Sueños (168): Estafadores

Los estafadores y la furgoneta a modo de intercambio
Llega a mi negocio una pareja. Él es un tipo espigado y completamente calvo, aunque en algunos momentos será pelirrojo. Ella es una mujer alta y elegante, medianamente guapa. Desde el principio se muestran muy amigables. Él exclamará al entrar y ver mis estantes llenos de productos de papelería y otros enseres: "vaya, cómo has crecido". Ésa será una tónica general, que se comporten como si fuesen viejos conocidos. Y no sé cómo lo hacen, pero rápidamente se ganan mi confianza y mi simpatía, y mis ganas de ayudarles.

Vienen a proponerme una especie de trueque. Según me explica él, se ve en la obligación de desaparecer, que no le encuentren, no se muestra nada claro sobre los motivos. La idea es que yo de alguna manera le suplante. A cambio me ofrece (me ragala o me presta) una furgoneta grande, próxima a las dimensiones de un camión, llena de cachivaches de todo tipo. La furgoneta (que me muestra en una calle del Parque Lisboa de Alcorcón) me resulta muy golosa para mi uso o para mis negocios aunque no tengo carnet de conducir. El problema es que no dispongo de plaza de garage para guardársela. Además del vehículo me dejará otras pertenencias suyas.

Todo resulta muy atractivo y convincente, pero... quiero saber más. Si le suplanto, ¿con qué me puedo encontrar? ¿Necesita desaparecer por problemas con la policía? ¿Problemas con el mundo de la droga? ¿Algo relacionado con presos políticos? Éste es un gran interrogante que hay que solventar, ya que todo esto repercutiría luego en mí y no quiero sorpresas desagradables o nefastas ratoneras. Sin embargo ambos se muestran muy escrupulosos de cara a explicar sus verdaderos motivos. Empiezan a decir, mas se callan sistemáticamente. Imagino que esto se debe a que tenemos poca intimidad, ya que mi madre acaba de llegar a la sala de espera donde nos encontramos, espacio con bancos pegados a la pared. Esta estancia de a ratos se transforma en nuestra vivienda.

Mi madre está algo impertinente. No para de hablar para que le hagamos caso. Termino por perder la paciencia y ser brusco con ella para que se calle. Y ella se siente herida y continuamente está iniciando quejas en voz alta. Yo la sigo instando a que cierre la boca que estamos tratando asuntos importantes, que nos pueden permitir unos buenos beneficios familiares. La mujer acompañante hace muecas de desagrado y despectivas sobre mi madre. Eva procura suavizar un poco el tenso ambiente.

Al fin me encuentro en un aparte con los dos visitantes en un despacho. Aún así siguen mostrándose ambiguos con las razones que les obligan a borrar el rastro "legal" de él. Sigo haciendo conjeturas, intentando adivinar. Pasa el tiempo sin resultados que me inclinen a decidirme y yo tengo que hacer otras cosas. Iré despachándoles. Quedamos en que me pienso todo lo que me han planteado y que les avisaré cuando haya tomado una resolución. Evidentemente hay muchas lagunas oscuras y tendré que buscar información por mi cuenta. Por el pasillo de entrada vemos Eva y yo cómo se aleja la pareja.

Una vez han salido, nos aproximamos a la puerta de la calle y echamos un ojo para espiarles. En la acera de enfrente, que a su vez es una sala donde los dos extraños comparten su intimidad vemos una escena algo delirante. Ambos yacen desnudos y fornicando. Él esta debajo, boca abajo, mientras ella encima le mete por el culo un buen consolador que tiene atado a la cintura. Él goza y gime como una perra. Después ella le porculizará con una manguera o una rama zigzagueante bastante grande, que agita, hinca y remueve con la mano. El calvo chilla de placer, retorciéndose como una anguila. Dejamos de observarles, entre sorprendidos e indiferentes, y volvemos a nuestra rutina.

Algo después (han pasado unas horas, digamos que es por la tarde) la pareja famosa vuelve a irrumpir en mi negocio. Ésta vez se manifiestan con mucha presión y agresividad. Me está empezando a oler muy mal este asunto. Casi me están obligando, de malos modos, con amenzas, a que acepte su siniestra proposición. Saldré a la defensiva con aplomo, con la fuerza y la determinación de un padre de familia que defiende a los suyos. Alzaré bastante el tono de voz. Y les argumentaré que no estoy en aboluto obligado con ellos, ya que "¿acaso os conozco?, ¿Eh, acaso os conozco de algo?". No hay lazos familiares, ni de amistad, ni afectivos, por mucho que ellos se hayan presentado como colegas de toda la vida. Mi combatividad les aplaca y vuelven a irse.

Inmediatamente empiezo a temer represalias por parte de estos dos individuos o que cumplan alguna de sus terribles amenazas. Busco a mi hijito Amador para cerciorarme de que no le han hecho mal alguno. En un aula de colegio (similar también a la nave central de una pequeña iglesia), donde de pie frente a los pupitres hay muchos asistentes, niños y adultos, llamo a voces a mi hijo. Eva está presente unos asientos detrás de mí. Voy por el pasillo central hacia la pared del encerado y entre el bullicio de los presentes, entre las cabezas de padres que tapan la visibilidad, veo a mi chiquitín sano y salvo. Y ya estamos los tres en el pasillo de nuestra casa.

Al cabo recibo una llamada de teléfono. De nuevo, el calvo, con su mujer al lado, vuelven a las andadas, aunque ésta vez muy suaves y modosos. Sin armar escándalos, hablando con tranquilidad y buen entendimiento. Yo les respondo afablemente, disimulando que ésto ya me está resultando muy molesto y más que sospechoso. No cabe duda que tanta insistencia oculta intenciones inequívocas y nada buenas. Pero me hago el tonto para sondearles. Les preguntaré que qué es lo que necesitan. Ellos me aclaran que requieren varias cosas mías, ciertas claves y también tener acceso a mi cuenta de Youtube. ¿Mi cuenta de Youtube? -digo asombrado-. Sí -afirman-, y las claves de otras cuentas, así como las claves bancarias, tarjetas de crédito, etcétera. Ajá -pienso-, ésto es más que evidente que se está relacionado con una estafa en toda regla. De hecho, ahora que recuerdo, la semana pasada vinieron otros dos juntos con propósitos similares, solo que aquéllos eran poco hábiles y se les desenmascaraba en seguida. Traigo a mi mente otros casos de timos similares. Primero se ganan tu confianza y te camelan mediante intercambios sustanciosos, y luego te roban hasta el apellido. A pesar de mis pensamientos y certezas, con mis interlocutores sigo aparentando un aire ingenuo y dispuesto.
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► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
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