Sueños (173): Sexo universitario y el placer de la escritura

Trío con dos chicas en un aula de la Universidad
Puzzle de piezas en que no tengo claro qué viene antes y qué después. Empezaremos por un breve viaje en Metro. Atravieso algún pasillo y con paso quedo llego a un andén atestado de gente. Voy elegante y guapo. Causo interés.

Llego a la Universidad. Cruzo el hall. Entro en un aula grande con unos 40 alumnos. Varias chicas me contemplan, atraídas por mi impronta, mi galanería. Entablaré relación con un par de ellas que están sentadas a mi vera. Eva, unos asientos más allá permanece medianamente vigilante. No tardando mucho salimos de la clase. Las dos chicas, una morena y otra rubia, me acompañan. Hacemos sentada en un lateral, algo apartado, del hall principal, y charlamos con un cierto aire de complicidad. Una de las chicas, durante sólo un par de momentos, estaba sentada en una silla de ruedas. Hablamos los tres amigablemente. Sin venir a cuento, de sopetón, una de mis acompañantes hace una mención explícita, sin rodeos, al tema de "follar conmigo". Inmediatamente se ruboriza. Me aclaran que en el país de donde procede ella dicen las cosas así de directamente. Así que será extranjera. Le quito hierro al asunto, interesado ya en tener sexo con ellas, con las dos a la vez. Y ellas también participan de esta apetencia. Me preguntan que qué tal amante soy. Les responderé que la primera vez soy un poco desastre, pero que en los encuentros sucesivos mejoro muchísimo. Esto no debe hacerle gracia a una de las chicas, a juzgar por la cara de leve decepción que muestra, seguramente no contemplaba que habría un segundo encuentro. Acto seguido comienzan a tocarme. Pero las detengo. No, aquí no. Demasiado a la vista de todo el mundo. Estamos en la Universidad y eso quiere decir que hay muchos lugares que estarán despejados, donde no tendremos testigos. Así, emprendemos la búsqueda de un escondrijo donde no seamos vistos.

Nos introducimos por aulas y pasadizos. Encontramos una oquedad en una pared de ladrillo, un agujero por el que cabemos muy justitos, arrastrándonos a través de unos túneles. Llegamos a cavidades más amplias donde podemos asentarnos. Mas detrás de nosotros viene un grupo de estudiantes que se dirige a través de estos túneles hacia alguna clase que quizá tenga que ver con el estudio de la geología o algo similar. Osea que aquí no vamos a tener la intimidad requerida. Regresamos y traspasamos otros túneles a rastras, por los que casi ni cabemos. Una de las chicas se queda atascada momentáneamente en otra cavidad situada en un cruce de corredores, de la que no puede salir. Pero saldrá, tras un pequeño esfuerzo. Hasta que acabamos hallando un aula pequeña, abandonada, recogida, con poca luz. Aquí nos quedamos. Nos sentamos en el suelo. Y empezamos a liarnos. Y aquí termina este bloque narrativo. No sé si la acción cambia repentinamente o si he olvidado al despertar los detalles del trío sexual. Una pena, desde luego...

Cambio de ámbito. Nada que ver con lo anterior. En casa, con la familia (una familia desdibujada, donde no distingo claramente a las personas que me rodean, quizá mi madre, quizá mi hermana, quizá Antonio). Se están realizando preparativos de viaje. Un viaje en el que yo no voy a participar ya que me quedaré aquí solo y disfrutando de una fértil soledad, escribiendo, leyendo, a mi bola, la libertad de tener la casa para ti solito. Por la noche, a la luz de un fléxor, y también de día, disfruto enormemente del inmenso placer solitario de escribir, de hacer y deshacer, de jugar a la magia de las palabras.

Ahora me desplazo en un autobús interurbano, por la mañana. No sé cómo surge, pero creo expectación a mi alrededor entre un grupito de unos cuatro o cinco jóvenes viajeros sentados a mi lado. Todo debe empezar al comentar en voz alta que el libro que tengo en las manos, escrito por mí, tiene muchas similitudes con la obra de un gran escritor (lamentablemente no recuerdo el nombre). Quizá se trate incluso de una reescritura de dicha obra. Este autor es bien conocido y admirado por los chavales. (Hay un flashback, o fue soñado previamente, en que me veo, bajo la luz del fléxor, pasando la vista y repasando las páginas de un gran libro, ensimismado y entusiasmado). Menciono a otros ilustres literatos que tienen relación con mi escrito. Leo fragmentos. Diserto sobre el mundo de las letras. Mi reducido público escucha atento. Opinan lacónica y favorablemente.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Lo del sexo universitario: ¿qué pasa con la silla de ruedas?

    Lo del placer de la escritura: una gozada...


    Ester


  2. pepeworks Says:

    Es una buena incógnita del sueño el tema de la silla de ruedas... No tengo ni idea de a qué puede referirse. Porque la chica no estaba inválida en absoluto...

    Fantástica la parte de el placer de la escritura, sí!

    Saludos Ester!


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