Sueños (106): Mi madre pintando en el salón-estudio y Paco ayudando

Sueño con mi madre que pinta sin cesar obras de arte abstracto en el estudio-salón de casa
Cosa curiosa: vuelvo a soñar con el representante Paco San José y con mi madre. Esta vez estaremos en casa, donde en el amplio salón que se encuentra al final del pasillo mi madre está pintando sin parar, entusiasmada, produciendo una obra tras otra, en lienzo y en papel, por lo general pintura abstracta como siempre, en algunos casos con trazos muy simplificados a lo Joan Miró. Paco va y viene y ayuda a trasladar cuadros dentro del estudio, o a hacerles fotografías. Aunque Paco vive aquí, con nosotros, no tiene ninguna relación de parentesco, tampoco está liado con mi madre ni nada por el estilo. Yo cacharreo en la habitación contigua (la que da a la derecha del pasillo), de cuando en cuando entro a ver lo que está haciendo mi madre con los pinceles. No sé a qué, pero entraré un momento a la terraza (similar a la del piso de Alcorcón).

Estoy dándole vueltas a hacer la web de mi madre en plan blog, quizá algo parecido a lo que tengo en tumblr; de esta forma puede que fuese más rápida de hacer, más manejable y más práctica. Paco ha estado fuera un tiempo, viene de jugar a las cartas con unos vecinos. En cuanto regresa sigue colaborando y prestando ayuda a la pintora de la casa. Yo alucino con la energía que despliega Paco San José, siempre ocupado en cosas que le gustan, muy activo y con buena disposición. Desde luego, pienso, este hombre sí que se lo ha montado bien. Cuando de nuevo me adentro en el estudio-salón, mi madre me avisa que tenga cuidado, que están grabando vídeos de la obra de unos cinco a seis minutos de duración.
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Sueños (105): La cena de lujo, el puente, algo de literatura y el robo

El sueño de la cena de lujo, el atravesar un puente terrorífico, consolando a un amigo escritor, dónde publicar una novela y el robo de nuestra vivienda
Estoy invitado por el representante artístico Paco San José a la cena de lujo que ofrece en su casa. Reunión a la que irán multitud de comensales, digamos que alrededor de una cincuentena de asistentes, quizá más. Yo he ido acompañado de mi madre y nos sentaremos en la mesa redonda de uno de los extremos, entre otros invitados. La manera de servirnos, la cubertería y la vajilla, la ambientación, incluso la iluminación, están dispuestos y regidos según la más alta etiqueta aristocrática. De hecho, Paco San José, cada dos por tres, muy ceremonioso y a modo de manual del experto, estará explicándonos, a veces subsanando algún error del servicio, cómo se hace cada cosa según las normas de la alta celebración. La comida se va acabando rápido, mientras yo, en plan glotón, voy repitiendo de lo uno y de lo otro. Bebo vino, después una muy apetecida cerveza.

Alrededor de las 2 de la mañana la velada ha terminado y tras irse evaporando poco a poco la concurrencia del alargado salón, ya sólo quedamos tres: el mismo Paco, un amigo cercano suyo y yo. Paco da la fiesta por concluida, mas su amigo no da crédito a que la cosa termine aquí, ya que normalmente, una vez vaciado el salón, como solterones juerguistas salen de copas hasta las tantas de la madrugada. Ya me veo moviéndome por locales y zonas nocturnas vip bajo el pupilaje de Paco San José... pero no, Paco se mantiene firme: no habrá escarceo nocturno hoy.

Ya ha amanecido. Amablemente, Paco San José, abandonando durante un rato a sus invitados, nos acompaña a mi madre y a mí a la parada del autobús que cogeremos para regresar a casa. Iremos caminando los tres por la acera, en paralelo a los coches que pasan. Yo quiero detenerme ya, pero Paco y mi madre siguen andando, con lo que nos acercamos al puente que hay sobre el río y el tráfico y que me da pánico y ataques de ansiedad cruzar. Mi madre sabe perfectamente lo que me supone a mí atravesar el puente, pero me ignora insistiendo en avanzar. Me enfada mucho su actitud evasiva y me obliga, contra mi voluntad inicial, a poner en evidencia mis problemas y traumas delante de Paco, que se quedará muy sorprendido. Sin embargo hay suerte y en paralelo al puente se extiende un amplio parque que nos lleva al otro lado, con lo que evito el terrorífico trance.

Más adelante sueño que soy camarero de un inmenso hotel y que mi larga jornada ha terminado. Saldré un momento a un patio (o azotea) cubierto de césped. Quizá a fumar un cigarrillo. Habrá situaciones bastante movidas a partir de aquí, pero las he olvidado por completo.

Y cambiamos de escenario. Eva y yo hemos instado a mi amigo Javier Fernández Aracama a que venga con nosotros para animarle un poco que se encuentra bastante alicaído últimamente. Nos situamos a ratos en nuestra casa, a ratos en una especie de inmueble vacío. Es de noche. Le hablo a Javier de todas las innumerables ventajas de haber publicado mi novela en la plataforma de Bubok con la idea de convencerle para que edite ahí sus libros. Conseguimos que el pobre Javier termine por entusiasmarse mucho. Le digo que retire un libro suyo que anda por la Facultad de Bellas Artes (o algo similar), que eso no le va a reportar nada interesante. Luego con cierto cinismo le preguntaré si ha terminado ya su libro. Evidentemente, no. Aunque -como siempre- asegura que ya casi lo tiene listo, vamos que hoy, esta misma noche, lo termina. No le contradigo a sabiendas de que no lo va a finalizar, ni ahora ni nunca. Al final Javier, nervioso y entusiasta, decide marcharse en coche a sus aposentos. Tiene prisa porque además, según nos indica con cierto reparo, se está cagando.

Y ahora, como otras veces, regreso a casa con Eva. Nuestro pequeño hogar está ubicado (en el sueño) en un semisótano y su espacio apenas llegaría a unos 30 metros cuadrados (de alguna manera hay paralelismo con el piso de la corrala de la calle Peña de Francia donde viví hace años). Mientras nos acercamos a la vivienda voy contándole a Eva la última de mis conclusiones: y es que siempre estoy manejándome entre los extremos: o estoy cansado o estoy muy motivado, o tengo una gran locuacidad o soy incapaz de pronunciar una palabra, o soy totalmente optimista o gravemente pesimista, y así enumerando un montón de contrarios.

Nada más llegar a nuestra puerta, notamos que está ligeramente entreabierta. Y al abrir compruebo lo que he estado temiéndome que pasaría cualquier día de estos al volver al hogar. Así es, ¡nos han robado! El piso está completamente vacío. Lo úncio que han dejado, para mi gran tranquilidad, son mis ordenadores, que separadas sus piezas y amontonados junto a una pared, parecen intactos. Pero me llevo el gran susto al no ver la parte más importante, la que contiene mi disco duro con todos mis archivos... y sobre todo mi novela... Vuelvo en mí cuando algo más allá vislumbro mi torreta del pc tumbada sobre el suelo. Buf, menos mal. Ya estoy pensando en ponerme de inmediato a reinstalar todo para asegurarme de que mis aparatos no hayan sufrido daños...
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Sueños (104): El juego del averno y la triple alianza satánica

El juego del averno y la trinidad satánica de Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo
Hace un par de días soñé que estaba inmerso en una cueva disfrutando de aventuras "satánicas". Siendo muy real lo que ocurría, no dejaba de ser la realidad de un videojuego con el que ya me había amenizado en otras ocasiones. Iba solventando pruebas, liberando amigos, enfrentándome a monstruos y otros peligros, con tranquilidad y familiaridad. De repente, mediante sutiles engaños del Dios del mal, me adentraba en una especie de receptáculo transparente en el centro de la gruta que se llamaba "caja negra" o "caja oscura". Justo lo que no debía hacer en ningún caso, cometiendo los pecados del descuido y la ligereza. Porque en esa caja te convertías en el reverso de Jesucristo, generándose una infernal criatura poderosísima y desdoblada, capaz de emitir rayos cegadores y omnipotentes, a veces bicéfala, de una mezcla entre el Diablo y el Anticristo, imposible de vencer.

De pronto recuerdo que cuando se creaba esta combinación terrible ya no existía la posibilidad de salir de este averno. A toda prisa me dirijo a la cercana salida, que es una puerta de cristal que empiezo a aporrear con toda la fuerza de que soy capaz, antes de que se solidifique del todo y ya resulte infranqueable. Recuerdo todo el trabajo que tengo pendiente por hacer y definitivamente no puedo permitirme quedarme aquí encerrado. Para más desasosiego, el doble demonio ha formado triple alianza con el lado contrario del Espíritu Santo. Estoy perdido. A la desesperada ya, refuerzo mis golpes al cristal de salida. Y contra todo pronóstico compruebo que el cristal se resquebraja y comienza a romperse por su parte superior, lo que quiere decir que casi puedo presuponer que en breve habré salido del averno...
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Sueños (103): Sopa castellana, regalos, fútbol y otras visiones

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Varios sueños, en apariencia inconexos. El primero de ellos que recuerdo tiene que ver con una clase con alumnos y una profesora. Yo vengo de nuevas, como recién incorporado, acompañado de mi colega del instituto Carapolla (vengo con él de no sé dónde). Hay que leer en voz alta un texto que está pegado a la pared. Un alumno jovencillo, de pie frente al papel, lo lee pero con una voz bajísima y tímida, vamos, que no le oye ni el cuello de su camisa. Yo estoy a su lado, siendo el único que por la proximidad puede escucharle. Carapolla surge a nuestro lado y le da un empujón despectivo al chaval para dejarme sitio a mí para que lea el texto. Y procedo a declamar el texto en prosa empleando trucos de doblaje, con gestualidad actoral incluida y alzamientos enfáticos de brazos, causando expectación entre los asistentes y contento en la profesora.

En otra parte del sueño (o en un sueño posterior) me encuentro con Gus en una habitación con tres camas, a la hora de dormir. Gus ha venido desde México y me cuenta que se ha sentido muy solo desde su llegada a España. Charlamos y procuro calmarle. (Suceden más cosas que el olvido ha borrado de mi memoria).

Más adelante me encuentro con Valentín el Posicionador, que me habla de un negocio en el que la idea básica es dar una conferencia a más de 200.000 personas para conseguir no sé qué. Según me comenta habría que ir captando público a través de formularios insertados en páginas web, para así obtener los datos de contacto de los eventuales visitantes. Yo le digo que facilitaría mucho la labor utilizar las plataformas de Facebook y de Twitter. Precisamente acabo de ver a grandes marcas como (y aquí le enumero cuatro o cinco grandes firmas) establecer multitudinarios contactos a través de estas redes sociales.

Creo que es después cuando entro con mi familia en un restaurante del extrarradio. Mi madre pone sus peros, no le gusta este local, pero termina accediendo y también entra. Nos acompaña mi hermana y seguramente Eva y quizás nuestro hijo Amador. Todos se quedan muy sorprendidos cuando pido, en pleno verano y con un calor bien fuertecito, una muy caliente sopa castellana, que degusto durante unos instantes. También llega a la mesa Valentín, de nuevo, mezclándose en un mismo ambiente las parcelas de la familia y el trabajo, situación que no les resulta del todo agradable a mis familiares, a juzgar por sus caras largas que vislumbro un momento.

Pongamos que después (ya que todas estas partes se entremezclan sin llegar a discernirse su correlatividad o paralelismo temporal) en una sala, relativamente amplia, mi madre nos va dando los regalos que nos ha traído. Mientras quito el envoltorio de mi presente, mi madre va explicándome que le ha costado mucho encontrarlo y que le ha salido a 500 euros de precio, pero que si quiero puedo descambiarlo y me devuelven el dinero. Se trata de una curiosa baraja de cartas, que aunque me hace mucha ilusión, la ilusión pasa, así que siendo práctico, prefiero canjearlo por los 500 billetes. En peregrinación por la calle buscamos el lugar incierto donde mi madre ha adquirido el juego de cartas, ¿quizá tengamos que ir hasta Móstoles? Ella me avisa de que le faltan 50 euros que son necesarios para la devolución. Le respondo que no se preocupe por eso.

Posiblemente hacia el final, cambiamos de decorado. Ahora estoy en un parque con otros padres y otros hijos, entre ellos el mío, Amador. Jugamos al fútbol con los peques. Mi chiquitín corretea y patea la pelota. Yo me preocupo algo, no vaya a ser que le hagan daño. Apartándome por un tiempo de los demás, jugaré entusiasmado al fútbol sala con un compañero del instituto en un espacio reducido, con ciertos obstáculos y con unas porterías ínfimas que cada vez se van achicando más aún. Yo disfruto a lo grande, mas mi contrincante se muestra pasivo y poco participativo.
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Sueños (102): Varias novias y haciéndolo con una de ellas sobre una mesa

Varias novias a la vez y teniendo sexo con una de ellas sobre una mesa (sueño)
Es el caso que estoy saliendo con varias chicas a la vez, aunque algunas de ellas hace tiempo que no las veo y casi ni me acuerdo de ellas. Lo de mis historias amorosas a varias bandas lo sabe perfectamente Eva, incluso me informa que me ha llamado por teléfono mi "cerda" del supermercado, según su despectiva manera habitual de referirse a ella. Se refiere a una de mis novias, que trabaja de cajera en un supermercado. Mi novia especialmente favorita en la actualidad del sueño es la más reciente adquisición, una chica morena y tímida que recuerda vagamente a una compañera de clase que tuve en la facultad de arquitectura (que si no recuerdo mal ¿se llamaba Marta?). Pues bien, acabamos de empezar a salir formalmente, mas se comporta de un modo incomprensible y esquivo: me la encuentro en el portal, le planto un morreo en la boca y ella, como con asco, me rechaza y desaparece. Algo similar vuelve a ocurrir. Imagino que quizá tenga algún tipo de problema sexual de carácter psicológico, sino no se entiende. Lo cierto es que no estoy para indagaciones en la psique de esta chica acerca de los porqués de su "siniestra" actitud, así que decido pasar de ella definitivamente e ir a encontrarme con mi novieta del súper (rubia, para más señas). Y en estas estoy, cuando al entrar en un ascensor aparece la novia "estrecha" y ante mi asombro está completamente disponible para practicar sexo.

Así que, allí mismo, la desnudo, y con tiento y despacito comienzo a penetrarla. Ella se encuentra tendida encima de una mesa, yo de pie. La iré cambiando dos o tres veces de postura. Voy muy lento para aplazar la eyaculación, aunque de cuando en cuando la taladro con una fuerte sacudida que le arranca bruscos gemidos. Normalmente ella suele permanecer silenciosa y se mueve poco durante el coito. A veces me mira, con tranquila mirada animalesca. A los cinco o diez minutos, al ir a cambiarla de postura nuevamente, descubro para mi sorpresa que ya me he corrido: hay abundante semen en mi sexo, chorreando por sus muslos y en otras partes de su cuerpo. Aún así, por unos instantes, vuelvo a metérsela. Ahora me preocupa el hecho de que se haya podido quedar embarazada al no haber utilizado preservativo, pero ella me asegura que no, que debido a la posición y a no sé qué otra razón no se puede haber quedado preñada. Otra duda que me surge es si ella ha disfrutado, ya que la veía algo pasiva. Me asegura que sí, que es su forma de gozar es así, poco expresiva.
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Sueños (101): Militares confinados en un paraje desértico y árido

El sueño del batallón de militares confinados en un paraje desértico y árido, asediados por los traidores
Formo parte de un batallón militar que desde hace bastante tiempo está apresado por el enemigo entre montañas rocosas y áridas. Aunque eso sí, el enemigo no aparecerá en todo el sueño, así que nuestro confinamiento, de libres movimientos (incluso vamos armados con nuestras metralletas), se asemeja más a un destierro en una isla o en un desierto a miles de kilómetros de cualquier rastro humano. Vagamos y ganduleamos bajo un sol fuerte y cegador, es todo lo que podemos hacer. Algunos llevamos el típico traje militar moderno de camuflaje con sus gamas de verdes y caquis, mientras otros se acercan más a una vestimenta más civil, aunque con la indumentaria igualmente gastada y polvorienta.

Pronto nos desentumecemos y entramos en acción: a través de túneles y grutas excavadas en la roca tenemos la posibilidad de salir de aquí. En formación y apresurados, organizados quizá por las órdenes de un superior, nos adentramos por las cavernas. Pero varios de los nuestros, rehusando nuestra escapada por temor a una peor emboscada o trampa de los enemigos, a la desesperada se parapetan tras salientes para hacernos frente con las armas. Como autodefensa serán sistemáticamente acribillados a balazos los fortuitos y asustados traidores.

Finalmente, al lado de un camión de guerra, se ve a dos militares más del grupo de los renegados. Pero más que militares son civiles de altos cargos (ministros o presidentes) que fueron obligados a formar parte de nuestro batallón, además van inermes con lo que no suponen un peligro. Con lo que se les dejará libres y podrán marcharse en el camión.

Ahora, tras el ajetreo de la acción, victoriosos pasamos por un campamento enemigo abandonado. En el suelo, entre cachivaches bélicos olvidados, se ven alineados una serie de planchas con pinchos metálicos. Eva me cuenta que se utilizaban para una tortura en que los reos no podían nunca dejar de estar de pie, caminando eternamente en torno a un poste al que estaban encadenados, y en el caso de detenerse o agotados caer al suelo, entonces se le aplicaban estos punzantes pinchos a las plantas de los pies. Me quedo horrorizado de imaginar la tortura y de la infinita enajenación humana que es capaz de permitirse semejantes atrocidades.
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Sueños (100): El barrio de los sortilegios

El barrio de los sortilegios: personajes, misterios, conjuros, un sueño algo surrealista y fantasmal
Es de noche y me traen en coche a un barrio ubicado en el extremo de la ciudad. Un barrio sospechoso, peligroso, endemoniado, con un montón de casuchas mal ensambladas. Cuando me apeo del automóvil dejo de ser yo y me convierto en un personaje que vive en dicho barrio, un personaje de mala catadura, algo borracho y pendenciero. Este tipo tiene que encontrar su vivienda, lo cual le resulta complicado dada la semejanza de las casas. Llamando a puertas equivocadas, le abrirán vecinos de muy mal talante, amenazándole y casi agrediéndole. También corre peligro al atravesar unos pinares. Finalmente halla su hogar, situado al principio de una hilera de estas cochambrosas construcciones encaladas en un blanco fantasmal. Su madre le abre la puerta, como todas las noches, ya que él no tiene llave. Y le increpa por despertarla, por venir a estas horas. La madre es una especie de bruja despeinada, rala de una pelambrera cana. Sus cejas se mueven como dibujos de cómic, haciendo estrambóticos arabescos.

Vuelvo a tomar la primera persona de la acción. Mi curiosidad me lleva a adentrarme por este barrio del averno. Me acompaña un amigo. Aparte de otras situaciones irreales, emerge de la noche un viejo descarnado, cadavérico, alto, enjuto, que nos insta a que nos vayamos de aquí. Intentamos ignorarle y avanzar, pero nos lanzará varias veces, a la velocidad del rayo, alcayatas de dos en dos, de tal manera que como cruces se quedan clavadas en el aire, a escasos centímetros de nuestros rostros. Este sortilegio propio de demonios nos hace recular y abandonar nuestra intención de transitar este fatídico barrio pernicioso.

A pocos pasos, entre otras construcciones colindantes, nos cae encima, por arte de embrujo, una nieve congelada o algo semejante, arremolinándose por el viento en torno a nosotros. Esto nos resulta extraño, ya que acabamos de dejar las lindes del funesto barrio. Vuelvo a estar solo, sin el amigo no-identificado. Me alejo por callejuelas más tranquilas. Sigue omnipresente una noche cerrada y enigmática, algo atemporal. Me encuentro en la tercera galería de soportales de unos edificios de viviendas. Una voz en off explica que el protagonista de esta historia sentía miedo de la soledad y por eso decidió bajar a la primera línea de soportales. Esta voz se refiere a mí. Dudo. Y sí, finalmente, desangelándome la intemperie y la altura, desciendo. Llegando a una piscina que hay abajo, donde muchos niños juegan y chapotean. Sigue siendo de noche. Vuelvo a transformarme en tercera persona y además en niño. Que para integrarse con el resto de muchachos se mete en la piscina. De nuevo el narrador comenta los hechos. Y es el caso que los demás niños, maliciosos, todos a la vez salpican al chaval recién llegado, con lo que casi le ahogan.
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Sueños (99): El viaje a Cuba con los colegas

El viaje fortuito a Cuba con los colegas en avión, hermosos paisajes, la ciudad de Cuba, el océano Atlántico
De pronto, sin transición aparente, estaremos Gus, Albero, David Pastor y yo en el fondo de un gran cañón, rodeados de una pared rocosa y circular que algerba mucha vegetación, incluso árboles. El día es soleado, magnífico. Estamos algo desorientados, no sabiendo en absoluto dónde nos encontramos. Se supone que hemos venido en avión, que por alguna razón ha errado su destino y nos ha dejado aquí. Evidentemene yo he tenido que venir durmiendo durante el viaje, sino no se explica que haya podido volar con el pánico que adolezco a viajar en avión.

Empezamos a oír unos extraños cánticos, medio religiosos medio seglares. Al rodear unas rocas vislumbramos un grupo de nativos de unos veintipico miembros, semidesnudos y de tez bastante morena, que de pie y siguiendo las instrucciones de uno de ellos con pintas de ser el jefe, gurú o mesías, van entonando canciones en las proximidades de una caseta de madera y paja. La mayor parte de este étnico clan no nos ve, al estar nosotros agazapados tras una alta y encrespada roca, pero uno de ellos, arriesgándose a ser descubierto y penalizado, sí que habla con nosotros muy amigablemente y muy sonriente. Nos explica que han abandonado la ciudad y se han venido a estos apartados lares a desarrollar una vida precaria y espiritual al margen de los demás. Cuando le preguntamos que dónde nos encontramos como respuesta hará su aparición un enorme mapa con bastantes pliegues entre nuestras manos.

Consultando el mapa llegamos a la conclusión de que nos encontramos en Cuba. Aunque por las características geográficas del lugar y girando 45 grados el mapa resulta que nos encontraríamos en pleno corazón de Brasil. Finalmente la lógica y la correcta colocación del plano cartográfico nos revelan que efectivamente estamos en Cuba, y no muy lejos de la costa. Nos ponemos pues en marcha, con la intención de hallar la manera más rápida de regresar a Europa, a España.

Atravesando parajes y quizá alguna selva en un santiamén llegamos a la ciudad. Una ciudad de casas bajas, no hay edificios altos. Vamos caminando en fila india por la calle principal (primero David, luego Albero, después Gus y el último yo) con prisas y con la intención de coger a tiempo el próximo tren. Más allá de hileras de casas, incluyendo la casa presidencial, de vislumbra a un kilómetro de distancia aproximadamente el ancho y radiante océnao, de un azul intenso y precioso. Yo voy maravillado con los paisajes, las calles, todo lo nuevo, mirando aquí y allá, embrujado, fascinado, mientras mis colegas no se detienen ante nada, presurosos, con lo que corro peligro de quedarme rezagado y perderles la pista. Intento retener en mi retina las maravillas que voy viendo, repitiéndome alucinado, sin terminar de dar crédito, que al fin he visitado el continente americano, tan distindo al europeo.

La ciudad está atestada de gente, de negocios abiertos. Ni siquiera nos detenemos a comprar souvenirs o a adquirir el necesario tentempié. De hecho tenemos que manejarnos con cautela y en el anonimato, no debe notarse que somos extranjeros. Es más: no podemos comprar nada porque sólo tenemos la moneda española y pagar cualquier cosa en pesetas nos pondría inmediatamente en apuros, impidiendo ciertamente nuestra salida de aquí.

Ahora (o quizá fuese antes de llegar a la ciudad) nos desplazamos los cuatro en la parte trasera de una furgoneta tipo jeep. En breve llegamos a la estación de trenes. Frente a unas escaleras mecánicas parece que he perdido la pista de mis amigos. Pero no, menos mal, localizo a Albero algo más abajo, descendiendo por la tercera escalera mecánica consecutiva. Finalmente hemos llegado justo a tiempo y ya nos encontramos en el tren, que acaba de arrancar. Por un momento creo que el tren atravesará por un túnel el Océano Atlántico, pero resulta que este tren se dirige a los Estados Unidos, desde donde cogeremos un avión que nos devuelva a Europa. Vuelven mis miedos con lo de viajar en avión, pero la solución sigue siendo que vaya como vine: profundamente dormido.

viajando por los Estados Unidos, sus paisajes, sus campos, sus maravillas
Durante unos instantes mis amigos han desaparecido, regresando en seguida: habían ido a abastecerse de los inaplazables alimentos. Les pido que me den algo de lo suyo que en un rato iré yo al restaurante del tren. Gus, sentado a mi lado, me dará parte de su comida. Ahora, desde la ventanilla del tren, sin paranoias, sigo embrujado viendo los vastos y amplios campos norteamericanos, embelesado, fijando detalles, feliz con este fortuito viaje que me ha permitido "tantear" el continente americano...


Aparte de este sueño, antes o después, he soñado por un lado con mi casera, que tenía la intención de echarnos de la vivienda a primeros de septiembre u octubre. Pero hablando por teléfono con ella hemos conseguido que no nos largue a condición de que hagamos una inversión de 300 euros en la vivienda. Condición que acepto inmediatamente, porque ese dinero ya está invertido con los aires acondicionados que instalamos.

Y por otro lado sueño con la representante Isabel Navarro que me encargará la realización de otro videobook.
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Sueños (98): Con una arquitecta y problemas graves en los pies

sueño con una arquitecta y que me dan un diagnóstico de problemas graves en los pies
Me hallo en un campus universitario, donde entre edificios se extienden amplias zonas de césped. Me encontraré con Mónica Diago, una clienta mía arquitecta. Un encuentro raro, en el que me justifico de algo con ella. Algo después, al pie de un edificio vuelvo a encontrármela. Me invento una excusa para que no crea que la estoy siguiendo. Sin quererlo o sin poder evitarlo me salen comentarios irónicos, como si de alguna manera la tildase de pija. Poco a poco vamos rompiendo el hielo y acabamos estando en buena compaña, sin acritudes o susceptibilidades.

No sé dónde nos encontramos ahora, ya que en este sueño, los espacios van cambiando que da gusto, provocando una sensación de irrealidad e intangibilidad, una sensación de cubismo móvil y desdibujado. Por ejemplo ahora estoy en una mansión, al parecer de mi propiedad, en la parte trasera que da a un voluptuoso jardín, donde me tumbo plácido a tomar un sol picante, de espaldas a la civilización, que se encuentra a varios kilómetros de la fachada de la mansión, al otro lado del jardín. Así la residencia es como un dique que aísla la intimidad del jardín del mundanal y lejano ruido de la urbe. Se ve a vista de pájaro todo esto, la loma donde se ubica el caserón de lujo, la situación del espléndido jardín y en lontananza la gran metrópoli.

Volviendo a Mónica, ahora yacemos tumbados en el césped universitario. Al poco estaremos en el interior de un edificio, donde aparece mi amigo David Pastor. Según parece yo le estaba esperando. Le paso mi novela "Penetraciones", invitándole a que abra el libro por cualquier lugar y comience a leer. Y eso hace, encajándose con gran interés en la lectura. Mas ha escogido unos párrafos en que hablo de nuestro amigo recientemente fallecido Meki, y David al ir leyendo esto comienza a llorar como un desesperado, a lágrima viva y abundante, sin poder contenerse, completamente desconsolado, imparablemente, mientras avanza en la lectura. A mí me da algo de bochorno el llanto de David, estando Mónica presente, e intento calmarle rápidamente.

Algo después Mónica me dirá que sabe hacer no sé qué técnica curativa para los pies, llamada hirikunishi o algo similar, un nombre medianamente largo y con muchas íes. Y procede a aplicarme unos curiosos masajes y pellizcos en los pies que poporcionan gusto y multitud de exquisitas sensaciones placenteras y curativas.

Es el caso que a partir de aquí iré, creo que acompañado de David, a la consulta de un gran diagnosticador de problemas en los pies (en la sala habrá más testigos), que valiéndose de singulares máquinas y artilugios termina extrayendo una ilustración representativa de las zonas dañadas que hay que tratar. La imagen que me corresponde, colocada sobre una especie de caballete, es preocupante. En dicha imagen mis pies están retratados con muchas ortopedias por todas partes, de tal forma que mis peanas parecen pies de robot. El médico experto me indica que mi caso es muy grave. Que habría que hacer esto y lo otro. Yo, ansioso, voy preguntando por los posibles remedios.

Por asociación, en lo que podría ser un siguiente capítulo del sueño, decido hacer deporte, sobre todo para fortalecer mis pies. Decido que cuando me dirija a cualquier sitio, en vez de ir caminando, avanzaría a media carrera. Y así me desplazo por la calle de una pequeña ciudad, hasta dar con el final de esa calle al pasar un esquina. La calle termina en un ancho mar, que ahora tiene las aguas tranquilas, con lo que no puedo seguir mi trayecto. Por la presencia del profundo océano (sin transiciones ni playas -como en Venecia-) colijo que estoy en la provincia de Cantabria.

Ya en Madrid determino jugar al tenis con frecuencia para hacer el necesario ejercicio físico. Para tener contrincante hablo con Javiertito, pero no parece estar muy por la labor. Habrá un deplazamiento por la ciudad hasta unas canchas de tenis, que no me serán accesibles, con lo que tengo que dirigirme a otras instalaciones deportivas.
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Sueños (97): Participando en una orgía

en una bacanal con algunos compañeros y prostitutas (sueño)
El sueño se desarrolla en una espaciosa casa, donde, principalmente en el amplio salón, hay multitud de parejas y grupos, liándose y revolcándose unos con otros, en una singular y tranquila bacanal. Yo, de momento, participo más como testigo. No me interesa mezclarme en estos montones humanos. Mi interés se centra en una sola chica o mujer, que yace tumbada entre otras prostitutas sobre un gigantesco colchón que reposa en el suelo (prácticamente todo el suelo de la estancia está cubierto de colchones de distintos tamaños). Aunque se trata de una orgía, donde en principio cualquiera se puede liar con quien quiera, la mayoría yacen tranquilos, sin practicar sexo, en placentero y animado reposo. El grupo está compuesto por varios antiguos compañeros de interpretación y algunas lumis, que no parecen estar cobrando por servicio. En un colchón cercano al colchón de las putas, ya más alejado de la puerta, al fondo de la sala, se encuentra Paloma en otro grupito. El número de mujeres es mayor que el de los hombres, digamos que el triple.

Finalmente me acerco, algo dubitativo por temor a ser rechazado, a la putita que me atrae, el único objeto de mi interés sexual. Me tumbo a su lado, entre las demás rameras, algunas de ellas desnudas, otras cubiertas con sugerentes lencerías, y comienzo a tocarla con suavidad y pasión. Ella se gira y veo, de manera brusca, su sexo desnudo, quizá rapado el pubis, y su ano. Ella se entusiasma con mi dedicación y dice algo como "vaya, realmente te gusto, realmente te gusto". Aparece un tío en el mismo colchón, de pie y con el falo erecto completamente embutido en látex de color azul, mientras una de las putas, relamiéndose, comienza a jugar con su pene, asiéndolo, dándole lametones.

Yo sigo, excitado, palpando y tanteando a mi chica elegida, especialmente su esponjoso trasero, mientras ella se deja hacer, pero... no hay protección, no hay preservativos, lo cual no deja de extrañarme, y temo que me contagie una enfermedad venérea. Así que me debato entre dejarme llevar y frenar mi deseo. Y acaba ganando lo segundo. Justo cuando se iba a producir la penetración, estando ella encaramada en cuclillas sobre mi sexo, aparece, como en la pantalla de un ordenador, una ventanita emergente (oscureciéndose el resto de la pantalla) con un aviso que detiene y censura el contenido de lo que estamos viendo. Y ahí termina mi escarceo amatorio con la meretriz.

En otro momento, pasando por el cuarto de baño, bien grande, veré a dos tíos magreándose. Y al final del sueño, en otro contexto, el novio de Rachels, estando ella también presente, me irá enseñando una serie de fotos. Fotos normales y familiares de viajes o cosas así. La última de las fotografías, que haré que desaparezca rápido de mi vista (por no ser indiscreto con las intimidades ajenas y que no descubran mis sensaciones o intenciones) es una imagen porno, donde dos parejas, en una enorme cama, en paralelo y en posiciones idénticas, están en pleno coito. Una de esas parejas es la de Rachels y su novio. En la foto, las dos mujeres están encima de su respectivo hombre que yace tumbado. Ambas, de espaldas en la fotografía, tienen el rabo de su novio introducido en su vulva, mientras con el cuello girado miran pasivas al objetivo de la cámara.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
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Sueños (96): Matando monstruos y Gonzalo Torrente Ballester fumando

Ayer soñé con Gonzalo Torrente Ballester, que a sus 80 años y bastante consumido, aunque sin dejar de tener un brillo juvenil y sonriente en la mirada, se encontraba en una cama de hospital, en lo que presumiblemente parecían sus últimos momentos, acercándose su final. Estaba feliz porque le habían permitido fumar un último cigarrillo en su lecho. Con verdadero deleite aspiraba el humo y sonreía con intensidad, con placer, con jovialidad, alejando por instantes las sombras de la muerte, que quizá todavía estuviese lejos. Se trataba de la retransmisión de una noticia en la televisión, pero lo veíamos muy cercanamente, casi como si estuviésemos viéndole a los pies de la cama en la misma habitación. Siendo él, como lo era, su rostro era sin embargo distinto.

el sueño de matar monstruos terroríficos y futuristas, y el sueño de Gonzalo Torrente Ballester fumando su último cigarrillo en una cama de hospital
Hoy he soñado que, a modo de videojuego, pero en la vida real, nos internábamos por galerías futuristas, túneles, oquedades y espacios bastante oscuros, tenebrosos, como de otro planeta, y teníamos que matar toda suerte de monstruos terroríficos para abrirnos paso. Me acompañaba una mujer, bastante más temerosa que yo y paralizada en determinados momentos por el pánico. Quizá se tratase de Eva. Para acabar con semejantes engendros repugnantes y extrañísimos, nos servimos o bien de los golpes que prodigamos con palos o bien de un arma que emite rayos láser. Los "bichos" son de distintas formas y tamaños y distan de ser seres vivos conocidos. En cualquier momento y desde cualquier rincón van apareciendo, normalmente con movimientos lentos y torpes, según avanzamos vigilantes y con cautela. Uno de estos indescriptibles seres amorfos que mejor recuerdo es una especie de mujer enana sin apenas tronco, con extremidades similares a las de un anfibio y que se desplaza arrastrándose como una gorda y atolondrada larva.
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