Sueños (58): Una misión, sexo placentero y el casting

el sueño de la misión futurista, sexo con asiáticas sexys en lencería y la llamada telefónica del casting
El sueño se divide en tres etapas o sueños. En el primero tengo que realizar una importante misión. Lo malo es que la mayor parte del sueño de la misión se me ha olvidado al despertarme, una pena porque estaba lleno de detalles y situaciones curiosas y algo surrealistas. Los ambientes eran muy futuristas, quizá industriales, con pasillos o líneas discontínuas que acababan siendo un solo pasillo o línea. Tenía que cumplir un recorrido que acababa con una ascensión como de protones, pero que luego acababa subiendo a través de una larguísima rampa. Una voz femenina en off me iba indicando mis siguientes pasos y mis avances. Al parecer resolvía la difícil misión (con tintes de película de ciencia ficción) con éxito. Lo cual conllevaba un premio por haber realizado satisfactoriamente mi hazaña. El premio consistirá en un premio sexual, y así entramos en la segunda parte del sueño.

Tengo ante mí, en una sala enorme y probablemente lujosa, una inmensa cama donde yacen unas quince asiáticas en lencería muy sugerente y excitante. Curiosamente están como repetidas, es decir que varias tienen la misma cara, con lo cual son las mismas varias veces. Tendré que elegir a una. Iré tanteándolas, tocándolas, magreándolas ligeramente, probando. Están todas muy buenas. Terminaré eligiendo a una de cabello negro que está cerca del centro de esta especie de "cama redonda". Es de las menos guapas (aunque son muy parecidas), pero quizá me decanto por su vestido de minifalda -como un camisón- de aspecto tenue, como de seda, y de color azul intenso, ni claro, ni oscuro del todo, y también ayudan en mi elección unas preciosas y equilibradas piernas embutidas en unas exquisitas medias negras. Una vez tengo la chica elegida y comienzo a tantearla, como por arte de magia desaparecen todas las demás, la cama adquiere unas proporciones más normales, y casi inmediatamente la chica asiática se convierte en Eva.

Tendremos un prolongado y placentero juego de caricias y sexo masturbatorio. Pero querré más, y ahora se la meteré desde atrás, ella bocabajo. Cuando ya no puedo aguantar más, la saco y tengo una enorme eyaculación que se vierte sobre su ropa y principalmente, con grandes borbotones de semen, sobre su cara. Ella se ríe ante semejante aluvión. Y de pronto hay unos cuantos espectadores a nuestras espaldas, alrededor de la puerta de la habitación, presenciando la corrida. Y yo que sigo erecto, muy erecto.

Y pasamos a la tercera parte del sueño, que se desarrolla después y de manera independiente, según parece. Estoy en casa, atendiendo a mis asuntos laborales de diseño. La casa es bien grande, con salas muy espaciosas, muchos metros cuadrados (teniendo una semejanza con la casa de mis tíos de Canarias). Recibo una llamada telefónica. Se trata de una agente o representante, que frisa la cincuentena y que por asociación llamaremos Enia. Resulta que me han cogido de un casting que hice hace tiempo. Enia me dice que les gustó mucho la gorra que me puse. Recuerdo que el casting sólo consistió en entregar una foto y traigo a la memoria la foto que dejé: con ropa curiosa y llamativa y una gorra singular sobre la cabeza. Sólo con la foto ha bastado para que me elijan directamente, no hay que hacer un siguiente casting, según confirmo preguntándole a Enia.

La verdad que me apetece mucho retomar mi trabajo de actor. En una hoja o libreta voy apuntando los datos que Enia me facilita: día, hora, dirección (genial, el sitio de rodaje está relativamente cerca según creo y no es un "entorno hostil"). Le voy preguntando más detalles a Enia, pero resulta que empiezo a no oírla prácticamente. A mi alrededor ha ido creciendo el ruido considerablemente. Sin ir más lejos, Eva, muy sonriente, está batiendo unos huevos para hacer una tortilla justo a mi lado, en la habitación. Con señas le digo que no oigo, que se marche. Pero los ruidos siguen en aumento, apenas puedo enterarme de lo que me dice Enia. Voy cambiando de salas y habitaciones, a ver si así logro escuchar con nitidez, pero nada, vaya donde vaya persiste el ruido, un ruido como si estuviéramos en la calle. Y Enia que cada vez parece hablar más bajito por mucho que le indique que no la oigo, que hable más alto.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
0 Comentarios

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...