American Maricón: 1ª entrega: Un americano llega a las Fiestas del Orgullo Gay

1ª entrega de la novela American Maricón: Un americano llega a las Fiestas del Orgullo Gay
Tim, norteamericano según su pasaporte, tenía 18 años cuando aterrizó un sábado hacia las 11 de la noche en el barrio madrileño de Chueca en plena efervescencia de la fiesta del Orgullo Gay. Y resaltamos el hecho de que contaba 18 años, ya que si llega a tener 17 (o menos) podría meterse en problemas el autor o narrador de estos hechos al ser acusado de perversión de menores o cualquier otra gilipollez semejante. Tim por lo tanto sumaba sus 18 abriles (quede la cuestión zanjada) y se vino solito acompañado de sus maletas, tres para ser exactos, unas feas maletas llenas de cosas inservibles y pintorescas. Quería ver mundo, ignorando el chaval, que hay sitios mejores para ver mundo que el cacicorro provincianismo de Madrid, que tiene todo chiquitito (menos los miembros masculinos de algunos ciudadanos, claro está, cosa que Tim comprobaría rápidamente), nada de gigantescas plazas europeas, nada de avenidas donde cabe casi un tren (en sentido transversal).

Nuestro americanito no tenía ni papa de español, aunque sabía algo de italiano, más que nada palabras imprescindibles para los "actos" internacionales, ya que el verano pasado una profesora nativa de Nápoles se encaprichó de él en Marshfield y le enseñó su lengua mientras pormenorizada e insistentemente le metía la lengua. Se llamaba Rita, Rita Culicone, una mujer con unas robustas piernas de bailarina y llenas de pelusilla, piernas que parecían haber abominado de la depilación de por vida.

El por qué y el cómo llegó Tim a Chueca, todavía es un misterio. Parece ser que se dirigía al Museo del Prado, que por supuesto a esas horas estaba cerrado, pero Tim, como muchas otras cosas, lo ignoraba por completo. Se hizo con un plano en un kiosko cochambroso, que estaba a punto de desplomarse y de hecho lo hizo cuatro días después, en cuanto hubo un poco de temblor con un martillo mecánico en una obra cercana, aplastando con una imparable avalancha de revistas porno a una pobre anciana en plena fuga del asilo y también a unas cuantas hormigas sin importancia. Pero el plano que le vendieron a Tim no era de Madrid. Como le vieron cara de tonto o atontado, que a veces significa lo mismo, le vendieron el mapa más caro, un ingente mapa de toda la geografía China, un mapa realmente enorme, que para desdoblarlo entero hacían falta unos 100 metros cuadrados de espacio libre. Así que siguiendo las dobleces del mapa y siguiendo lo que creía que era el simbolito del Museo del Prado (un mezquino dibujito milimétrico de una casita con un tejado a dos aguas, algo que podría ser fácilmente interpretado como una caseta de perro), llegó tras muchas vueltas de peonza, al centro mismo de la plaza de Chueca.

Su asombro, cuando sus ojos vieron lo que vieron, fue mayúsculo. Una enorme baba boba se le empezó a escurrir por los finos labios al tener la boca más abierta que el culo de una foca. Aquello era una auténtica bacanal. Tíos semidesnudos y algo más que semidesnudos por todas partes, besándose, dándose cachetadas en los traseros, bebiendo como cosacos, fumando canutos de distintos tamaños y grosores, incluso alguno enchufándose unos extraños polvillos por la nariz en plan aspiradora de segunda mano, y se reían, cantaban, bailaban, exhibiendo glúteos, pectorales, tangas, orejitas de conejo, muñequeras de cuero con pinchos, pantalones tan ajustados que parecían haber sido sorbidos por el ojete... y había travelos miraras donde miraras, con las más estrambóticas vestimentas que imaginar se pudiera, fauna y flora de lo más cachondón de la noche.

Aquello era para verlo, y los ojos de Tim se estaban comiendo el espectáculo con patatas y sin respirar, adquiriendo su tez un color morado sospechoso. Claro que había gente vestida con normalidad y también había chicas, muchas chicas, participando del fiestorro, incluso podría parecer que algunas eran un poco guarrillas a juzgar por como vestían y lo facilonas que prometían ser. Sin embargo nuestro amigo estadounidense tardó un tiempo, unos seis minutos largos de un reloj que atrasa, en percatarse de todo el entorno. Y entonces nuestro guiri fue pasando de la más redonda y embebida estupefacción a una ilusa alegría, al principio algo borrosa, pero que en breve se iría transformando en una decidida y burbujeante euforia, hasta el punto de dar un gritito y un par de saltitos de gorrión empalmado.

Efectivamente, Tim tenía ante sus ojos la gran aventura que andaba buscando con el ansia cretina típica de los jovencitos más pardillos e inexpertos. Quería quedarse allí pasase lo que pasase, participando del jolgorio y la lujuria, y no le hubiera movido de allí ni un ciclón, tal era su obstinada determinación y su desenfrenado entusiasmo. Se olvidó del Museo del Prado y se metió en el primer local de copas que había a mano, a pimplar cualquier cosa para intentar integrarse en aquella alucinante y moderna Sodoma y Gamorra, osea las fiestas anuales madrileñas del Orgullo Gay.

[Continuará]
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!

Sueños (37): La fuga de Colditz

sueño La fuga de Colditz
Estamos de turismo en las inmediaciones de un castillo antiguo tipo normando o algo así. Ahora estamos alrededor de una piscina grande, donde en su fondo dormitan un montón de animales, pero ahora no recuerdo qué animales eran, digamos que enormes focas, o algo similar. Así, las focas duermen, todas debajo del agua, mientras yo asomo desde el bordillo a mi hijo de dos años, para que juegue con el agua, chapotee con el agua y vea las focas más de cerca, que al estar dormidas no hay peligro de ataque. Hay muchos turistas alrededor de la piscina. En un momento en que tengo a mi hijo en brazos y miro hacia otro lado, noto un pequeño tirón, y al volver la vista, descubro que mi hijo ya no está, ha desaparecido de mis brazos: ¡me lo han robado! Rápidamente corro a través de un vasto hall, y en seguida, localizo a un tipo sospechoso tipo bandolero que lleva un enorme mantón encima, un tipo oscuro, huraño. Le doy alcance rápido y efectivamente, debajo del mantón lleva unos cinco bebés, entre ellos está mi hijo y lo salvo de las garras del canalla.

Informo en secretaría de este tipo de raptos, pero el bonachón que me atiende se hace el longui, que no sabe nada, que no puede ser. Intento buscar policías para informar. Cuanto más investigo y a más escalo en las posiciones administrativas, descubro que están todos implicados en el hurto de niños. Noto que me he puesto demasiado en evidencia ante semejante maquinaria de malvados y malintencionados, así que por prudencia desmiento todo lo ocurrido, he debido equivocarme, tener un lapsus, un espejismo. Pero... ya es tarde, ahora el castillo turístico en el que nos encontramos se ha convertido en una prisión, no se puede salir, no interesa que salgamos y contemos el ambiente amoral y corrupto de por aquí.

Así que ahora el sueño entra en una fase de intentar escapar de la prisión, yo y mi familia (están mi padre, mi hermana, etcétera). Nos han asignado habitaciones-celda. Me asomo a un enorme ventanal, cercano a la habitación y veo que es facilísimo escapar: hay una serie de tejados escalonados que facilitan muchísimo la bajada, es casi como bajar unas anchas escaleras parecidas a una escalinata y el suelo está muy cerca. Lo más complicado es atravesar desde ahí el enorme patio hasta las verjas de la entrada (el resto del recinto está amurallado), podrían vernos fácilmente. Ése es el tramo complicado, ya que la puerta del castillo siempre está abierta, no hay problemas con eso. Habrá, aún así, que intentarlo. Hacemos planes nocturnos para escaparnos. Un compañero de habitación de mi padre o de un posible hermano se entera de nuestra intención de huir, nos ruega sollozando que pueda venir con nosotros. Hay que aceptar para que no se chive.

Preparamos en secreto petates, ropas, lo que nos queremos llevar en la fuga. Al fin iniciamos la bajada por el tejado, en grupo. La bajada se repite varias veces, como si el grupo familiar se hubiera multiplicado: baja un grupo, luego otro, luego otro y así sucesivamente, pero siempre el mismo grupo familiar. Y en cascada cada grupo va atravesando el patio y saliendo por la puerta y desperdigándose por una ciudad antigua vecina colindante. Pero nos han descubierto y aunque hemos salido del recinto amurallado, nos van atrapando después, hasta que me quedo yo solo.

Camuflado, entre extraños y posibles enemigos, vestido de pordiosero para despistar, busco una salida a esta ciudad semi-medieval. Ahora, y en otros momentos, me he convertido en muchacho. Buscando por esta ciudad no encuentro a los míos por ningún lado. Alguien me ayuda, subo una escalera de pared que no sé dónde me lleva...

Y en ese momento hay una vuelta atrás, como cuando en un videojuego hemos perdido y hacemos la trampa de volver a un punto anterior. Así que el fracaso de nuestra fuga es como si no hubiese ocurrido, como si lo vivido hubiese sido sólo una virtual posibilidad.

Tenemos otro intento y hemos aprendido de los errores anteriores. Como decíamos el tramo peligroso, insalvable, es salvar el grandísimo patio hasta la entrada sin que nos vean. Pensemos, calibremos. Y doy con la clave: Es fijar la casilla de salida. Es decir, igual que si se tratase de un juego de sobremesa, por ejemplo "La fuga de Colditz", podemos establecer, nada más bajar por el tejado, salir en una casilla algo más allá, lo más lejos posible, y encuentro la posibilidad de unas casillas justo al otro lado de la verja, ya fuera del recinto amurallado, con lo que nos evitaríamos tener que cruzar todo el patio hacia la salida. Es, desde luego, la solución, y la salvación.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!

Sueños (36): En el papel de Don Juan Tenorio

El Don Juan Tenorio en El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina
Encarno el papel de Don Juan Tenorio de El burlador de Sevilla y convidado de piedra. Hacemos una representación en un aula, sobre una tarima circular que se encuentra al lado de una puerta. Recuerdo vagamente una escena con dos chicas. Ninguno llevamos trajes de época, vamos vestidos normales, de calle. La verdad que no sé si se trata de un ensayo o de un trabajo de clase. Estaremos unos veinte actores. Antes de la representación hemos estado circulando y reuniéndonos en pequeños grupos, con intrigas, quizá un grupo hablando mal de alguien, también extraños juegos de seducción.

Ahora tras la representación (que ha sido bien corta, apenas unas dos escenas) estamos todos reunidos alrededor del director o profesor, que nos va a ir comentando a cada uno acerca de nuestra interpretación. Yo me muestro seguro y algo arrogante, un poco contagiado por el personaje de Don Juan. El director o profesor parece ser argentino. Todos formamos un enorme semi-círculo a su alrededor. Está dando notas, apoyado sobre la parte delantera de una mesa, a un par de actrices. Enseguida pasa a comentar mi Don Juan. Como estoy sentado en el suelo en un extremo, temo que no me vea, así que me acerco. La verdad que no espero que me diga nada importante o interesante, pero me sorprendo muy gratamente, tiene mucha agudeza y finura este hombre, con su hablar pausado y seguro (debe frisar la treintena). Me indica que el Don Juan que he hecho permanece algo pasivo con respecto a la acción, como si las cosas le vinieran y fuera un mero espectador de los acontecimientos, y no ha de ser así. Efectivamente, explico, por instinto pensé que la actuación debería ir por esa dirección, pero una vocecilla interior me dijo que debía hacer todo lo contrario: ser el protagonista de la acción, llevar la acción y manipular al resto de personajes, pero como protagonista desapercibido, no ha de ir él a por los demás, sino que vengan hacia él, pero es él quien a través del lazo del imán de su personalidad, atrae a los demás hacia sí.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!

Sueños (35): La Marquesa, los disfraces y Yoana

soñando con Lucrecia, La Marquesa de Santillana de Águila Roja + avatares con gente disfrazada + amorío con Yoana
Me convierto en el favorito de la Marquesa de Santillana de Águila Roja. Aunque se trata de la serie y de los personajes, es más de una manera difusa o simbólica, sin ser exactamente ellos o parecérseles mucho. El que sería el comisario, dolido pero resignado, me avisará de los cambios de humor de la marquesa, y efectivamente, de repente se muestra algo desabrida conmigo. Estamos ante una mesa larga de madera, llena de cachivaches, mesa de salón o cocina, yo estoy sentado a la izquierda, haciendo cierta actividad con una pantalla pequeña de ordenador, la marquesa se sienta en el centro, con otra actividad semejante, y a su derecha estaría el simbólico comisario. La marquesa y yo nos estorbamos en nuestros quehaceres, ya que lo que estoy usando está en diagonal, al otro lado de la marquesa. Y es cuando se pone borde conmigo, y me obliga a cambiar de sitio. A todo esto tengo que hacer un recado, un encargo o algo que he de preparar, creo que algo que cocino. Que es la excusa para largarme, he perdido el interés en la marquesa. Me las piro, entre soportales.

Llega una segunda parte del sueño, ya distinta. Voy por la calle y veo a un tipo disfrazado, como de vikingo (al principio soy yo ese personaje, pero inmediatamente le veo desde lejos, como testigo). El disfrazado va a cruzar la calle de más allá, cuando aparece otro grupo de unos cinco o seis tipos disfrazados. Digamos que van vestidos de rockers. Los rockers ven al vikingo y en plan tribus urbanas se disponen a perseguirlo para darle alcance y propinarle una paliza. Están ya cerca de él, cuando al doblar una esquina surgen tres colegas vikingos del persguido. (Los disfraces son muy llamativos y llenos de colorido, como de arlequines o bufones). Comienza una pelea entre las dos bandas enemigas. Es curioso, parecían muy violentos y peligrosos, sobre todo los rockers, pero al comenzar a zurrarse, resulta que se pegan "en blando", sin mucha fuerza, como si fuesen muñecos de trapo. Lo que me hace intervenir y reparto algunas hostias más o menos contundentes a los rockers.

Y de aquí pasamos a una tercera parte. Ahora, en una enorme plaza o un espacio similar, nos encontramos un montón de equipos (unos 15, unos 16). Cada equipo lleva disfraces diferentes y están equidistantes unos de otros, en plan sentada. Yo me encuentro en un grupo al extremo, al lado de una pared, pero el grupo al que me adherido no va disfrazado. Ahí está Yoana, con la que recupero un "antiguo" affair romántico. Cada vez me voy acercando más a ella. Ella parece esperar mi cercanía. Da comienzo un flirteo por ambas partes que nos lleva a aproximarnos sentimentalmente. Ahora la cojo con delicadeza, arriesgando, y la siento encima de mí. Y accede sin darle importancia. Su culo, a través de sus pantalones vaqueros, sobre mi bragueta, esto me gusta y agrada mucho. Palpitan nuestros aparatos genitales de cuando en cuando, mi pene y su vagina. Hablamos como si nada, pero cada vez más amantes. Le recuerdo cuando hace años me indicaron que escribiese en una lista las chicas que me gustaban (hablamos de la época del instituto) y yo les di un listado con más de veinte tías. Y le recuerdo, que ella, Yoana, estaba la segunda de la lista, detrás de Patricia. Lo recuerda perfectamente. Yo me pregunto qué será de aquélla lista. Y Yoana me explica, con cierto rubor, que esa lista la tiene ahora... su hijo...

Algo después aventuro unos besos y caricias por el cuello de Yoana. Ella accede, pero de nuevo sin darle la más mínima importancia, como si fuera la brisa la que juega con su cuello. Surje otra tipa que se sienta a nuestro lado y por un momento ambas son iguales, dos Yoanas, y yo me despisto bastante, pero no, sólo hay una, la que está a mi izquierda, esa es la auténtica Yoana, y de pronto me sorprendo de haberlas confundido, porque no se parecen en casi nada. Y sigo, más ávido, aunque aparentemente poco apasionado, besándola en el cuello. Y doy alguna explicación por si se piensa que estoy siendo algo frío en mis amorosos "desmanes consentidos"...
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...