Sueños (58): Una misión, sexo placentero y el casting

el sueño de la misión futurista, sexo con asiáticas sexys en lencería y la llamada telefónica del casting
El sueño se divide en tres etapas o sueños. En el primero tengo que realizar una importante misión. Lo malo es que la mayor parte del sueño de la misión se me ha olvidado al despertarme, una pena porque estaba lleno de detalles y situaciones curiosas y algo surrealistas. Los ambientes eran muy futuristas, quizá industriales, con pasillos o líneas discontínuas que acababan siendo un solo pasillo o línea. Tenía que cumplir un recorrido que acababa con una ascensión como de protones, pero que luego acababa subiendo a través de una larguísima rampa. Una voz femenina en off me iba indicando mis siguientes pasos y mis avances. Al parecer resolvía la difícil misión (con tintes de película de ciencia ficción) con éxito. Lo cual conllevaba un premio por haber realizado satisfactoriamente mi hazaña. El premio consistirá en un premio sexual, y así entramos en la segunda parte del sueño.

Tengo ante mí, en una sala enorme y probablemente lujosa, una inmensa cama donde yacen unas quince asiáticas en lencería muy sugerente y excitante. Curiosamente están como repetidas, es decir que varias tienen la misma cara, con lo cual son las mismas varias veces. Tendré que elegir a una. Iré tanteándolas, tocándolas, magreándolas ligeramente, probando. Están todas muy buenas. Terminaré eligiendo a una de cabello negro que está cerca del centro de esta especie de "cama redonda". Es de las menos guapas (aunque son muy parecidas), pero quizá me decanto por su vestido de minifalda -como un camisón- de aspecto tenue, como de seda, y de color azul intenso, ni claro, ni oscuro del todo, y también ayudan en mi elección unas preciosas y equilibradas piernas embutidas en unas exquisitas medias negras. Una vez tengo la chica elegida y comienzo a tantearla, como por arte de magia desaparecen todas las demás, la cama adquiere unas proporciones más normales, y casi inmediatamente la chica asiática se convierte en Eva.

Tendremos un prolongado y placentero juego de caricias y sexo masturbatorio. Pero querré más, y ahora se la meteré desde atrás, ella bocabajo. Cuando ya no puedo aguantar más, la saco y tengo una enorme eyaculación que se vierte sobre su ropa y principalmente, con grandes borbotones de semen, sobre su cara. Ella se ríe ante semejante aluvión. Y de pronto hay unos cuantos espectadores a nuestras espaldas, alrededor de la puerta de la habitación, presenciando la corrida. Y yo que sigo erecto, muy erecto.

Y pasamos a la tercera parte del sueño, que se desarrolla después y de manera independiente, según parece. Estoy en casa, atendiendo a mis asuntos laborales de diseño. La casa es bien grande, con salas muy espaciosas, muchos metros cuadrados (teniendo una semejanza con la casa de mis tíos de Canarias). Recibo una llamada telefónica. Se trata de una agente o representante, que frisa la cincuentena y que por asociación llamaremos Enia. Resulta que me han cogido de un casting que hice hace tiempo. Enia me dice que les gustó mucho la gorra que me puse. Recuerdo que el casting sólo consistió en entregar una foto y traigo a la memoria la foto que dejé: con ropa curiosa y llamativa y una gorra singular sobre la cabeza. Sólo con la foto ha bastado para que me elijan directamente, no hay que hacer un siguiente casting, según confirmo preguntándole a Enia.

La verdad que me apetece mucho retomar mi trabajo de actor. En una hoja o libreta voy apuntando los datos que Enia me facilita: día, hora, dirección (genial, el sitio de rodaje está relativamente cerca según creo y no es un "entorno hostil"). Le voy preguntando más detalles a Enia, pero resulta que empiezo a no oírla prácticamente. A mi alrededor ha ido creciendo el ruido considerablemente. Sin ir más lejos, Eva, muy sonriente, está batiendo unos huevos para hacer una tortilla justo a mi lado, en la habitación. Con señas le digo que no oigo, que se marche. Pero los ruidos siguen en aumento, apenas puedo enterarme de lo que me dice Enia. Voy cambiando de salas y habitaciones, a ver si así logro escuchar con nitidez, pero nada, vaya donde vaya persiste el ruido, un ruido como si estuviéramos en la calle. Y Enia que cada vez parece hablar más bajito por mucho que le indique que no la oigo, que hable más alto.
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Sueños (57): Discusiones con Eva

sueño que discuto con Eva con el tono elevado y esto amenaza con una ruptura definitiva
Sueño que tengo fuertes discusiones con Eva, bastante subidas de tono y que irán en aumento. Al final todos los intentos de entendernos (de que se me entienda) están cada vez más lejos. La misma dinámica de la discusión que aumenta en espiral a cada momento hace cada vez más difícil el entendimiento. Intento conciliar de alguna manera, pero cada vez es más imposible. Hasta el punto, que me llena de espanto, de producirse una ruptura: Eva se va y se lleva con ella a Amador, mi chiquitín. Eva ha desaparecido. Cabe la opción de que Eva recapacite, pero, a juzgar por su profunda irritación, lo más propable es que se trate de una ruptura definitiva. Y en este sentido cuanto más tiempo pase peor. Así que en una segunda fase del sueño me encontraré buscándola por un enorme edificio con múltiples galerías y que abajo, en el sótano, tiene una discoteca en plena efervescencia de gente y con la música bien alta. Por la discoteca está Plácido y creo que otros compañeros del Colegio Alemán. Aunque me distraiga o intenten distraerme en este tentador ambiente, no puedo dejar de pensar en Eva y arreglar las cosas cuanto antes, así que me iré moviendo de aquí para allá, quizá también por otros espacios, siempre nervioso y angustiado.
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Sueños (56): Visita inesperada de dos clientes y el polo rojo de Lacoste

sueño del polo de Lacoste rojo y la visita inesperada de dos clientes para tratar de su página web de una tienda de antigüedades
Se presentan en casa, sin previo aviso, dos clientes, Natalia P. y Emeterio, para seguir hablando sobre el tema de su página web para su tienda de antigüedades. Si sacrificamos diseño para que a partir de una plataforma x puedan ellos manejar los contenidos o si, al contrario, le damos potencia al diseño, pero tendría que encargarme yo de los futuros cambios. Saludan creo que a mi madre. El caso es que al aparecer así, de sopetón, dentro de la casa, Natalia me ve en la puerta de mi habitación y me sorprende en calzoncillos, mis "clásicos" calzoncillos semi-largos de un azul algo desteñido de tantos lavados. Natalia se queda algo patidifusa y me deja solo. (Mi habitación encaja espacialmente de alguna manera con mi pasada habitación de Alcorcón). Rápidamente rebusco entre un montón de ropa apilada algo decente que ponerme. Ya lo tengo decidido: el polo de Lacoste rojo. Pero no sé qué pasa que al ponérmelo por encima de la cabeza se me atasca y me quedo así, atrapado por el polo y sin que llegue a bajar. Forcejeando un rato nervioso parece que al fin consigo bajar el dichoso polo y sacar la cabeza a flote.
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Sueños (55): Mi primo y algunos famosos

Sueño a trompicones. Debe ser que me despierto (o me medio despierto) varias veces y vuelvo a dormirme, cambiando el sueño de dirección, escenario, personajes, etcétera. Lo que recuerdo son prácticamente esbozos sueltos, así que eso es lo que mostraré, pedazos cubistas, más o menos incoherentes, esos pequeños trozos sueltos rescatados del olvido de la vigilia.

Sí hay una parte predominante en que mi primo Chenchu es el principal protagonista y todo gira en torno a él. Estamos en una habitación, conmigo mi hermana y otros familiares, ha muerto mi tío, el padre de Chenchu. Nos dicen que si nos concentramos en un ser querido desaparecido, en esta habitación en penumbra (ambiente solemne de velatorio), se llora. Lo probamos y es cierto, lloramos. Ahora mi primo haciendo de malévolo jefe de pandilla juvenil, proponiéndose auténticas perrerías, algunas muy cabronas, casi al margen de la ley. Camino por calles con él y su pandilla, que son auténticos especímenes super-pijos. Es posible que mi tío le reprenda. La gran mansión en la que vive mi primo. Parece ser que nos quedamos a dormir y ahora nos hemos despertado en una lujosa habitación con unas ocho camas. También creo que regreso (o voy a otro lado) con mi madre en coche, de noche.

Estoy escribiendo el sueño que ya me está llevando unas siete u ocho páginas, concentrándome para no perder detalle. Lo estoy escribiendo en un parque o apoyado sobre un murete. A mi lado, medio ignorándome, medio integrándome, llega Dani Ortiz con un grupo de varios pijos. Discutiendo una noticia en el periódico, o algo semejante. Se habla de José Mercé. Yo digo que le vi en conciertos hace veinte años, hablo de él. Ahora estamos en un aula, varios sentados y uno gordo se pone a cantar una canción de flamenco, yo tarareo, algo aburrido, haciendo ver que me sé la canción. En otro entorno la cosa ahora va de famosos, hablamos con uno, el tema es lo imprevisiblemente que se mueren los famosos. Veo que ha hecho un comentario Joaquín Sabina. Y le digo algo como: "Sabina, no sé de qué te quejas, anda que de la que has salido tú...". Y se explica, y dice que sí, que efectivemente, que casi no lo cuenta, pero que lo fue dejando gradualmente (las adicciones y la mala vida).

Ahora Imanol Arias, en su personaje de Cuéntame y quizá como trasunto mío, está ante la barra de un bar, pegado a un policía (tipo sheriff) que habla sobre un crimen y cómo, si lo hubieran perpetrado asesinos, estarían ya acabados, lo cual demuestra que se trata de alguien "normal". Imanol Arias, algo temeroso y preocupado, disimula, ya que ha sido él.
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Sueños (54): Sesión de magia con mi suegra y reuniones diversas en casa

sueños de la sesión de magia en la cripta mágica con mi suegra Obdulia y de las diversas reuniones en casa con distintas combinaciones de guardarropía (fragmento de fotografía de Vanesantillana)
Esta vez hablamos de dos sueños distintos. En el primer sueño estoy en la cabina de la cripta mágica, pensando lo bien que se ve la actuación de magia desde aquí. Estoy como espectador, no como trabajador. En el escenario hay un mago alto, corpulento y moreno, con una cara grande, atractiva y algo indígena. De entre el público solicita la presencia en el escenario, junto a él, para un juego, de mi suegra Obdulia. La mujer, con rubor, se acerca al mago, caminando algo tímida entre el público, a través de la penumbra propia del espectáculo. Ya en el escenario, Obdulia reclama a su hija Eva, para que le dé ánimos. Eva aparece de detrás del escenario y le da un beso. Ahora Obdulia con algo de ansiedad, temiendo que no esté, reclama la atención y apoyo de su otra hija, María José. Que viene desde el fondo del público para satisfacer el anhelo de su madre.

Acto seguido estamos muchos espectadores en el mismísimo escenario, formando un estrecho círculo en torno al mago y Obdulia. Sorprendidos oímos una canción. Es Obdulia, que emocionada entona una canción antigua en tono grave y sentido, dedicada al mago, que está a dos palmos de ella. Se crea un momento mágico y expectante en que todo el público nos callamos ceremoniosamente, escuchando la inspirada canción de Obdulia. El mago parece profundamente agradecido y emocionado, ha detenido su actuación para dejar que impregne el aire la canción de Obdulia. Ahora la coge en brazos, levantándola en vilo. Suena alguna risa simpática del público ante lo inesperado. Y ahí termina el sueño porque Eva me ha despertado para coger algo de la habitación.

Vuelvo a dormirme, al rato. Y llega el segundo sueño. Ahora estamos Eva y yo en casa. Una casa más grande y espaciosa. Esperamos la visita de Andrés Cuenca, que en breve hará su aparición. El caso es que estamos algo liados y dejamos un poco abandonado a Andrés. Eva trastea en la cocina y yo, entre somnoliento y resacoso, trajino en una habitación, intentando darme prisa en terminar lo que estoy haciendo para no dejar solo a Andrés, que está tumbado en un sofá-cama, viendo la televisión. Es domingo. Para cuando termino y me dispongo a hacer compañía y dar conversación a Andrés, este se ha dormido profundamente. Intentamos despertarlo pero no hay manera. Le recolocamos en el sofá. Por un momento se despierta algo, abre los ojos, pero vuelve a caer con todo el peso del sopor. Curiosamente Andrés se ha transformado físicamente en Nacho Guerreros. Finalmente se despertará, pero al poco vendrá su pareja a recogerle y se marchará.

Ahora hay mucha más gente en nuestra casa, diseminados por las distintas habitaciones y estancias. Yo ando algo atareado con el hecho de vestirme más decentemente. Mi armario de la ropa está en la terraza. Ahí me pondré unos pantalones de vestir y un polo y encima una camisa. Participo en alguna que otra conversación, pero no termino de estar cómodo con la ropa o sentirme elegante o presentable, así que haré más visitas al armario de la terraza, probando otras combinaciones y haciéndome un lío con lo que me he puesto y lo que me iba a poner y con lo que no termino de encontrar en el armario (un armario marrón, avejentado, como el que tuve en la corrala). Eva, al menos, está haciendo de feliz anfitriona.

Ahora estoy buscando una camiseta naranja de manga larga, elegante, quizá la que era de Valentín, pero no la hallo en los cajones. Definitivamente la encuentro, colgada entre múltiples y apretujadas perchas con ropa, en un falso fondo del armario que desconocía, tras una delgada tabla.

En la puerta de la calle está Raquel Meroño, que acaba de llegar y está despidiendo a alguien que se está yendo por la caja de escaleras. Eva lo nota, pero yo no: Efectivamente, Raquel está embarazada de unos tres meses. Esto del embarazo debe afectarle por suponer una interrupción en el trabajo. Una actriz morena y famosa le explica lo que supone, de cara al trabajo, el estar en estado. Durante un año no trabajarás, pero luego, al retomar, te pagarán un incentivo por los meses no trabajados.

De nuevo estoy ante el armario, probando otras combinaciones. La terraza se ha convertido en una espaciosa habitación. Conmigo está Nacho. No sé qué hago, pero al vestirme, no me he vestido y estoy con el torso desnudo, y algo similar sucede con los pantalones, a medio poner. Al parecer me he paseado así, desnudo de cintura para arriba sin darme cuenta, creyendo que iba vestido, pero nadie ha notado nada. Al verme semi desnudo Nacho se excita bastante, alabando mi físico.

Por último me asomo un momento desde la terraza (la habitación vuelve a ser la terraza) y Eva está en el sofá del salón, rodeada de atentos y enternecidos invitados, contando emocionada y con lágrimas en los ojos, cuando nos conocimos y empezamos a salir. Algo pudoroso, me interno de nuevo a pelearme con mi armario y las posibilidades de vestimenta, dispuesto también a escuchar, algo escondido y halagado, lo que Eva dice de nuestro amor.
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Sueños (53): El concurso de las figuritas

las cosas que sueño: El concurso de las figuritas, peripecias, aventuras y cuentos de terror
Me asocio con dos colegas, uno algo gordo (que llamaremos Romero, por asociación) y otro delgado, moreno y bastante vivo (que llamaremos Héctor Koala, por asociación), para participar en un concurso que tiene que ver con miniaturas, figuritas o esculturillas. El caso es que por lo visto tenemos que desplazarnos a Andalucía y lo haremos en un santiamén, seguramente en coche. Todo el resto del sueño transcurrirá en Andalucía, pues, pero estará, yendo en coche, a la misma distancia, más o menos, de Toledo. En teoría tendremos que estar un par de días por el sur para hacer enorme acopio de múltiples figuritas con las que haremos una escultura general o una instalación o algo así. Nos abastacemos de innumerables esculturas pequeñas de distintos materiales, más de doscientas.

A vista de pájaro, vemos unas salas comunicadas donde hay una especie de museo de muchísimas figuritas colgadas en la pared, sonbre mesas, sobre repisas, en una especie de horror vacui sin casi espacios libres. Escondidos, en plan videojuego, hay múltiples guerreros (parecidos a Darth Vader), quietos y expectantes, esperando entrar en acción y atacarnos en cuanto entremos.

El caso es que las cosas se atrasan y ya llevamos una semana por Andalucía. Yo estoy en una casa, esperando a que vuelva mi madre, que ha ido con mi hermana a la peluquería, para que en coche me lleve a Madrid. Mi madre me dijo que vendría en unos diez minutos, pero empieza a retrasarse. Me pongo nervioso. Llegará en unos 45 minutos. ¡¡Resulta que al final ha esperado a que terminaran con mi hermana!! Me enfado. En un periquete, sin ton ni son, mi madre y mi hermana desaparecen de la escena.

Ahora resulta que mis colegas empiezan a echarse atrás con lo del concurso, dan largas y "me han traicionado", sin decirme nada y han regresado a Madrid hace tiempo, sin que yo lo supiera. Hablo con Romero por teléfono sobre el asunto. Ahora me encuentro con Héctor en su tienda, donde vende materiales y género para cosas de gimnasio o algo así. Aunque la tienda irá cambiando un par de veces de género. Tendrá en otro momento las paredes azules. Estamos viendo qué hacer al final con la decoración de la tienda que él me había encargado. No sabe lo que quiere. Me señala unos pósters de adorno confeccionados con múltiples fotos tipo collage, habría que rehacerlos. Le pregunto si prefiere una composición tipo "abigarrada" o algo más limpio. No lo tiene claro, aunque todos los indicios y sus gustos me hablan de decoracines sencillas y limpias. Al final no habrá acuerdo, no sabe lo que quiere y en el fondo le gusta la tienda como está. Para calmarle le pondré otro ejemplo que me pasó con un cliente, que al final no quería hacer cambios, pero se sentía comprometido y me encargaba tonterías, y terminé por decirle, con gran alivio para él, que no se preocupase, que si no lo veía claro que no me encargase nada. Ya hora lo mismo. De todas formas, explico, yo no soy decorador...

De nuevo en la misma casa estamos esperando la llegada de María de la tienda bedeene, que nos va a llevar en coche hasta Madrid. Llega con su hija, casi con puntualidad, pero se enfada al ver que todavía no estamos listos, ya que todavía estamos decidiendo qué hacer con las figuritas, si llevárnoslas o no. María coge y se va, con su hija, dice que va a una tienda a comprar algo y que volverá en media hora para recogernos, y se va sin más, aunque insistimos en que se quede aguardándonos.

Definitivamente mis dos colegas se rajan, no siguen con nuestro proyecto de escultura de miniaturas para el concurso. Mira que me lo esperaba y lo sabía... Y se lo digo a alguien: que al principio de asociarnos con ellos me dije: como me fallen les mato. En fin. En una semana ya han perdido todo el interés, también por falta de tiempo.

Termino llegando a un acuerdo con Héctor. Las figuritas se quedarán en su tienda, ya veremos qué hacemos con ellas. Y nos disponemos a regresar a Madrid. Luego pensaré, cuando ya es tarde, que tendría que haberme quedado con las esculturillas yo, metiéndolas en un par de grandes bolsas blancas, y hacer algo con ellas, quizá se me ocurriera algo rápido e ingenioso para presentarlas al concurso. Pero no estuve avispado y las miniaturas se han quedado en la tienda de Héctor.

Regresando los tres hacia Madrid, pero en vez de en coche, atravesamos múltiples callejones y salas enlazadas unas con otras. Soy yo quien va delante, tomando la iniciativa y marcando el camino. En los primeros espacios que atravesamos vemos niños, algo descuidados, sucios, algo miserables, como de barrio de clase muy baja. Ahora las salas que vamos cruzando son iglesias nada ostentosas, sin decoración apenas, prácticamente una nave de paredes blancas sin adornos, más síntomas de que estamos atravesando un barrio muy pobre. En una de estas iglesias hay una serie de feligreses en plena liturgia. Procuramos salir llamando la atención lo menos posible. La cosecución de varias iglesias de este tipo, una tras otra, que se van sucediendo en nuestro regreso, me pone sobre la pista, y así se lo hago saber a mis dos colegas, que "cuando hay tanta iglesia es que hay mucha delincuencia". Así que tendremos que ir con mucho cuidadito.

Ahora estamos bajando las escaleras de un inmueble desde un sexto piso, adonde hemos llegado tras seguir la secuencia "lógica" de iglesias. Cada tramo de escaleras, cada descansillo, nos va ofreciendo sorpresas de lo que nos estábamos temiendo: un barrio conflictivo, con delincuencia, miseria, mendigos, drogas, un barrio muy deprimido (o ciudad) del sur. Así nos vamos topando, según bajamos, con un mendigo durmiendo de aspecto peligroso, un saco sospechoso, un bulto indefinible como si fuera un muñón humano, quizá algún cadáver, algo que parece un trozo de momia. En definitiva figuras y personas que están o inertes o dormidas, con lo que avanzamos con muchísima cautela y silencio.

Llegamos a la planta baja o portal, un espacio medio en ruinas, lleno de extraños objetos indefinibles y donde aquí y allá hay malhechores tendidos, durmiendo, tapados o medio tapados con raídas mantas polvorientas. Ahora sí que caminamos con exagerado sigilo. Poco antes de llegar a la puerta yacen dos malvados más, dormitando, ¡¡uno de ellos tiene el mismo rostro que el monstruo de Frankenstein!! Sigo siempre el primero, guiando a los colegas. Estamos a punto alcanzar la puerta de la calle sin percances, pero, está complicado pasar entre tantos bártulos y a dos metros de la puerta, choco con algo que cae al suelo y arma un buen estrépito, lo que provoca la terrible amenaza de haber despertado a estos infernales seres, que ya se están levantando y no podemos augurar nada bueno...
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Sueños (52): Perseguido por los conversos del abrazo

sueño: persecución en la ciudad por los conversos manipulados del abrazo
Sueño extraño en el que seré constantemente perseguido. Los perseguidores serán aquellos que de una indescifrable manera han sido manipulados secretamente. Se les duerme mediante el contacto prolongado, tipo abrazo, de los que ya han sido manipulados. Una vez dormidos se les somete a no sé qué oscura operación, de tal manera que son convertidos en otra cosa, aunque mantienen la misma apariencia sin que haya asomo del secreto tratamiento. Algo así como si les instalaran un microchip o les rectificaran y modificaran la personalidad o algo así. El que ha sido convertido, pues, puede dormir a otros para que sean convertidos. Y estos son los que me persiguen para convertirme. Entre ellos algunos compañeros del colegio y el instituto como Lorenzo o Ricardo. Cada vez serán más los convertidos y así, más los perseguidores. En principio se encuentran felices y satisfechos con la conversión y hacen un proselitismo imparable intentando abrazarte de manera amable.

No seré el único perseguido, habrá más, algunos conocidos, pero poco a poco irán sucumbiendo y esos mismos se convertirán también en mis perseguidores, intentando convencerme a que sea integrado en su siniestro grupo. Se suceden diversas situaciones, como una en que me encuentro acorralado en un piso y mediante lucha consigo lanzar a unos cuatro o cinco por la terraza (al principio tenía reparos en hacerles daño por tratarse de amigos y conocidos, pero termino entendiendo que ya no son "ellos"). Los que he arrojado al vacío, han quedado enganchados unos a otros, sin caer, asiéndose entre ellos y a la barandilla. Para escapar tendría que saltar desde la terraza al tejado del edificio de enfrente, pero está demasiado lejos. Sin embargo, como por arte de magia, logro alcanzar el tejado vecino y logro escabullirme.

Cada vez que me zafo y despisto a mis acosadores, no tardando mucho vuelven a localizarme y perseguirme por las calles. A veces tendré que distinguir seriamente si con el que estoy hablando es como yo o ya ha sido abducido. Al final, si resultan demasiado amables e intentan abrazarme prolongadamente, está claro que son del enemigo...

En otro momento huyo saliendo de un portal y dejando escondida entre setos a una chica (quizá una antigua compañera de clase) para salvarla de la conversión. Pero ella delatará su escondite, tirando la toalla y desistiendo de la huida, entregándose a los perseguidores y su nueva "religión". Me encontraré con otros en mi misma tesitura, que también huyen. En un momento dado me desdoblo en dos perseguidos, hasta que el otro es cogido.

En otro momento seré atacado por cientos de los conversos que se han transformado en murciélagos, como si fuesen vampiros. En otro momento habrá tiroteos por las calles, yo mismo mataré a unos cuantos de los que me acosan. En otro momento seremos asaltados en un coche y lograremos escapar. En otro momento en que estoy perfectamente acorralado y a punto de caer en sus abrazos, daré un discurso a modo de defensa, alegando mi más absoluto derecho humano a permancer como estoy y no ser convertido. Estaré muy elocuente, magnífico, histórico, y en primera instancia consigo aplacarles. En apariencia les he convencido para que me dejen en paz. Pero... no, en breve volverán a las andadas y me tocará proseguir mi interminable escapada.

Termino huyendo de la ciudad en un deportivo negro, a toda velocidad, en plena noche, por una ancha autopista.
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Mermodindat (3)

Decir o suponer o imaginar o recordar (o inventar) cuando las referencias se pierden en un lavado de viciada memoria, en un desquite de los anclajes de la realidad, en una mansa, hiriente, estancada, falta de apoyos sensoriales que establezcan un tiempo / espacio acotado, mensurable y cierto. Y así la recostrucción del pasado, de un pasado, pierde sus piezas que encajan y ante el puzzle roto encontramos, como diplodocus que nos pisa desparramándonos en un zumo de infranqueables posibilidades, una doble consecuencia: la LIBERTAD ácida de permanecer flotando sin raíces y la LOCURA eterna de vivir en la más estricta atemporalidad.

Porque cuando vine a encerrarme (por una apuesta según digo supongo imagino recuerdo ¿invento?) entre un castillo conformado con estructuras infinitamente crecientes de libros apilados sobre libros apilados, como sudario paginado de una entelequia intelectualmente perversa, sin posibilidad de transitar el exterior, al igual que acolchados astronautas en su cápsula recorriendo las tripas y esfinges del cosmos (¡cómo somos!), embalsamado, atemporal, circunscrito, elegiaco, sepultado, vine a traerme todo lo necesario para semejante supervivencia, todo lo necesario repito, excepto un pequeño detalle, algo cotidiano que de tan presente pasa desapercibido, que de tan tiránico ya nos resulta tan invisible como insoslayable...

Esos aparatitos de diversa forma y funcionamiento con un destino y objetivo común: decirnos qué hora es, qué día es. No ya relojes de pared, de mano, de pulsera, despertadores, relojes de cuco, de arena, digitales, de cuerda, de sol, cronómetros, si no que tampoco una televisión, una radio, la periodicidad entintada de un periódico, la suscripción a una revista con su puntual entrega, o ni siquiera el reloj en la torre de una iglesia que se dejase observar desde cualquiera de las ventanas de mi confinamiento exacerbado, ni por supuesto el teléfono fijo o móvil para llamar, oír una voz al otro lado del agujero temporal y preguntar: ¿¿¿qué maldita hora es???, ¿¿¿qué MALDITO día es???
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Sueños (51): Salgo de titular con la Selección Española de fútbol y meto cuatro goles

sueño que salgo de titular con la Selección Española de fútbol y que meto cuatro goles
Nos encontramos ante un partido oficial de la Selección Española de fútbol. El entrenador, contra todo pronóstico, sacará a todos los suplentes como alineación, todos ellos suplentes desconocidos, entre los que estoy yo, que jugaré en la posición de central, creo que en el puesto de Pujol. En un momento dado estaré al lado de Piqué. El campo de fútbol es más similar en dimensiones al de fúbol sala. A poco de empezar el partido meto un golazo por la escuadra. Y no tardando mucho encasquetaré otro golazo, también por la escuadra. Estaremos sublimes y llego a meter otros dos goles más. Los suplentes hemos hecho un partidazo. Ahora camino junto al entrenador, muy amigables, hablando de futuros proyectos. En el vestuario, rodeado de mis ídolos, tengo problemillas con Xavi y otro jugador con pinta de bruto, que me agreden, sintiéndose desplazados. Pero me zafaré hábilmente. Tras el incidente explico a todos que sólo he jugado este partido de manera ocasional, que ellos son mucho mejores, son unos auténticos cracks y yo soy su fan número uno, que además ya tengo cuarenta años y estoy mayorcito para estas cosas, y que de jovencito, cuando me lo tomé en serio, llegué a ser un gran defensa, siempre adivinaba las intenciones del delantero y siempre conseguía despejar el peligro de nuestra portería.
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Sueños (50): La pesadilla de los sudokus

la pesadilla del sudoku imposible entre fiebre y sudores fríos
Entre muchos sudores y fríos destemplamientos, cambiando mil veces de postura, y con la sensación de no dormir nada en absoluto y estar despertándome a cada rato, sueño obsesivamente con la resolución de un sudoku (uno o varios, pero puede que se trate siempre del mismo). Una y otra vez los números no encajan, produciéndose en la misma cuadrícula la repetición de un dígito, por ejemplo el 5. Mirando diagonales, transversales, una y otra vez, volviendo a encajar los números y de nuevo suceden cosas imposibles. Se borran los dígitos erróneos y vuelta a empezar. Para llegar a los mismo errores. ¡No puede ser! Pero es. Todo vivido con incesante angustia, acrecentada por el estado febril en que me encuentro durmiendo. Me despertaré a las cinco horas, bañado en sudor frío, después de haber casi delirado, sin la solución al enigma del sudoku. 
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Sueños (49): La cosa va de cuernos

fragmento de la obra Crisálida de hombre durmiente II, de la pintora Eva Román, retrato del autor - haz click sobre la imagen para ver el cuadro
Eva me despierta diciéndome que se lleva a nuestro hijo al hospital, que tiene fiebre alta. El corazón por el susto me da fuertes latidos. Vuelvo a dormirme con la intención e intento de volver a dormirme. Me costará. El equipo de música hace cosas muy raras, con los botones en rojo encendidos, como si estuviera grabando algo. Aprieto botones y no se quita. Al final lo soluciono con el mando a distancia. Parece que cabreado y entre otras vicisitudes consigo dormirme al final. Aparece Javier Fernández Aracama a los pies de mi cama. Luego Álex el arquitecto, haciendo piruetas y tontadas en mi habitación. Le ignoro. Javier me comenta que si Eva está con un tal Cheché. Me temo lo que me temo. Salgo en busca de Eva. Toda la casa está llena de gente por todas partes, se trata de una fiesta. Yo estoy con cara de pocos amigos, muy serio, a la busca de Eva. Veo al fondo del pasillo al tal Cheché. O es ese o es otro con gafas. Paso por habitaciones, pasillos, miro en despensas, ni rastro de Eva. El resto cuando me ve parece ponerse alerta: lo que faltaba, vaya tomadura de pelo, o sea, que son cómplices de Eva. Se hacen los despistados cuando les pregunto por ella. Al final del edificio subo dos o tres pisos a través de unos andamios, seguro que está por allí Eva, en la azotea o más abajo. Sin embargo me vuelvo atrás y rebusco por otras habitaciones, un pasillo largo, otro par de estrechas despensas. La he localizado y ahora estoy hablando con ella y me confiesa que sí, que se ha besado con el Cheché ese, pero sólo eso, un beso. La cosa me jode mucho, me fastidia su "debilidad" y fríamente le digo que ahora me toca a mí, ella lleva dos escarceos, pues ahora yo me liaré con dos chicas. Es lo que hay. Mientras hablo con Eva miro a una chica cercana, jovencita, ella me devuelve la mirada. Se ve que ya empiezo a buscar el objeto de mi venganza. Eva se da cuenta perfectamente.
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