Sueños (163): Un casting y las provocadoras excentricidades de mi amigo Val

los métodos nada ortodoxos de mi amigo Val para conseguir trabajo
Estoy en casa, atareado, seguramente con temas de trabajo, cuando recibo la llamada de Luis Méndez. ¿Qué Luis Méndez? Luis Méndez Zori, el representante de actores, me aclara. Se pone en contacto conmigo para que vaya a un casting para un papel en una serie televisiva actual de éxito. El capítulo en el que saldría en el caso de ser escogido se grabaría el lunes que viene. Tengo mis dudas de cara a ir. Pero Luis insiste mucho, parece que tengo bastantes posibilidades de que me cojan. A mí me sorprende mucho este requerimiento, ya que ando algo retirado de la circulación, centrado en mi trabajo cotidiano. Pero Luis y su ayudante Javier del Pozo vieron mi videobook (ahora recuerdo que le dije a Javi cómo localizarlo) y les entusiasmó. Como me dice el mismo Luis: "eres muy bueno", dando a entender que están dispuestos a representarme y moverme como actor. No confirmo, de momento, mi asistencia al casting. Tras colgar el teléfono me lo pienso. La verdad que han halagado mis oídos y me apetece ir a la prueba, que será el siguiente viernes. Está el tema de mis ansiedades, pero qué narices, la mejor manera de salir de ellas es aventurarme, y de paso comenzar a retomar mi vida actoral. Así que decido ir al casting siempre y cuando no tenga que ir a la otra punta o a las afueras de Madrid. Permanezco pues a la espera de que me indiquen dónde hay que dirigirse para decidir definitivamente.

Voy a salir a la calle. Estoy en el recibimiento de un piso de aire clásico con el suelo de parquet, que es el despacho de una representante artística que conozco (creo que clienta mía). Me quedo un momento frente a la puerta de la calle, simulando estar abstraído, y escuchando lo que esta mujer habla por teléfono. No quiero que se entere de mi asunto con Luis Méndez, no vayan a despertarse susceptibilidades. Ella se quedará bien extrañada de que no haya salido detrás de los demás y permanezca quieto, supuestamente absorto, de espaldas y frente a la puerta. Me dirá algo y es cuando salgo de mi letargo y me marcho.

A plena luz del día, con las calles ahítas de peatones, abundante tráfico, atravieso una plaza concurrida para ir practicando. Sin problemas. Ésto me da ánimos. Instantes después me veo siguiendo a un chaval -al que conozco de alguna manera- que anda más rápido y se me está adelantando entre el gentío. El joven se detiene antes de doblar una esquina, aguardándome. Justo en ese momento desde la calle transversal descubro a mi amigo Valentín, que me está haciendo señas desde la puerta de un bar. Con movimientos del brazo le insto al chaval a que siga su camino que en breve le alcanzo, y es lo que hace, avanza, se pierde tras la esquina y ya no podré localizarle. Me reúno con Val. Posiblemente tomemos algo en la barra del bar.

Acto seguido Valentín asume el protagonismo de la acción, convirtiéndome yo en testigo suyo. Nos hallamos en una oficina con bastantes empleados. Muy similar a una sucursal de banco. Cerca de la entrada hay una enorme mesa que hace las funciones de secretaría para atender a los clientes. En breve mi amigo será sometido a examen realizando una prueba atendiendo a un cliente. Pero no dará pie con bola, su actuación será bastante torpe e incomprensible. Me anonada que Val realice semejante tentativa para que le contraten, ya que tiene un negocio próspero y no necesita este curro. Pero él está empeñado, no sé por qué.

En la siguiente prueba con otro cliente, en este caso femenino, tendrá más suerte mi amigo. Afronta el reto de manera muy arriesgada y poco ortodoxa. Al principio los miembros de la oficina, todos reunidos al fondo contemplando muy atentos las acciones del aspirante, se escandalizan con las preguntas y retóricas tan agresivas y comprometidas que emplea Valentín con la recién llegada. Tras un diabólico sondeo, mi colega saca a la luz informaciones muy documentadas y novedosas que causan un gran asombro y aceptación entre los testigos. Todos convienen en que si bien el examinado no se conduce según las normativas y las conductas más lógicas y respetuosas, más bien utiliza métodos siniestros, atípicos y provocadores, sin duda tiene un enorme potencial de cara a desarrollar una eficacia sin precedentes.

Sin embargo aún resta la última de las pruebas. Una especie de comprobación de la capacidad para adaptarse al ambiente de trabajo que se respira aquí. De vez en cuando, fuera de la oficina, se organizan veladas distendidas entre los trabajadores en las que uno de los miembros hace un pequeño espectáculo con una canción. Una mujer cantará maravillosamente a modo de ejemplo. En un pasillo apartado de la sala principal el público espera la actuación de Valentín, que una vez más romperá moldes. Emergerá completamente travestido y entonando una ambigua y altisonante canción típica de cabaret. Esto se tomará como una burla peligrosamente irrespetuosa con la figura del jefe. Mas una vez más la irreverencia de mi camarada termina por seducir a la concurrencia. El siguiente paso será dilucidar en un aparte si Val es admitido o no, aunque una de las empleadas, de forma condescendiente y risueña, ya bosqueja que van a inclinarse claramente por la admisión.

Antes, después y entre medias de lo narrado suceden más incongruentes andanzas, pero al despertar, se esfuman de mi memoria, huyendo rápidas como un gas.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Tu amigo Val rompe moldes.

    Ester


  2. pepeworks Says:

    Además que sí. Y no sólo en sueños, en la realidad exactamente igual!
    Besos!


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...