Sueños (70): Un curioso maratón

el sueño de la carrera por un camino entre pinares que luego se transformará en un paisaje artificial de pista cubierta
Nuestra profesora o entrenadora personal o algo similar poco identificable, nos insta a hacer una carrera de 100 kilómetros, quizá 10 kilómetros (distancias simbólicas en el sueño). Se trata, en realidad, de dar cien vueltas en torno a un campo delimitado, siguiendo un recorrido prefijado aunque flexible, con altos y bajos, caminos y montículos. Este campo, en su circuito tiene forma cuadrangular, empezará siendo al aire libre, por caminos de arena dura y entre pinares, pero en seguida se transformará en un espacio cubierto, situado dentro de un pequeño pabellón, con caminos y obstáculos artificiales, simulando la naturaleza. La carrera tendrá la particularidad de que no salimos de la meta a la vez, sino por turnos, esperando cada uno un tiempo para salir en pos del que nos precedió. La primera en salir será Eva. Algo después saldré yo. Además, uno podrá detenerse en la carrera, dejarlo cuando quiera, parando el cronómetro, por así decir, y continuando más tarde o mañana. Yo me he propuesto dos cosas: una, dar las cien vueltas de un tirón, seguidamente, sin parar; la otra, ser el que lo haga en menos tiempo.

Durante la carrera iré viendo cada vez más maneras de acortar y de ahorrar esfuerzos. Por ejemplo, a medio camino hay que alejarse algo para salvar un murete demasiado alto en la parte que disminuría las distancias. Acabo encontrando la manera de poder cruzar por la parte más alta, que es la parte más cercana a la línea de salida y así completar la vuelta antes, evitando el molesto rodeo. La forma será, aprovechando el impulso de la carrera, saltar y darse impulso con el tablón vertical del respaldo de un banco de madera. A veces, por haber alguien delante, no se puede coger el debido impulso y no se podrá salvar el murete, lo que produce un maldito retardo, que a veces me obligará a doblar a alguien para quitármelo de delante.

En definitiva, cada vez doy las vueltas más y más rápido. Y con el tiempo seré el único que sigue corriendo. Todos los demás (seríamos unos seis o siete) se han detenido ya. Eva ha parado. Valentín igual, ahora está charlando con alguien en uno de los extremos del recorrido. Sólo sigo yo, empecinado y con tesón. Las últimas vueltas las estoy dando prácticamente en segundos, con grandes y estratégicas zancadas, hasta que... Cuando voy por la vuelta 77 o 78, resulta que se han sentado dos tipos en el banco y eso me obliga a pararme de golpe. Buscando la manera de escalar el murete, ahora más alto, me encuentro, quizá por la falta de fuerzas, con la imposibilidad de lograrlo tras múltiples intentos. Con lo que todo parece indicar que ya no puedo seguir y esto me da mucha rabia. Veo que como me detenga por más tiempo se instalará la pereza y el cansancio y ya no podré retomar...

Pero sucede algo curioso: a partir de aquí seguiré corriendo, pero mentalmente. Así, narrado desde fuera, como si me viera desde fuera, sigo dando vueltas en torno al circuito, esta vez ya rapidísimas, cada vuelta cumplimentada con apenas siete pasos.

En el sueño habrá otra curiosidad. Durante toda la carrera, salvo al final, me estaré desdoblando, todo siempre vivido en primera persona: a ratos seré yo mismo, a ratos seré Cecilia Sarli.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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