Sueños (63): Viviendo como ricos

soñando con que vivimos como ricos en una fabulosa mansión de varios pisos con innumerables estancias muy lujosas
Parece que tengo un puesto político destacado en la administración o la gobernación. Lo cual nos ha enriquecido mucho y ahora vivimos en una casa gigantesca de dimensiones colasales y palaciegas. Hay salas, habitaciones, salones, por todas partes, varias plantas, escaleras, galerías, incluso algunos patios interiores. Además cada estancia, grande o pequeña o inmensa, tiene un estilo diferente. Salas lujosas con telas rojas o granates plagadas de sofás pegados a las paredes. Salas más modernas con diseño minimalista. Salas imitando estilos rurales... Con distintas iluminaciones de todo tipo. Una casa-palacio de ricos, vamos. Y siempre estará llena de gente, por todos los lados, en todas las estancias. Eva y yo haciendo de exquisitos anfitriones, de aquí para allá, muy atareados, con unos y con otros. Eva aparecerá vestida de cuando en cuando con un nuevo modelo: telas suntuosas, disfraces variopintos de todo tipo, trajes y vestimentas de alta costura. Recuerdo una aparición de Eva espectacular, con un ajustado vestido de cuerpo entero, elegantísimo, de color granate intenso; estará absolutamente regia y preciosa, muy distinguida, causando una hipnótica impresión. Eva, pues, encantada con su papel de reina acaudalada, pero esto la hace algo distante, incluso muchas veces se olvida de nuestro hijito, Amador.

Le comentaré a alguien que me encantaría, en memoria de mi padre, que viniese Imanol Arias en el papel de Antonio Alcántara de la serie Cuéntame como pasó. No sé como lo han hecho, supongo que les habrá costado un riñon, pero aparece Antonio Alcántara, con frases suyas típicas de la serie. Pero me fijo un poco mejor y no es Imanol Arias, sino otro actor, que aunque no se parece físicamente, está muy bien disfrazado y maquillado. El actor será Carlos Hipólito. Eva se alegrará mucho de verle. Así pues, durante el sueño, entablaré alguna que otra vez, trato con el personaje de Antonio Alcántara, imitándole yo mismo.

Dentro de todo este jolgorio de recepciones y múltiples huéspedes e innumerables salas, habrá un leit motiv: encontrar a Eva. Constantemente la perderé de vista. Y buscarla será una odisea. No funcionan los móviles, con lo que es muy difícil encontrarla entre la vastedad de tantas estancias repartidas en distintos pisos y alturas. Y siempre está el temor de que me esté engañando con alguien, incluso con el mismo Hipólito, ya que está un tanto promiscua. Un par de veces debe ser que llego justo antes de tiempo, antes de que incurra en infidelidad. Una de esas veces con otra mujer.

Y habrá otra tónica general durante el sueño. Que perdemos a nuestro hijo y no lo encontramos y es igualmente difícil dar con él es este laberinto palaciego. En una ocasión salimos Eva y yo de nuestra fabulosa vivienda a la calle, en busca de Amador. Caminaremos al lado de la boca de un puente enterrado por donde pasan los coches, al lado de algunas fachadas tapadas por andamios. Y ahí, dado lo difícil de encontrarse en la actual mansión, nos trasladamos rápido a un piso normal, de proporciones grandes, pero no desmesuradas, o sea, controlables. Sin embargo, esta segunda vivienda, en seguida, se vuelve a convertir en una magnífica morada con infinitas salas con infinitos ambientes, osea, prácticamente una copia de la anterior. Con lo que se repiten las mismas problemáticas de primero encontrar a Eva, temiendo sus posibles escarceros, y segundo, buscar y encontrar juntos a nuestro niño. Un sueño recurrente.

Ahora, tipo documental, como desde fuera, se narra unos hechos que nos han pasado y es que Amador estaba bajando por una rampa mecánica (parecida a las que suele haber en los centros comerciales), entre otra gente y quizá otros niños. Desde la rampa paralela ascedente iré a cogerle. El documental describe un accidente, cómo yo tropiezo y caigo hacia abajo y según el documental me salvo sin daños como pasó en el año de mi nacimiento, 1971. Pero Amador, que cae detrás de mí... Y aquí mantengo el corazón en vilo, atenazado en un puño, rogando por favor no, por favor no, viendo como un maletín pesado cae detrás de Amador. Me imagino lo peor, que el maletín al terminar la caída por la rampa golpea a mi hijo en la cabeza y lo deja paralítico o algo así... es lo que tiene toda la guisa de ir a informarnos la noticia-documental... Pero no, hay suerte, aparece una imagen fija donde estamos, al final de la caída por la rampa (en la base de la rampa) primero yo (el que está más abajo), luego Eva y Amador y encima dos tíos míos, por otro lado completamete desconocidos, que son los que han sufrido la tragedia del impacto del maletín, con lo que están inmóviles, tiesos, seguramente muertos, pero ¡¡¡con su providencial presencia han salvado la vida de mi hijo!!!
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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