Sueños (125): Grietas y túneles de metro

Grietas, túneles de metro y un accidente
Llego a un andén de metro sin apenas iluminación, muy oscuro, algo derruido, con toda la apariencia de encontrarse medio abandonado desde hace mucho tiempo. Las escasas figuras que pueblan el andén, aquí y allá, son maleantes o al menos, gente de mala catadura. Busco dónde situarme, apartándome todo lo que puedo de estos sospechosos personajes. Al girar antes por un arco me topé con otro siniestro malhechor, con aspecto de yonki, quizá el más temible de todos los presentes.

Algo más tarde, también entre los entresijos de este tétrico metro, quizá en el mismo andén anterior, me encuentro junto a dos tipos que serán desconocidos o irreconocibles, aunque debemos formar parte de un grupo determinado. Se aproxima un tren a toda velocidad justo cuando uno de los nuestros está entre las vías. Y no podrá escapar ni el conductor pisar el freno a tiempo. Con lo que la locomotora le alcanzará de lleno produciéndose un tremendo impacto, y, cosa curiosa, al chocar, en vez de salir propulsado hacia delante, el accidentado describirá una gran parábola proyectándose hacia atrás, por encima de los vagones, cayendo muchos metros más allá, justo al otro lado del largo andén. Varias personas irán corriendo hacia el lugar en que se halla el siniestrado, que inexplicablemente seguirá vivo y además sin daños, ileso, sólo un poco aturdido. Se pondrá en pie tras unos instantes de conmoción.

No sé si viendo algunas grietas en los techos de los túneles o si ya hablamos de otra secuencia distinta que vendrá a continuación (creo que la primera opción ya que la asociación mental encaja de alguna manera), el caso es que hay unas largas grietas estampadas en el techo de mi habitación. Temo que el techo se hunda antes o después. Mi amigo Javier Fernández Aracama se sube hasta el techo y comienza a tirar con fuerza del saliente de una hoquedad para comprobar la resistencia de la techumbre. A la cuarta sacudida una parte del techo se derrumba sobre la cama, dejando un bonito hueco por donde se ve el piso del vecino de arriba, concretamente una sala llena de cajas de embalaje. Yo me enfado bastante con la improvisada iniciativa de mi amigo. A ver cómo arreglamos este desaguisado ahora... Y me quedo sin intimidad, hasta para hacerme una paja (eso pienso en el sueño) corro el riesgo de ser avistado por el vecino... Aparece ahora Eva en escena, viendo el percal. Por un momento abriré los ojos y comprobaré aliviado que el techo cuadrado de mi habitación permanece intacto (en la realidad, claro).
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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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