Sueños (164): Raúl y El thriller del escritor inglés

El thriller del escritor inglés que huye en un descapotable antiguo de color rojo tras cometer un asesinato
Estoy en una fiesta celebrada en una sala tipo discoteca. Las luces son sesgadas con lo que reinan amplias zonas de oscuridad, el espacio está lleno de gente. Puede tratarse de una fiesta fin de curso o fin de año o algo similar. Por aquí circulan Roberto y Susana de E.M.M. Algo -que ya no recuerdo- trato con ellos. Aunque conozco a muchos de los presentes, ahora no los reconozco. La parte central del lugar está repleto de sofás contrapeados y con un cierto desorden. Yo ando repatingado en uno de estos sofás y justo en frente me encuentro con Raúl, de Cambalache. Y él se acuerda perfectamente de mí, al cabo de tantos años. Veo que un poco más allá está su inseparable amigo Robert, el pinchadiscos de Cambalache. Nos saludamos con euforia Raúl y yo. Muy entusiasmado le cuento cómo un día logré colarme en la cabina del disc-jockey de Cambalache y me puse a pinchar discos, más feliz y realizado que un poseso.

Compruebo cómo Raúl conserva la misma elegancia física y estética de entonces. Alguien con mucho carisma que cambiaba radicalmente de look cada cierto tiempo manteniendo siempre su impronta y un perfecto estilismo. Los años dan la sensación de no haber pasado por él. Sigue muy atractivo y dinámico, delgado, con su sonrisa magnética y poderosamente juvenil. Me pregunto en qué formas de vida andará metido actualmente (algo que también cambiaba camaleónicamente con frecuencia). Según entreveo, fijándome en su aspecto, un pelín huesudo al transparentarse la ropa bajo la luz de un foco clavado a la altura del suelo, que quizá haya retomado algunos mundos de la droga. Poco después se marchará subiendo por las escaleras que llevan a la calle y una vez más ha cambiado de look, en un santiamén. Ahora viste como un gurú de los años 70, con un inmenso pelucón microfónico sobre la cabeza. Como siempre, intachable, impecable en su aspecto nazca de la moda que nazca.

A continuación, por unos instantes me identifico con un escritor inglés, cincuentón, de barba espesa y cana, y algo barrigudo, que se encuentra en los sofás del otro lado. Por su edad desentona bastante con el resto de la concurrencia. Exclamará algo en alta voz, alzándose por encima del ruido imperante. En breve, el escritor adopta el protagonismo absoluto de una acelerada acción que cambia vertiginosamente de escenarios. Se verá envuelto en una especie de thriller. Primero se disgustará muchísimo con su amada hija quinceañera, echándole una acre bronca, porque en un descuido le han robado a la chiquilla un montón de billetes de goloso dinero que estaban escondidos en el fondo de un maletín negro. Ella ni se ha dado cuenta del hurto hasta que su padre lo ha descubierto.

El escritor reaccionará de súbito y subiéndose a su coche, un descapotable antiguo de color rojo, alcanzará a los ladrones, que tienen el automóvil detenido, quizá por avería, al borde de una cuneta de una carretera desierta. El extranjero no sólo recupera su dinero -fundamental para su carrera artística- tras artimañas y un rápido forcejeo, sino que envuelto en la refriega acaba asesinando a uno de los dos rateros. Se ve inmediatamente obligado a huir. Se nos cuenta cómo en apenas cuatro horas al volante ha llegado hasta la otra punta de Europa del este, conduciendo furiosamente, sin detenerse, destilando sudor a raudales.

Ha llegado a su hogar, a una tranquila y no muy grande hacienda que posee en la campiña inglesa. En un rápido giro resulta que no, que donde ha arribado, tras atravesar carreteras y zonas de playa, es a un lugar indeterminado al otro lado del charco, es decir, en los Estados Unidos. Y ahora nos está explicando, tras volver, de nuevo, a su casa en Inglaterra al cabo de los años, su biografía, el cómo logró triunfar y hacerse un nombre en el universo literario. Va narrando su historia mientras deambula por su pequeña finca, llena de lejanos recuerdos. Al lado de un cobertizo nos aclara con contundencia de aforismo: "La mayoría de los escritores han triunfado volviendo a su hogar original, en mi caso ha sido al contrario, he tenido que alejarme a miles de kilómetros de mi entorno natal para escribir mi gran obra y lograr el éxito".

Vemos algunos momentos de su pasado al lado de su hija. Y hay una historia con perros. Se proyectan alternadamente imágenes de tres o cuatro perros de distintas razas y tamaños. Un chucho y un perro mediano. Un perrillo y un gran perro. Deben haber sido sus compañeros de viaje, sustituyéndose unos por otros en el devenir de unos segundos o de unos años.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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