerosas dependencias y negocios. Pero no hay rastro de Carlos, ni tampoco del restaurante. Creo que son como las 2 de la madrugada. En lo que era el restaurante ahora hay otro restaurante distinto, distintos cocineros y camareros. Sigo buscando. Empiezan a acercárseme un par de matones con cara de pocos amigos. Les explico mi situación, pero no me creen, me consideran un intruso en espacio privado. Aparecen dos o tres gorilas más, con la intención de darme una buena paliza. Me zafo de un par de ellos y corro a la búsqueda de una salida. Que acabo por encontrar rápidamente. Escalo una verja bastante alta (altura de dos hombres y medio) y ya estoy en la calle, en el espacio público, calle de noche, casi ni un alma en la cerrada noche, enfrente veo una estación de metro, que ahora está cerrada.

Se supone que una vez fuera del recinto estoy a salvo de los de seguridad, pero no. Resulta que su intención es seguirme persiguiendo a lo largo de las calles. Puedo zafarme de tres, cuatro, cinco, no entraña mucha dificultad, pero... van viniendo más y más perseguidores y más y más, se podrían contar hasta cientos, vienen corriendo de todas partes desde lejos y vienen acercándose velozmente hacia a mí. Hay que huir a toda leche, si me cogen la paliza entre tanta gente me dejaría medio muerto o muerto del todo, con bastante probabilidad. Empieza la enorme persecución por las calles aisladas y nocturnas de Madrid. Ahora todos mis perseguidores (yo la liebre atosigada) van vestidos de rojo, como un equipo deportivo o algo así. De repente me siguen todos en motos, unas motos extrañas, muy anchas, casi como si fueran un sidecar en una sola pieza, o como motos de agua, quizá con cuatro ruedas, motos-tanqueta. Y todas las motos son rojas, como sus jinetes fortachones. Aunque ahora me acosan en sus motos y yo voy a pie, no terminan de alcanzarme, aunque cada vez se aproximan más peligrosamente. Pero pasa un cosa curiosa, y es que sólo me pueden seguir por detrás (en vez de lo lógico, que me cercaran por todas partes), y esto se debe a no se qué regla. Como si fuera una regla de tráfico que no pueden quebrantar.

En una calle me encuentro con dos motoristas azules, están apostados en la acera, sentados sobre sus motos azules, pero con el motor detenido. Son de los míos y así se lo hago saber. Justo detrás de ellos hay una tercera moto, también azul, sin dueño. No hay problemas, como formo parte de los suyos, del equipo azul, no hay ningún problema en que me agencie la moto. (En realidad no soy de los suyos, pero deducen que pertenezco a su grupo al estar siendo perseguido por los rojos, o sea, su equipo rival). Agarro la moto azul, la moto-tanqueta y persisto en mi huida. Con la moto es difícil que me alcancen ya, siempre están equidistantes, siguiéndome, como el pelotón que sigue al ciclista que se ha desmarcado. Puede que nunca me cojan, pero nunca van a dejar de seguir mi estela, cientos de ellos, cientos de motos rojas, siguiendo la misma regla siempre de no poder darme caza más que viniendo desde atrás. Ya es de día y entiendo que esto no tiene fin. Hay que hacer algo. Veo una salida: si consigo atravesar el puente del río con la moto, salvando todos los obstáculos de mis enemigos allí apostados, estaré libre. En un viraje rápido y decidido la emprendo hacia el puente del río. Tendré que ir luchando con uno, esquivando a otro, atravesando como pequeños estanques de agua que hay sobre el puente, a brazo partido y sobre la moto, bloqueando a otro enemigo, salvando un nuevo escollo, trabajosamente, así hasta que parece que estoy llegando al otro extremo del puente...
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. Moustik Says:

    Vaya!!! ahora entiendo lo que me decías de las motos!! jajaja a ti te persiguen en tus sueños! pues es genial que sueñes tanto y tan colorista.

    Vespas, motos rojas... muy bueno!!!


  2. pepeworks Says:

    La verdad que soy el primer sorprendido con los sueños que tengo. Que si me pongo a echarle imaginación no le echo tanta, vamos.

    Últimamente, cada vez que me acuesto me digo: uy, uy, a ver qué sueño...

    Al final lo de los sueños se va a convertir en una intensa vida paralela...


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