Sueños (68): Traslado a una vivienda de lujo y Amador anfibio

el sueño del traslado a una vivienda unifamiliar de lujo en una zona de chalets al norte de la Plaza Castilla en Madrid
Estoy buscando un sitio al que trasladarnos en una zona de chalets de lujo situada algo más allá de la Plaza Castilla. Localizaré dos posibles viviendas de mucho diseño y modernas que están contiguas. En una de ellas habría que vivir con los dueños. La otra, donde se desarrollará la mayor parte del sueño, es una auténtica maravilla tecnológica de diseño limpio y espacioso, luminoso. Entraré y alucinaré con esta vivienda. Un salón enorme de triple altura, con todo el exterior formado por un duro y grueso, a la vez que nítido, cristal especial, similar al metacrilato. Se podrán colocar cuadros semi transparentes tal cual, sólo hay que adosarlos al lugar donde se desee y se adhieren firmemente con sólo colocarlos, dando unos hermosos y sugerentes juegos de luces, tanto mirando desde el interior hacia fuera como a la inversa, mirando desde fuera.

Desde el espacio principal central, que es ideal y magnífico, arrancarán dos tramos de escaleras hacia las dependencias de arriba. Llevaré a Eva para que vea este sueño de alojamiento. Juntos, o con ella, voy sopesando los pros y contras de venirnos a vivir aquí. Para empezar se sale un poco de nuestro presupuesto. Si ya pagamos alrededor de los 850 euros, este capricho nos costaría unos 1200 euros mensuales de alquiler. Podríamos llegar, pero iríamos muy justos, y eso sin tener en cuenta que puedo tener unos dos o tres de meses malos, profesionalmente hablando, con lo que nos meteríamos ya en una situación ruinosa. Otro inconveniente es el emplazamiento: demasiado alejado del centro. Voy a tener clientes que ya no se desplacen hasta aquí, la otra punta de Madrid. Las ventajas son muchas, principalmente lo felices que seríamos aquí, en un ambiente de paz, tranquilidad, unas hermosas vistas placenteras, alejados del ruido, de las mundanales molestias... Y lo que disfrutaría en esta vivienda de ensueño llena de pureza nuestro hijo Amador. Jodé qué lástima no ir sobrados de dinero para agenciarnos esta casa como segunda vivienda, para los fines de semana.

Pero hay otro inconveniente. Tendríamos que vivir con el dueño, que muchas veces estaría fuera de viaje. Él ocuparía lo mínimo de la vivienda, quedándose la mayoría de los espacios para nosotros (justo al revés de lo que sucedía en la vivienda contigua). Pero perderíamos la intimidad, está claro. De hecho, el dueño acaba de llegar. Según lo veíamos desde fuera es alguien fuerte y ancho, de color, de piel mulata, aunque luego será blanco. Nos da más indicaciones sobre el lugar. Él mismo nos aclara que desde luego viviría él solo aquí, pero que siendo tan caras las letras, necesita alquilar buena parte de la casa. Con lo que parece decidido, que con las cuestiones en contra que tenemos, al final no viviremos en este idílico hogar...

Antes o después de esto, incluso puede que ya hacia el final del sueño, valoraré la idea de trasladarnos a unos pisos que hay por aquí, quizá estaría bien. Además dan prácticamente a la Castellana, y seguro que esta zona está revaloradísima dentro de 30 años, sobre todo en este emplazamiento, donde enfrente se ve la Plaza de toros de Las Ventas.

Ahora tenemos reunión en la majestuosa vivienda. Estoy con el dueño y el fotógrafo Rafael Photoimage. Mientras el dueño y yo charlamos, evaluamos aspectos y/o vemos una película, Rafael está pintando un cuadro de abigarradas pinceladas que cuelga directamente de la pared. El cuadro representa la lluvia nocturna sobre una calzada con adoquines y cosas así (afuera también es de noche en estos momentos). El cuadro de cuando en cuando se irá desarrollando solo, como por arte de magia habrá evolucionado, siendo pintado por Rafael pero sin que le veamos pintarlo. Al final el cuadro tiene movimiento, muy logrado y se ve cómo cae la lluvia, entrellándose con la calzada y cómo se van formando regueros con el agua sobre el suelo, repetidamente, como en una secuencia de continuos loops. Un cuadro que es como una película, vamos, pero siempre con las materias propias y lujuriosas de la pintura.

Después estaremos los tres en el salón con otra chica, charlando de esto o aquello, divirtiéndonos calmadamente, apacibles. Esa chica será a ratos Tirma A., a ratos mi madre, a ratos una mujer madura. Sentados ante una mesa acorde con el diseño liviano y tecnológico del resto de los espacios. Se ve una enorme y preciosa puesta de sol, emotiva, a través del inmenso cristal. Yo ya estoy pensando en irme, que no se me haga muy tarde, que no nos vayamos ya caída la noche, que no tengamos follones de tráfico... Creo que son cerca de las seis de la tarde, según mi reloj, pero todos tenemos horas distintas, aunque aproximadas, en cada reloj. Pregunto a mis contertulios que si nos vamos. Pues... sí. Va siendo hora ya. Una chica muy rubia que se había agregado al grupo, amiga de Tirma, se va injustificadamente, algo temblorosa y extraña, y Tirma en un aparte nos hace saber que se tratan de los efectos del opio.

Bien, levantamos el campamento, hora de irse. En principio el dueño nos llevará a casa en su coche negro tipo Land Rover. Pero se demora contándonos algo y se le pasa la hora, y viendo que ya no nos va a poder llevar, faltando a su compromiso, decide irse sin más, sale de repente de su casa hacia el jardín y desaparece. Qué horror, me tocará regresar por otros medios... Lo que supone el incómodo agobio de un largo viaje en metro de muchas estaciones desde la estación de la Plaza Castilla. ¿No me podrían acercar en coche a una estación más cercana, a medio camino? La saturada boca del metro, agobiante inico de un túnel. Quizá tenga algún encuentro con un par de revisores, según recuerdo vagamente. Y una larguísima cola, ya desde las escaleras mecánicas, de viajeros esperando a lo largo de todo el andén... Un tren que pasa sin detenerse... En fin, situación asquerosa ahíta de humanidad.

Hay otra parte del sueño curiosísima que no sé muy bien donde situar. También transcurre en la maravillosa vivienda de lujo, pero no sé si fue antes de los momentos del cuadro de Rafael, en los principios del sueño o si fue bastante después. En esa parte yo estaba viviendo en la misma formidable casa, era de noche y me encontraba en la planta de arriba, solo con Amador, mi hijo de dos años y medio. Amador reposaba en la cama y estaba embarazado de un feto y esa noche daría a luz. Debería haber una enfermera que ayudara al parto, pero no está hoy. Llamaré por teléfono, nervioso y descondertado, a Eva o a mi hermana para que me indiquen qué es lo que tengo que hacer en semejante trance. Amador está algo quejoso, en su tripa se mueve el fetito y se ven sus extremidades moviéndose ligeramente tras la tripita de Amador. En cuanto nazca la criatura habrá que meterla en un frasco grande con un líquido más o menos amniótico para preservar su vida, según me hacen saber. Pero, ¿y Amador? No podría meterle en ese líquido porque ya no es un "anfibio" y se ahogaría. Esto me desconcierta muchísimo, no sé qué puedo hacer con mi hijo tras el alumbramiento. Miro una vez más a Amador, ahora duerme, en otra postura, extendido en la cama de manera contraria o transversal. Puede que se atrase el misterioso asunto. Esto me tranquiliza.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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