Sueños (145): Aventura con Ras

Infidelidad en la intimidad
Estoy con Ras en una cafetería sentados a una mesa, muy próximos el uno al otro, charlando en plan amigos. De pronto hay un momento de mucha cercanía, nuestros rostros casi pegados, nos miramos fijamente, surge el impulso irresistible y nos besamos. Es un beso corto, intenso, que parece que durante mucho tiempo había sido postergado, desde hacía mucho se trataba de una realidad latente que esperaba su turno para aflorar desde el inconsciente y tener su oportunidad para manifestarse. Algo que deseábamos tanto ella como yo, aunque no podíamos admitirlo. No obstante, me da la sensación de que ella ya tenía este paso meditado, madurado conscientemente.

A partir de este beso estamos embarcados en una relación que promete ser fructífera y sólida, pero hay inconvenientes. Por un lado está su novio, ¿qué pasa con su novio? Me costará bastante preguntarle sobre esto. Quizá sea mejor no saber. Sin embargo termino por hacerle la pregunta. Me explicará: oh, mi novio... pues lo dejamos y volvemos... pero es que es soso... muy soso. Lo que quiere decir que, antes o después, volverán a salir juntos, indiferentemente de que ella siga conmigo. Por el otro lado yo tengo mujer e hijo y no sé por qué cada vez que intento revelarle este gran inconveniente a Ras acabo por morderme la lengua. Es posible que no llegue a decírselo en todo el sueño.

Me dejará atónito el hecho de haberme liado con Ras. Realmente estoy plenamente enamorado de Eva. Somos muy complementarios y nuestra vida en común es casi perfecta, conociéndome ella y tolerando todas mis manías, ansias y rarezas. Dudo de forma fehaciente que pueda tener una compañera mejor, ¿entonces, lo que ha pasado con Ras? Llego a la conclusión de que lo de Ras es una inesperada y muy singular excepción, seguramente la única excepción posible. No se trata de un mero capricho o deseo prófugo. Hay con ella también una gran compatibilidad, algo difícil de darse, pero es distinta a la que hay con Eva. Un buen dilema, desde luego.

Con Ras, durante un día, todo va muy rápido, casi con la urgencia de recuperar el tiempo secretamente aplazado. Daremos un paseo por unos alrededores universitarios. Quizá abrazados o cogidos de la mano. Habrá otro instante en que ella estará en el cuarto de baño de una casa, de espaldas, arreglándose o pintándose, acompañada por una amiga suya, y contesta con desparpajo a las cuestiones que se le plantean en plan entrevista. Dirá algo como que tiene culo de tío. A mí no me lo parece, desde luego. La abrazo por detrás, pegando gustoso mi sexo a su trasero embutido en unos jeans.

No quería, pero no logro evitarlo: me quedaré toda la noche con ella, entregados a nuestra intimidad en la cama de una habitación de un piso compartido; jugando, riendo, hablando mucho. Yo intento pensar en muchas ocaciones, y con cierta angustia, cómo le voy a justificar a Eva mi ausencia nocturna. Seguramente utilice la excusa del trabajo, que me tuve que quedar toda la noche, etcétera. Medito en detalle para no dejar cabos sueltos que me delaten. En verdad que no es esta noche el problema real. Porque el encuentro con Ras supone, inevitablemente, prodigar más encuentros. Tan a gusto y enriquecedores resultan que nos conducen a profundizar, aunque nuestra voluntad se resista. Y esto plantea una disyuntiva terrible: lo cierto es que no puedo renunciar a ninguna de las dos, ni a Eva ni a Ras... Me veo abocado a mantener una doble vida, contra todo pronóstico.

Ya estoy con Eva (y Amador) en casa. Eva intuye algo. Revisa mi agenda o diario, donde tengo anotada y remarcada mi cita con Ras. Pensé en omitir esto, pero decidí ser fiel a mi libro de recuerdos. Tampoco hay nada concreto que me comprometa. Salgo airoso de las interpelaciones de Eva. Ella se calma al fin y deja de inquirir. Tras lo cual el sueño entra en otra fase. Estoy con Eva en una especie de barraca y nos instan a salir. Todo lo relacionado con Ras ha desaparecido, como si nunca hubiese tenido lugar. Borrado. Eliminado. Olvidado. Con mi chica suceden más variopintas situaciones que ya no recuerdo.
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