Sueños (182): Descalzo de un pie y otras sorpresas

Andando por la calle descalzo de un pie
Sólo he podido rescatar tres momentos inconexos del olvido. En el primero de ellos, a través de la madre de Eva, mi suegra, que yace tumbada en una cama estrecha, quizá hablando tranquilamente con su otra hija Maria José, en una habitación que de alguna manera se asemeja a la que tuve en el piso de Alcorcón, me entero que le han detectado, desde hace tiempo, un tumor a Eva en las partes vaginales. Noticia que ignoraba y al oírla (sin estar presente en la misma habitación) y serme así revelada, me produce estupor y miedo. Y no es lógico. Porque se supone que Eva iba a llegar a la senectud y que de tener alguna enfermedad, sería otra muy distinta. Pero me tranquilizo porque seguramente todavía estemos a tiempo, es factible que todavía tenga remedio. No obstante, esta situación se vive sin dramatismos, sin que tenga en absoluto las terribles dimensiones que tendría algo semejante en la realidad. Es algo vago, sin contundencia, sin relieve. Incluso la misma Eva permanece impasible.

Después saldré del portal de un edificio tras realizar una transacción imprecisa. Y regreso por la calle a mis cuarteles, muy cercanos. A los pocos pasos descubro que estoy completamente descalzo de un pie. Ni calcetín ni la bota militar que suelo llevar. Un pie calzado y otro, el derecho, desnudo. Me resulta bien gracioso dar la nota de este estrambótico modo en la vía pública. Correteo, salto, me hago el excéntrico. Me divierte mucho que otros viandantes reparen en mi alocada falta de prejucios. Un espíritu libre que no se sujeta a normas establecidas. Y que hace lo que le da la real gana.

Tercer instante: En una nave similar a un hangar hay dispuestas muchas hileras de alargadas mesas preparadas para el almuerzo. Un almuerzo cotidiano y nada festivo, más asociado a un parón entre dos turnos laborales. Podemos ser fácilmente un centenar de comensales. En nuestra mesa, situada en uno de los extremos, también llamaremos la atención, seremos la nota discordante, con clara vocación exhibicionista. Pondremos la mesa en sentido transversal al resto de mesas y con mucho jaleo y algazara damos bombo y platillo a una celebración que vamos a dar. Nuestro grupito de unos quince amigos en pie, bebiendo, brindando, armando escándalo. Muy entusiastas, destacan Gus y Albero como organizadores y pregoneros del fiestón.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Si Eva, que entiendo es tu mujer en el sueño, tiene un tumor, ¿tú no sabías nada? No entiendo

    Las palabras en negrita...¿significa algo?

    Besos, Ester


  2. pepeworks Says:

    No, en el sueño no sabía nada. Afortunadamente en la realidad no hay tal tumor...

    Las negritas sirven para tres cosas (aunque en el libro publicado desaparecen). Una: para el posicionamiento, para que a través de las negritas llegue más gente a la entrada, es una técnica SEO. Dos: para agilizar la lectura del texto ya que mucha gente en internet tiene pereza de cara a leer un texto en crudo, así las negritas son como pistas para leer un poco por encima. Tres: Me sirven a mí para localizar partes según le echo una ojeada al sueño.

    Pero ya verás en el libro que este efecto tan feo de las negritas no aparece (¡menos mal!)

    Besos!


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