Sueños (180): Un par de encargos y Javiertito bailón

fachada del Museo Reina Sofía
Tengo que realizar dos imprecisos trabajos para el grupo Ordaz, unos clientes míos, arquitectos e ingenieros, que tienen su residencia en Andalucía. No termino de aclararme con los encargos. Uno de ellos está relacionado con colocar algo indeterminado en las fachadas del Museo Reina Sofía (que en el sueño tiene otra fisonomía y se ubica en la ronda de Atocha, muy próximo a la glorieta de Embajadores). Y yo me pregunto: ¿realmente tienen permiso total, sin la necesaria revisión o aprobación, para efectuar una instalación de tanta resonancia que estará a la vista de todo el mundo? De ser así, mi acción podría otorgarme bastante reconocimiento de un plumazo... Y esto me entusiasma. Por lo pronto, a modo provisional, he clavado un desapercibido bastón (o paraguas, o señal de tráfico) sobre el dintel de la entrada de un pasillo discreto del recinto.

Como es complicado desempeñar mi función sin saber exactamente mi cometido, decido desplazarme a Andalucía, al entorno laboral de mis clientes. Me planto en sus despachos de sopetón, sin transiciones. Al parecer he viajado en mi coche, pero según la lógica del sueño basta con concentrarse firmemente en el lugar de destino para que el trayecto no se perciba y dure lo que dura un suspiro -aunque hayan sido cuatro horas de recorrido-.

La reunión con ellos es bien desordenada y confusa. En la estancia constantemente cambia el personal y por lo tanto mis interlocutores. Primero hablo con el hermano menor, que transmitiéndome una serie de breves vaguedades da por explicado el asunto de mi tarea. Evidentemente, yo necesito saber más. Después cruzan el espacio dos de sus hermanos. Se abre una puerta lateral y emergen un abogado y una abogada, que aunque ajenos a los Ordaz, comparten con ellos el mismo piso. En la salita de recepción donde nos hallamos, todos los ocupantes se apelmazan al lado de una pared, como si posaran para que les tomaran una foto. Todos van vestidos exactamente igual, con los mismos trajes oscuros y elegantes. De entre todos los presentes yo soy el único que da la nota discordante, ataviado de manera muy diferente a los demás. Al poco la sala se llena de críos con algunas de sus madres. Los chiquillos me requieren, me preguntan, quieren jugar conmigo. Y estoy dispuesto a satisfacerles.

Se produce un salto. Ya he regresado a Madrid. Estoy en casa. Mi amigo Javiertito, como si de un espectro se tratase, hace repetidas apariciones, bien a través de una ventana, bien a través de otra, bien a través de una oquedad, y siempre surge bailando, con singulares y muy originales movimientos sincronizados y espasmódicos. Su comparecencia me extraña mucho, ya que actualmente vive en México. ¿Por qué viene una y otra vez a España? En los escasos instantes que consigo cruzar palabras con él, colijo que forma parte de un grupo de bailarines adscritos a una especie de secta pseudo-religiosa auspiciada por un maestro bailarín. También le veo danzando con algunos de sus compañeros, en complejas coreografías en las que siempre es él el protagonista. Realizan frecuentes giras por nuestras latitudes. Nunca había visto a mi amigo tan emocionado con una actividad concreta, después de haber hecho miles de cursos de lo uno y de lo otro. Está exultante, imparablemente bailón, feliz, desvinculado, eludiendo con despreocupación sus responsabilidades familiares. Intento enterarme de cuánto dinero gana con sus espectáculos. Siempre se mantiene evasivo con respecto a este tema, hasta que al final, vagamente menciona que no gana mucha guita con esto. Prevalece la ilusión sobre el pragmatismo. Hasta tiene ahora un nombre artístico -que he olvidado-. Ahora reaparece y procura introducirse por un hueco de ventilación que hay en mi techo, por el que apenas cabe, pero no sé cómo logra atravesar.

En la calle, bajo árboles frondosos, en el entorno de lo que podría ser un rodaje cinematográfico, me encuentro con Toni Márquez. No sé la relación que existe con Javiertito, puede que uno se haya transmutado en el otro. Me sorprende que Toni, a modo de renacimiento actoral, haya cambiado también, para siempre, su nombre artístico -que tampoco recuerdo-. Ha dejado de ser el actor llamado "Toni Márquez", a pesar de que mucha gente ya le conocía por ese nombre.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    No sé qué decir de este sueño. Raro.

    Ester


  2. pepeworks Says:

    ¡Pues anda que yo! Todavía estoy alucinando...


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