Sueños (166): Isaac con la cara blanca y el váter teletransportador

el sueño de Isaac con la cara blanca y el váter teletransportador
Visitaré a Isaac en su casa y juntos debatiremos y estudiaremos cuestiones de trabajo que tenemos pendientes. Poco a poco de lo laboral vamos pasando a lo lúdico. Empezamos por permitirnos ironías y bromas jocosas sobre nuestros clientes. Pasamos al cachondeo y a la juerga, puede que bebiendo algo, hablando ya de temas más personales. Por la casa, de habitaciones con muebles de aire rústico y grandes cortinajes en las ventanas dejando pasar poca luz, ronda su madre, con la que vive. Es una mujer de carácter que de cuando en cuando se entromete en nuestras chanzas o nos espía. Al parecer tiene un poco sometido a mi colega.

Por la tarde, o quizá al día siguiente después de haberme quedado a dormir, me encuentro a Isaac en el salón metido dentro de una caseta de cartón imitando una caseta de perro en la que cabe agachado. Sonriente, contento, juguetón, tiene la cara completamente blanca, como si se hubiese puesto maquillaje de payaso. Sólo la cara, el cuello ya es de color normal, con lo que no deja de dar la sensación de que se ha pintarrajeado. Asustado, se lo hago notar. Sí, lo sabe. De cuando en cuando le sucede ésto, que sin explicación, como si se tratase de una extraña enfermedad, se le pone la geta así de blanca. Lo pienso y sí, creo recordar que ya me contó algo al respecto.

Hay una llamada telefónica de mi hermana, no sé en qué momento. De alguna manera está relacionada con la piscina de los Hábitats de Alcorcón y los soportales que conducen a ella. Creo que voy a entrar o entro en el recinto de la piscina...

Llega el momento de regresar y dejar a Isaac. Para ello me introduzco en un cuarto de baño que es como una barraca campestre. Me siento en la taza del váter. Ya otras veces, desde este retrete, con un poco de concentración abstracta he conseguido teletransportarme y reaparecer en otro inodoro a kilómetros de distancia. Lo malo sería que hubiese alguien en el cuarto de baño de destino ya que aparecería sentado sobre sus rodillas... Ahora pongo mi mente en ello, sin pensarlo directamente y el efecto tarda un poco más, pero al cabo sí, nuevamente la teletransportación ha funcionado. El entorno y el paisaje han cambiado.

Me interno por unos solares con edificios en construcción. Estoy en una zona próxima o similar a la casa de mi madre, donde seguramente me encamine. Es peligroso caminar entre las obras. Un obrero me alerta al pasar por un tramo con el suelo aceitoso y rodeado de altos rollos de pétreo material. Sigo deambulando por aquí, entrando en los entresijos del esqueleto naciente de una de las edificaciones. Según voy subiendo las partes del inmueble están más terminadas y detalladas, adquiriendo la fisonomía de un hotel.
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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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