Sueños (105): La cena de lujo, el puente, algo de literatura y el robo

El sueño de la cena de lujo, el atravesar un puente terrorífico, consolando a un amigo escritor, dónde publicar una novela y el robo de nuestra vivienda
Estoy invitado por el representante artístico Paco San José a la cena de lujo que ofrece en su casa. Reunión a la que irán multitud de comensales, digamos que alrededor de una cincuentena de asistentes, quizá más. Yo he ido acompañado de mi madre y nos sentaremos en la mesa redonda de uno de los extremos, entre otros invitados. La manera de servirnos, la cubertería y la vajilla, la ambientación, incluso la iluminación, están dispuestos y regidos según la más alta etiqueta aristocrática. De hecho, Paco San José, cada dos por tres, muy ceremonioso y a modo de manual del experto, estará explicándonos, a veces subsanando algún error del servicio, cómo se hace cada cosa según las normas de la alta celebración. La comida se va acabando rápido, mientras yo, en plan glotón, voy repitiendo de lo uno y de lo otro. Bebo vino, después una muy apetecida cerveza.

Alrededor de las 2 de la mañana la velada ha terminado y tras irse evaporando poco a poco la concurrencia del alargado salón, ya sólo quedamos tres: el mismo Paco, un amigo cercano suyo y yo. Paco da la fiesta por concluida, mas su amigo no da crédito a que la cosa termine aquí, ya que normalmente, una vez vaciado el salón, como solterones juerguistas salen de copas hasta las tantas de la madrugada. Ya me veo moviéndome por locales y zonas nocturnas vip bajo el pupilaje de Paco San José... pero no, Paco se mantiene firme: no habrá escarceo nocturno hoy.

Ya ha amanecido. Amablemente, Paco San José, abandonando durante un rato a sus invitados, nos acompaña a mi madre y a mí a la parada del autobús que cogeremos para regresar a casa. Iremos caminando los tres por la acera, en paralelo a los coches que pasan. Yo quiero detenerme ya, pero Paco y mi madre siguen andando, con lo que nos acercamos al puente que hay sobre el río y el tráfico y que me da pánico y ataques de ansiedad cruzar. Mi madre sabe perfectamente lo que me supone a mí atravesar el puente, pero me ignora insistiendo en avanzar. Me enfada mucho su actitud evasiva y me obliga, contra mi voluntad inicial, a poner en evidencia mis problemas y traumas delante de Paco, que se quedará muy sorprendido. Sin embargo hay suerte y en paralelo al puente se extiende un amplio parque que nos lleva al otro lado, con lo que evito el terrorífico trance.

Más adelante sueño que soy camarero de un inmenso hotel y que mi larga jornada ha terminado. Saldré un momento a un patio (o azotea) cubierto de césped. Quizá a fumar un cigarrillo. Habrá situaciones bastante movidas a partir de aquí, pero las he olvidado por completo.

Y cambiamos de escenario. Eva y yo hemos instado a mi amigo Javier Fernández Aracama a que venga con nosotros para animarle un poco que se encuentra bastante alicaído últimamente. Nos situamos a ratos en nuestra casa, a ratos en una especie de inmueble vacío. Es de noche. Le hablo a Javier de todas las innumerables ventajas de haber publicado mi novela en la plataforma de Bubok con la idea de convencerle para que edite ahí sus libros. Conseguimos que el pobre Javier termine por entusiasmarse mucho. Le digo que retire un libro suyo que anda por la Facultad de Bellas Artes (o algo similar), que eso no le va a reportar nada interesante. Luego con cierto cinismo le preguntaré si ha terminado ya su libro. Evidentemente, no. Aunque -como siempre- asegura que ya casi lo tiene listo, vamos que hoy, esta misma noche, lo termina. No le contradigo a sabiendas de que no lo va a finalizar, ni ahora ni nunca. Al final Javier, nervioso y entusiasta, decide marcharse en coche a sus aposentos. Tiene prisa porque además, según nos indica con cierto reparo, se está cagando.

Y ahora, como otras veces, regreso a casa con Eva. Nuestro pequeño hogar está ubicado (en el sueño) en un semisótano y su espacio apenas llegaría a unos 30 metros cuadrados (de alguna manera hay paralelismo con el piso de la corrala de la calle Peña de Francia donde viví hace años). Mientras nos acercamos a la vivienda voy contándole a Eva la última de mis conclusiones: y es que siempre estoy manejándome entre los extremos: o estoy cansado o estoy muy motivado, o tengo una gran locuacidad o soy incapaz de pronunciar una palabra, o soy totalmente optimista o gravemente pesimista, y así enumerando un montón de contrarios.

Nada más llegar a nuestra puerta, notamos que está ligeramente entreabierta. Y al abrir compruebo lo que he estado temiéndome que pasaría cualquier día de estos al volver al hogar. Así es, ¡nos han robado! El piso está completamente vacío. Lo úncio que han dejado, para mi gran tranquilidad, son mis ordenadores, que separadas sus piezas y amontonados junto a una pared, parecen intactos. Pero me llevo el gran susto al no ver la parte más importante, la que contiene mi disco duro con todos mis archivos... y sobre todo mi novela... Vuelvo en mí cuando algo más allá vislumbro mi torreta del pc tumbada sobre el suelo. Buf, menos mal. Ya estoy pensando en ponerme de inmediato a reinstalar todo para asegurarme de que mis aparatos no hayan sufrido daños...
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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