Sueños (95): La frutera del mercado

Sueño: En el mercado, hablando con la enamorada y guapísima frutera
Sueño un poco batiburrillo en que algunas cosas sólo las recuerdo fugazmente. En el sueño tendré una hija de unos dos añitos (en lugar de un hijo como en la realidad). Estamos con otros padres con hijos. Uno de ellos es mi amigo Javier Fernández Aracama. Estaremos en un bar, donde, llegando de los primeros, me tomaré una sabrosa y fría caña. Estaremos decidiendo a dónde ir. Parece que hay plan de irnos a la casa de un amigo o pariente de Javier. Cosa que no nos apetece nada, así que terminaremos por desentendernos y hacer mutis. Luego, en otra casa, se lanzará mi hija sobre una cama y detrás irá el segundo hijo de mi amigo Javier Holguín (alias Javiertito). Un niño pequeño de unos tres años muy rubito y con grades ojos. Con su torpeza infantil e ingenua casi hace daño a mi chiquitina. Creo que me pongo serio y le echo a alguien la bronca.

Después estoy con mi madre en el bar de un mercado. Numerosos puestos aquí y allá dentro de un edificio de espaciosa planta. Ahora campeo por el mercado y por algunas callejuelas aledañas (como si en algún momento el mercado estuviese al aire libre) a mis anchas, de aquí para allá, comprando no sé qué, o maquinando no sé qué. Al cabo estoy en un puesto de frutas (que quizá sea una pescadería, no lo tengo claro). En el puesto hay una chica muy guapa que no llega a los veinte años, con un aspecto angelical, de una belleza parecida a la de la actriz Manuela Vellés (que de alguna manera podría identificarse con ella). Hablamos mucho, ella se ha estado fijando en mí. Aparece a mi lado, en el puesto, de nuevo el amigo Javiertito. Ambos cruzando palabras y lindezas, en plan solteros, con esta chica, que me llega a decir incluso que le gustan mis eructos, tan guturales. Me quedo alucinado: ¿hasta me tiro eructos aquí, en el mercado?, ya es que me sale de manera inconsciente, ni me doy cuenta...

La frutera, risueña y encantadora, me habla de un montón de cosas de mí y de mi vida, y no para de preguntarme cosas, algunas de ellas de carácter íntimo. Desde luego me ha estado observando con detalle y fascinación. Me habla también de mi hija. Pero elude hablar de mi mujer, con la que a la fuerza me tiene que haber visto rondando por los puestos del mercado... No cabe duda, esta chica se ha enamorado de mí. Me parece raro que siendo tan guapa no le salgan cientos de pretendientes aquí... quizá por ser frutera y por ser del mismo gremio, ni se fijan.

El hecho de que está bien enamorada de mí se confirma algo después, cuando ya estoy en casa y me llama por teléfono y seguimos de charleta largo y tendido. Me halaga mucho su secreta pasión por mí, aunque en principio no albergo la idea de tener un romance con ella.
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Sueños (94): Colegio para adultos y los peligros de fumar

sueño con las terribles consecuencias que produce fumar tabaco y con la vuelta a un colegio para adultos
Soy readmitido en el Colegio Alemán de nuevo como alumno, pero esta vez será para recibir clases como adulto, como si se tratara de un máster o algo semejante. Ahora hay que llamar por teléfono a nuestras respectivas familias para comunicarles la nueva y avisar de que llegamos tarde a casa. Para ello hay que meterse en un agujero alargado y pequeño, a ras de suelo, donde hay un par de teléfonos públicos. Sólo cabemos de dos en dos y nos damos codazos para poder entrar, arrastrándonos por el suelo, que es la única manera posible de entrar por esta ranura. Consigo introducirme junto con otro tío y meto dos monedas gordas en la ranura de uno de los dos teléfonos para llamar al móvil a mi hermana, ya que a mi madre es difícil localizarla ahora en casa. También para llamar por teléfono hay que estar tumbado y bocabajo, asomando los pies fuera de la angosta y baja cabina. Consigo hablar con mi hermana y avisar. El teléfono se atasca y me devuelve una enorme cantidad de monedas de calderilla, lo que me obliga a tener que recoger el montoncito de monedas desperdigadas.

Tras algunas idas y venidas por pasillos, algunos reformados, ahora estamos en una clase, todos somos adultos, frisando los cuarenta. Aunque no reconozco a mis compañeros, de alguna manera son antiguos colegas de instituto. La distribución de los asientos del aula es bien curiosa. Más que dirigida hacia una sola pared, los asientos se escalonan en descenso levemente hacia el centro. Se hacen, de entre los cuarenta alumnos de muchísimas procedencias y razas distintas, algunos listados de los que son más ecuánimes e imparciales, como si se tratase de la elección de un jurado.

Poco después empezamos una clase. La última media hora se dedica a ver una película de media hora. A mí esto me parece aburrido, poco activo. Creo que lo digo y propongo otras posibles tareas más participativas. A todo esto pienso que esto de volver a recibir clases es una locura, con el lío de trabajo que tengo ya de por sí, además asistir ahora regularmente durante al menos un año a estas clases para mayores... Pero pienso que de esta manera será mucho más fácil que admitan a mi hijo en el Colegio Alemán.

Recorriendo de nuevo pasillos que se convierten ahora en pasillos de hospital. Estoy en una zona donde se ven enfermos con horribles mutilaciones y otras terribles enfermedades. Veo a un manco. Algunas de estas víctimas se ven así por culpa del tabaco. Pero me quedo espantado al preguntar a una enfermera sobre el asunto y resulta que todos estos pavorosos casos, absolutamente todos, están así por las secuelas del tabaco. Está claro que tendré que dejar de fumar antes de que sea demasiado tarde... Comento que fumo cada cincuenta minutos. Me dicen los consejos médicos que puedo irlo alargando, por ejemplo fumar cada 55 minutos...

En otro momento del sueño, que siempre transcurre bastante indefinido, como envuelto en una nebulosa desdibujada, Eva me confesará que me ha sido infiel recientemente un par de veces, con dos tíos distintos.
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Sueños (93): La visita de un amigo internauta

sueño con un amigo internauta y la aplicación de la plataforma issuu para revistas y pdfs
Estoy en la habitación del piso de Alcorcón, que en el sueño tiene el doble de anchura de lo que la habitación tenía en la realidad. Me encuentro trabajando con el ordenador cuando recibo la visita de un amigo internauta, Dani Phii, que entra directamente en la habitación. Al principio es algo chocante el encuentro, ya que no es lo mismo conocerse a través de la red de internet que conocerse en persona, pero como era de esperar, en seguida hacemos muy buenas migas. Charlamos mucho y nos enseñamos en el ordenador cosas que hemos hecho y distintos programas.

Él ha traído consigo la típica carpeta de los estudiantes de instituto forrada con fotografías. Más que una suma de fotos variadas, en la portada de su carpeta hay una sola imagen grande pornográfica, para más señas de pornografía masculina, donde un joven yace tumbado y desnudo y cuatro tíos a su alrededor, también desnudos, agitan sus "biberones". Una imagen que da repelús con sólo verla. Es realmente extraño que Dani exhiba esta fotografía porno en su carpeta, ya que él no es gay. Quizá lo haga para provocar. Y efectivamente, mi padre, que de pronto aparece por aquí, se escandaliza sobremanera al ver la explícita imagen, y comienza a murmurar comentarios vejatorios y homófobos. Esta actitud de mi padre no me hace ninguna gracia y le echo con cajas destempladas fuera de la habitación.

Dani se tiene que ir marchando ya, que si no llega tarde a clase. Pero yo quiero enseñarle una aplicación espectacular para archivos pdf y revistas. Pero el ordenador va lento y no encuentro la aplicación y yo diciéndole a Dani que se espere, que ya queda poco. Él se impacienta algo, pero aguanta. Finalmente localizo la aplicación, que va lenta y tarda en cargarse y no funciona del todo bien, pero sí lo suficiente para que Dani la vea.
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Sueños (92): De vuelta a Bululú 2120

sueño que vuelvo a Bululú 2120, a una clase de Antonio Malonda con escenas, ensayos e improvisaciones
Aparezco en Bululú 2120, en una sala un tanto oscura donde Antonio Malonda está dando clases a unos diez o doce alumnos, entre los cuales está Emi. Mucho se alegra Antonio al verme. En teoría, con el paso de los años, Antonio tendría que tener más años, pero en el sueño, tiene aún menos que cuando le conocí años ha. Ahora me veo interpretando, quizá improvisando, una escena con una actriz joven, en que le hago ver de muy malas formas y en un largo monólogo que ya no la quiero, que quiero quitármela de encima, o algo similar. Parece haber un tercer alumno en discordia. Luego Antonio estará dirigiendo a otra pareja, en que participa un actor entradito en años y con recia barba blanquinegra. También puede que Toni Márquez esté entre los presentes, pero no puedo asegurarlo.

Yo me estoy planteando, a modo de reciclaje, volver a tomar clases en Bululú. Pero venir dos días a la semana probablemente no me sea posible, así que tendría que venir uno solamente. Según me cuentan, todos estos ejercicios sirven como ensayo para una representación que se hará en plena calle, con el público que acertare a pasar por allí. Esto no parece gustar mucho a los miembros de la clase.

Una vez terminamos me quedo charlando con uno de los alumnos en un banco adosado a la pared. La sala se ha convertido en algo parecido a un salón alargado de comedor, con cierta semejanza a un pub. Al poco veo algo más allá a José Pablo Ramírez, al que hacía un buen par de siglos que no veía. Él también me ve y con contento y los brazos abiertos se acerca a saludarme. Me pone un poco al tanto de algunas cosas. Y me cuenta, completamente desbordado de entusiasmo, aunque en tono de susurro como si se tratase de un grandísimo secreto, que en una iglesia vio a no sé quién, conocido de ambos, que le dijo que el PSOE se iba a terminar como partido, que se iba a disolver definitivamente. Yo no entiendo su intensa felicidad al respecto y José Pablo no comprende que a mí esta noticia, aunque finjo un poco, no me hace ni fu ni fa. Al cabo, algo descondertado, José Pablo se marchará.
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Sueños (91): Miguel Narros haciendo pruebas para el Don Juan Tenorio

Miguel Narros dirigiendo en un ensayo, imagen para ilustrar un sueño donde soy elegido para representar el Don Juan Tenorio de José Zorrilla
Estamos en una sala de reuniones, convertida para la ocasión en teatro o pequeño cine, con las butacas orientadas hacia una tarima. Dos o tres filas detrás de mí se sienta Francisco Conde con algunos amigos y muchos seguidores, haciendo sus gracias e ingenios ante su público. Al poco aparecerá Miguel Narros y nos hará pruebas, ante los asistentes, a cuatro o cinco de nosotros. Sentados a una mesa ubicada sobre la tarima leeremos textos escritos por nosotros y haremos algún tipo de interpretación. Durante todo el tiempo, como en un espectáculo, la sala permanecerá a oscuras, salvo la parte del escenario, iluminada con algún fléxor.

Tanto Francisco Conde como otro serán elegidos para encargarse de las partes literarias de la nueva obra que estrenará Miguel Narros. A mí me hace una sabia indicación para mejorar en lo venidero mi interpretación, algo relacionado con el carácter. Deduzco por este comentario que yo no saldré elegido. Pero me equivoco. En seguida Narros, con su estilo y su acostumbrado lenguaje de la sugerencia, me indica indirectamente que alguien de producción o de su equipo me llamará en breve para encarnar la maldad (o algo así comenta). Conociéndole, eso quiere decir que tengo un papel importante en la obra Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Colijo que seré el mismísimo protagonista, o sea, el personaje del Tenorio. Pero Eva que entiende mejor la manera indirecta de expresarse de Narros, me hace ver que seguramente se trate del secundario "malo". En un lapsus me veo representando en un pequeño teatro dicho personaje.

Y ahora vienen las consideraciones. La primera que no pensaba en absoluto que existiese la posibilidad de que se me diese un papel, y con ese espíritu hice la prueba por gusto, entretenimiento o para demostrarme algo a mí mismo. Y la segunda, que aunque estoy contento y satisfecho de ir a ponerme bajo la ilustre batuta de Narros, esto me ocasiona varios problemillas, como el tema de mis ansiedades, y lo más importante: ¿qué pasa con mi negocio?, ¿cómo voy a hacer páginas web si estoy de ensayos y de giras?. También pienso que podría ganar y ahorrar dinero y ya vería lo que hago con mi negocio. Es un buen dilema. Y todo por presentarme candidato... ya podría estarme quietecito... Así sumo la alegría, las dudas de qué hacer y los pros y los contras. Me anima mucho a lanzarme a la aventura teatral Eva, que está contentísima de que yo vaya a trabajar con Miguel Narros, como ya hiciera ella antaño.
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Sueños (90): Con Estrella y Ponce en la playa, el partido de fútbol y la mala hostia de Pablo

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Estoy con Estrella y Ponce en la playa. Estamos esperando la llegada en coche de mi amigo Javier Fernández Aracama, que vendrá con no sé quién para recogernos e ir todos juntos a la playa (debe ser otra playa, claro) o si no a un sitio de copas. Pero yo quiero ver el partido de fútbol del Barça, que juega un partido eliminatorio de la Copa del Rey contra el Atlético de Madrid, así que me internaré por una galería que hay en la parte baja del muro de edificios que se encuentran en primera línea a pie de playa. En dicha galería hay muchísimos bares con televisiones donde se puede ver el enfrentamiento futbolístico. Ya me avisarán cuando aparezca Javier...

Yo elijo el bar que más suelo frecuentar y me pido una caña. El camarero me pone sólo media cerveza, que me bebo de un rápido trago y acto seguido pido otra. Se repite la operación un par de veces. Tras un rato viendo el partido, caigo en la cuenta de que estoy viendo otro partido, no es el Barcelona el que está jugando, sino un equipo extranjero contra otro... Rápidamente me muevo a otro bar adyacente, donde sí están retransmitiendo el partido que tanto deseo ver. Son muchos los espectadores, ya se han metido un par de goles. Es el caso que todas estas televisiones funciona como los partidos que se pueden ver en internet de manera gratuita en la web de tarjeta roja, con lo que de cuando en cuando la imagen se queda atascada y nos perdemos partes del encuentro.

En el descanso, tras el primer tiempo, salgo a ver a Estrella y a Ponce, que siguen, tranquilos y charlando, tendidos en la arena, esperando la llegada de mi amigo, que se retrasa. Lo que me viene genial para seguir viendo el partido. Empieza el segundo tiempo. Al cabo volverá a quedarse en negro la tele. Antes de que continúe la retransmisión se ofrece un resumen del resultado final del encuentro, con la victoria aplastante del Barça: Barcelona 6 - Valencia 1 (el Atlético de Madrid se ha transformado ahora en el Valencia). Ha habido goles culés de Villa (qué raro, ¿no estaba lesionado?), de Vilá (¿?), etcétera... Para cuando se retoma la conexión en la tele, como ya se sabe cómo ha terminado la cosa, pierdo el interés por el partido, así que salgo fuera, a ver si ya ha llegado Javier (cosa que dudo porque me habrían avisado).

En la playa ahora sólo está Estrella. Ponce ha desaparecido. Le digo a Estrella que si quiere conocer a mi madre. Ella, quizá algo forzada, accede. Lo que yo no quiero es que al ser psicóloga Estrella, mi madre aproveche y se líe a consultarle cosas. Lo que estaría fuera de lugar, que Estrella ahora no está trabajando... Así pues, lo que era antes la galería se ha convertido en el salón de nuestra casa. Cuando entramos mi madre está bastante apesadumbrada, mientras Eva está bastante enfadada, casi borde, con mi madre. Lo que ha sucedido es que por un descuido de mi madre, al acercársele mi hijito Amador por detrás, ella hizo un movimiento extraño con el brazo, con la consecuencia de llevarse su nieto un golpe en la cabeza contra la pared, un buen coscorrón, vamos. Y según me cuenta Eva, esto mismo o algo similar ya ocurrió ayer... Estrella y mi madre se saludan. Antes de que mi madre "acose" a Estrella, volvemos a salir, Estrella y yo, a ver si por fin vienen a recogernos, que ya es tardísimo, y de noche.

Finalmente llega el esperado coche. Pero no es Javier quien llega, sino Pablo, el de Granada. Sorprendente esta aparición en el sueño. Había perdido completamente el contacto con el dicho Pablo desde hace años, desde aquellos locos años juveniles. El tal Pablo era un mal bicho de lo peor, un perfecto hijo de puta, pijo y sádico, un auténtico cabronazo. En el sueño surge igual de lozano que en aquellos entonces, sin que los años hayan pasado por él. Lo único que ha cambiado es que ahora, si cabe, es más retorcido y mala gente.

Estrella y yo nos subimos al coche, a la parte trasera. Delante, de copiloto, va un amigo de Pablo que vagamente conozco. Un tipo muy moreno. Estrella ya ha indicado que mientras no cumpla los cincuenta años, se puede quedar mínimo hasta las cinco de la mañana. Esto es un contrasentido porque ya ha amanecido hace rato y está muy instalada la mañana, pudiendo ser las diez o algo más tarde.

Pablo arranca y no tardamos mucho en precatarnos de que no nos está llevando al sitio previsto, debe tener oscuras intenciones con nosotros, desde luego no da ni la más mínima explicación. El colega de Pablo le hará un comentario desafortunado y sexista a Estrella, prentendiendo hacerse el gracioso y el ocurrente. Nos hacemos los tontos, oidos sordos, quitando hierro a la ligera impertinencia.

El coche, a ratos parecido a un dos caballos, va atravesando playas llenas de gente, por la arena o por la línea costera, y también calles, parques, sin seguir obligatoriamente las líneas trazadas por el asfalto, como si viajásemos en un Land Rover.

A medio camino, casi sin venir a cuento, Pablo abre la puerta del copiloto, con el vehículo en marcha, y le da una patada a su amigo, que medio adormilado, cae rodando, fuera del coche, por los suelos de la calzada. Nos quedamos atónitos Estrella y yo. ¡Este tío es un asesino! ¡Y con su propio amigo! Pablo, detiene el coche y le urge a Estrella a que salga del asiento trasero a toda velocidad y se instale a su lado, en el asiento del copiloto, en sustitución del arrojado fuera. Estrella permanece un instante estupefacta, sin saber qué hacer. Pablo insiste, manda. Estrella acaba accediendo y rápidamente sale y entra por la puerta delantera, justo cuando está llegando el arrojado a todo correr para internarse de nuevo en el automóvil. Una nueva patada de Pablo, sin salir de su puesto ante el volante, da de nuevo con el amigo en el suelo. Y Pablo, con Estrella a su lado, arranca con furia, dejando a su maltrecho compañero tendido en la vía pública.

El avieso de Pablo nos conduce ahora por una carretera ascendente, que sube por una montaña, a saber hacia qué inexpugnable lugar. A mitad de camino vamos viendo, medio camuflados, varios grupos de militares armados hasta los dientes, con cascos y metralletas y demás, ataviados como soldados de la Segunda Guerra Mundial, apostados y en guardia, a la espera. Nos dejan pasar, no nos detienen. Estrella y yo nos asustamos bastante, temiendo una buena refriega bélica. Pero Pablo sigue conduciendo imperturbable, sin hacer caso a nuestras aprensiones, como guiado por una siniestra meta fija.
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Sueños (89): Una de vampiros

El sueño de la congregación ritual de vampiros en un gigantesco palacio frente a un gran río en una ciudad del norte de Europa
En este sueño seré más testigo que protagonista, encarnando sólo a veces a algunos de los personajes. Es el caso que a una ciudad del norte de Europa, tipo Londres, llega un joven y apuesto rubio a las inmediaciones de un gran río que atraviesa de manera central dicha ciudad. A ambos lados del río y en grandes puentes que atraviesan las aguas hay muchísimas gentes, tantas que apenas se puede pasar de manera fluida, la mayoría de ellos encaminándose a un gigantesco castillo que hay al fondo. En seguida se hace de noche. El castillo, bien largo, aunque el vulgo no lo sabe, pertenece a una larga dinastía de vampiros, que esta noche darán una gran fiesta para todo el mundo, con fines nada filantrópicos, permaneciendo sus verdaderas intenciones completamente ocultas.

Además del héroe rubiales, hay también una heroína, una joven de pelo muy negro, que también se dirige a la importante congregación en palacio, pero en una especie de altercado, quizá con alguno de los esbirros de los vampiros, mientras atraviesa uno de los populosos puentes, caerá a las profundidades del río. Al salir del agua se habrá convertido en otra vampira, una de las más peligrosas, llevando una ropa oscura y siniestra.

En las estancias de palacio, repletas de gentes y de fiestas y ruido, campean los camuflados vampiros a sus anchas, haciendo secretamente de las suyas. Parece que celebran un día fundamental para realizar un singular rito importantísimo para ellos y con nada claras intenciones, y con ese motivo han dejado su palacio en plan "jornada de puertas abiertas", para realizar, con tanta gente inocente y ajena al peligro, sus terroríficos planes y designios. En la cámara central veremos al vampiro jefe y varios de sus más cercanos acólitos y familiares realizando sus ocultas manipulaciones. También se integra el héroe rubio, haciéndose pasar por uno de ellos para así más fácil poder acabar con ellos.

Y nos trasladamos al campo, a un bosque, con una noche cerrada llena de indescifrables presagios, donde un grupo de renegados se prepara para malograr la maldición vampírica. Se hace recuento de la noche en la que estamos y se comprueba que estamos justo a cinco noches de la Gran Noche de los Vampiros, que es cuando llegará el apogeo de su terrible ritual. Así que es el momento, la única noche en que se podrá desbaratar la enorme máquina vampírica. Curiosamente esta noche de posible salvación se identifica en el sueño con la noche de San Pentecostés.

Llega el momento oportuno y una especie de joven y guapa sacerdotisa, acompañada de otros "salvadores" eleva un espejito ovalado con ambas manos hacia lo alto de la noche. El espejito acaba reflejando la luna e inmediatamente se forma un rápido eclipse que transforma todo, como si el mundo diera la vuelta, sumándose una noche cambiada y brillante a la noche que había, con un efecto grandioso, litúrgico, maravilloso.

A partir de aquí comienza una batalla contra los vampiros (que gracias al sortilegio del eclipse se encuentran muy debilitados y con sus poderes mermados) en un viejo, oscuro y polvoriento almacén, bastante amplio, lleno de cajas, embalajes, cachivaches. Dos o tres de los "salvadores" van paralizando a vampiros con la insignia de la cruz y con un grupo o un "kit" de herramientas doradas, entre las que se incluye un martillito, van clavando en los corazones de los seres diabólicos pequeñas, largas y afiladas estacas para darles muerte. Pero poco se consigue, al parecer, con este método tan rudimentario. Sorprende ver que el apuesto héroe rubio ahora es uno de los principales vampiros, en concreto se ha convertido en el hijo primogénito del jefe vampiro.

Sigue la ardua y poco afortunada labor de clavar las estacas, que son como agujas de oro, en los pechos de los vampiros. Sin embargo, tras varios intentos, con este sistema se logra vencer y destruir a varios chupasangres, entre ellos ni más ni menos que al gran vampiro jefe y a su primogénito, sin que apenas puedan llegar a oponer resistencia.
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Sueños (88): En el Colegio Alemán

visita al Colegio Alemán de Madrid al cabo de los años (sueño)
Hago una visita al Colegio Alemán de Madrid después de llevar varios años sin aparecer por allí. Me lo encuentro prácticamente desierto, cosa bastante rara, porque con anterioridad siempre había gente por allí. Debe ser que ya no está abierto al público y sólo se puede entrar bajo licencia, con lo que no dejo de ser un intruso. Veo que se han realizado algunos cambios. Por ejemplo el campo de deportes ha cambiado completamente y ahora se accede desde un aula. En esa clase estaré un rato, primero a solas, luego acompañado de un montón de niños sentados en sus pupitres.

Más tarde, cerca de Dirección me encontraré con la que era hace años la secretaria principal (no recuerdo el nombre), que ahora es ya la directora general del centro. Los años no han pasado por ella, sigue exactamente igual. Estaré hablando con ella un buen rato, tanto recorriendo el colegio como en su despacho. Se ha alegrado mucho de verme. Le hablo algo relacionado con hacerles o llevarles la página web. También, para ir haciendo "hueco" le hablo de mi hijo y que me gustaría que ingresase aquí, pero, tal y como le comento, no disponemos de coche y sería un problema traerle y recogerle. Ella me recomienda un autobús escolar que le podría traer y que le dejaría en la plaza de los delfines, con lo que habría que desplazarse un buen trecho a pie...

Como curiosidad le informo de los antiguos alumnos con los que sigo teniendo contacto después de tantos años. Basta con que diga el nombre, por ejemplo "José Luis", para que ella, haciendo alarde de una perfecta memoria, me diga el apellido, en este caso "González". Así con todos los ex-alumnos que le voy citando. Con el nombre de Gema tenemos un lapsus y hemos olvidado el apellido. Hasta que ella cae: "Torres". Y entre estas y otras cosas, seguimos rememorando el pasado.
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