Sueños (9): Chez Javier & Mi padre se hace taxista

fragmento de la obra Crisálida de hombre durmiente II, de la pintora Eva Román, retrato del autor - haz click sobre la imagen para ver el cuadro
Me voy a casa de mi amigo Javier Fernández Aracama, mi hermana se queda en casa. Iré en taxi, es de noche. Por el camino me escribiré dos poemas cojonudos. Más que recordar que los escribo, digamos que los he escrito, como de repente. LLego a casa de Javier. Estamos en su habitación, que resulta ser toda la azotea del edificio, con el cielo nocturno sobre nuestras cabezas. Javier agarra un libro de los que tiene diseminados por los extremos de la azotea, un libro al azar y me lee parte de su contenido, abriendo así mismo una página al azar. Creo que le leo uno de los poemas que acabo de escribir. El caso es que la conversación con Javier no me interesa mucho. En breve empezará el partido de fútbol de la Selección Española. Ahora estamos Javier y yo en la cocina, está la madre de Javier, uno de sus hermanos, parece que hay una vecina con la madre, de pronto me tiro un erupto medio tragado y acto seguido otro erupto, más sonoro. Nadie parece inmutarse, nadie debe haber oído mis regüeldos, pero no es así, el hermano de Javier (no sé si Santi o Mario) me hace una seña discreta de amonestación por mis eruptos. Va a empezar el partido. Estoy ansioso, llevo todo el día deseando ver el partido de la Selección. Pero resulta que Javier me da a entender, en el salón, su familia ante la tele, su padre repatingado en el sofá, que no es de agrado que me quede a ver el partido con ellos. Joder. Mierda, todo el día esperando el momento de que llegue el fútbol y ahora me veo en la calle, de noche, a toda prisa buscando un taxi para verlo en casa. Evidentemente me voy a perder una buena parte del partido y eso me jode.

Paso al lado de un bar donde están televisando el partido, todo arremolinado y apegotonado de gente viendo el partido. Me asomo desde fuera, acaba de haber un gol. De España. Se ve cómo entra la pelota por encima de la cabeza de Casillas. Entonces no, es un gol en propia meta... Pienso en quedarme en el bar a ver el partido, mientras tomo algo. Pero el partido ha empezado ya hace media hora, llevan unos cuantos goles, 3 a 1, o algo así. Parece que ganando España. O sea que me he perdido ya mucho. Pierdo inmediatamente el interés por el partido. Abandono el escaparate callejero del bar y sigo recorriendo la noche.

Como por aquí veo raro que pasen taxis, me dirijo a una calle principal a la caza de un taxi. Es curioso, aunque he desistido ya del partido, sigo teniendo la misma prisa en llegar a casa. Al final, en calle principal, la calle Maldonado, por ejemplo, me coge un taxi. Mira tú, el taxista es justo mi padre. Me sorprende verle de taxista. Me explica que está probando con el taxi, ya que su negocio no le da lo suficiente y se le va a quedar una jubilación muy pobre. Me lleva a casa por un largo camino, noche muy cerrada, ahora atravesamos una especie de puente levadizo larguísimo y estoy asustado porque no se ve nada, prácticamente nada. Mi padre pegado casi al parabrisas intentando ver algo y que no nos peguemos la hostia padre. Me sorprende cómo sin ver nada consigue hacer los giros justos para no tener un accidente. Veo a mi padre mayor, algo torpe. Ya estamos cerca de Atocha, respiro tranquilo, ya no nos la damos. Parece que ya es de día. Pero quizá sea sólo de día por un momento. Entonces el sueño empieza a sumirse en la amnesia, aunque pasan más cosas se van perdiendo como tragados lentamente por una enorme bruma. Sólo recuerdo el tener que hacer o estar haciendo algo relacionado con Martha con Hache, seguramente trabajo.
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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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