Sueños (181): Mundo Gay

sueño (181): Mundo Gay
Parece ser que se trata del apartamento de Joël, o al menos lo será durante un rato. He venido a pasar, impensadamente, la noche aquí. Y a todas luces me he emparentado de alguna manera con Joël (quizá sólo por esta noche), que estará encantador, como siempre, y se comportará como un perfecto anfitrión y maestro de ceremonias. A ratos estaremos en las primeras horas del día, a ratos bien entrada la noche. Por el piso, con un espaciado, atiborrado y bastante desordenado salón, que cumple de alguna manera las funciones de picadero, circulan unas dos o tres parejas gays. Una de esas parejas está formada por dos rudos y vulgares machos, bajitos y fortachones, de recia barba, vestidos con la clásica cazadora de borreguito de Levi's, y aunque son homosexuales declarados, se comportan como auténticos machotes heteros. Por ejemplo, pasan los dos un instante, uno tras otro, y emiten, cada uno, un sonoro, feo y nada femenino eructo. Sólo nos acompañarán un rato. Vistos y no vistos.

Hay también un par de sarasas entraditos en años. Viejas cucas. Nos sentamos a la mesa camilla redonda plantada en el centro de la sala. Charlamos. Algo después reposo en el sofá junto a Jorge Riquelme. Estamos tumbados y vestidos, como los demás, con ropa de invierno. Por descuido toco su pierna huesuda y dura. La verdad que no entiendo cómo se puede sentir atracción por un cuerpo que no tiene las blanduras y suavidades femeninas. No termino yo de verle la gracia al cuerpo masculino, mucho menos para amarlo.

Es el caso que Jorge se enfada muchísimo conmigo porque cuando procedo a describirle cómo es él, cómo le veo yo, diré, entre otras cosas, que es muy "amoroso". Yo, refiriéndome a su carácter bondadoso, realmente le estoy haciendo un cumplido, mas él se lo toma como un gravísimo insulto. Él no es "amoroso", me replica dolido, consternado. Intento calmarle, aclarando el equívoco. Le explico lo que quería decir, sigo enumerando otras cualidades suyas, bastante valiosas. Este pequeño disgusto de Jorge me lleva a pensar que quizá no le conozca bien del todo, quizá me haya hecho una idea apresurada de él partiendo tan sólo unas meras observaciones. Tal y como le comento, los escritores solemos tener ideas prejuzgadas de las personas. Recapacito y es posible que detrás del Jorge afable, sonriente, bonachón y sin dobleces que conocemos todos, haya otro Jorge muy distinto, más oscuro, más enrevesado, más complejo. Habrá que tenerlo en cuenta.

A continuación o a modo de flashback, durante o después, o puede que como situación primigenia del sueño -según vagamente rememoro-, Jorge y yo pasamos de la quietud del sofá a una bulliciosa fiesta nocturna en el jardín de un chalet. Entre el numeroso gentío quizá se encuentren Valentín y Yolanda Barrasa. Pero sólo quizá, ya que esta parte permanece muy desdibujada. En dicha fiesta debe ser que intento un romance con una chica, pero se me escapa. Qué distinto es el mundo gay en esto, donde las relaciones se entablan con muchísima más facilidad, sin los farragosos y típicos desajustes de los sexos contrarios. Ante un grupito que me hace eco, me jacto de mis recientes conexiones con el universo de los invertidos. Según la lógica del sueño, mis líos con ellos (en que curiosamente la sexualidad ni existe ni me resulta remotamente imaginable) se derivan de una política mía de ascenso social que me está reportando mejores satisfacciones.

Y de nuevo volvemos al habitáculo previo de Joël. Entro en el servicio que se halla accediendo desde una puerta del salón: me estoy meando. El cuarto de baño es un desastre, está destartalado y desordenado, con abundantes regueros de orín anegando el suelo. Yo dirijo mi meada en parte dentro del váter, en parte en el mismo suelo.

Son las tres de la madrugada cuando irrumpe en el hogar una mujer mayor. Es la madre de nuestro anfitrión y la dueña del piso. Inmediatamente, los cuatro que estamos presentes, sentados a la mesa camilla, nos ponemos a disimular como chiquillos traviesos, enterrando las inclinaciones homosexuales en el armario. Aquí ya nadie tiene pluma.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
3 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Yo me pregunto: si no te atrae el mundo gay y pensar en dos hombres amándose te da repelús,¿ qué hacías allí?. Tal vez el voyeurismo de una escena gay " te excita". Lástima que la irrupción de la mujer mayor ha cortado el sueño.

    Besos, Ester


  2. pepeworks Says:

    No tengo ni idea de qué hacía allí. Cosas de los sueños. Pero en este sueño aunque estoy rodeado de gays, nunca hay sexo gay. Y no me dan repelús los gays (tengo algunos amigos de la otra acera). Tampoco me excitan, ni verles en plan voyeur, ni imaginarles, ni nada de nada. Ver copulando a dos gays para mí es lo mismo que ver un periódico. No me producen ni la más remota excitación...



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