Sueños (188): Mi difunto padre se muere

Figura yace en un espejo, una obra de Francis Bacon
En la cocina de nuestra casa, una vivienda distinta en esta ocasión, nos afanamos en los preparativos de la cena. Mi padre ha venido a pasar sus últimos momentos con nosotros. Le queda poco tiempo de vida. Suelta sus postreros comentarios venenosos contra mi hermana, que si no vale para esto, que si no vale para lo otro y algunas otras ponzoñas semejantes. Toleramos sus desmanes, aunque mi hermana los sufre visiblemente, por el extremo estado de su salud, que indica, con bastante evidencia, que no verá la luz del día de mañana. Efectivamente, todos presumimos que esta noche habrá de finalizar su existencia.

De a poco, por instantes, mi padre va poniéndose cada vez peor. Su piel, en distintas zonas, va adquiriendo extrañas coloraciones tumefactas. Empiezan a salpicarle temblores y calambres por todo el cuerpo. Realmente va asumiendo cada vez peor aspecto. Quizá se está aproximando ya su final. Renqueante, lacerado, doliente, emprende un dificultoso camino hacia el dormitorio que hay al término de un oscuro pasillo. La noche se filtra a través de las ventanas. Yo le acompaño a la puerta cerrada de la habitación. Su intención es aislarse a sufrir su agonía en solitario, pero me niego a dejarle solo, así que entro con él en el cuarto. Mi viejo siempre ha tenido mucho pudor de exhibirse a los demás cuando ha estado muy enfermo, mas ahora ni siquiera tiene fuerzas para rechazar mi presencia. Y para mí supone una segunda oportunidad: no estuve con él cuando se murió en la realidad, así que ahorita no pienso abandonarle en el último trance.

Sobre la cama grande de matrimonio se agudizan sus convulsiones y las tumoraciones. En el cuarto sólo estamos los dos, pese a que hay más familiares en esta ajena morada nuestra. Le ayudo, le calmo, con cierta frialdad, sin estar anegado por las terribles emociones de ver morir a un padre. En un arranque del mal, él se caerá al suelo. Me tumbo sobre él, como para darle aliento. Le doy ánimos y consuelo, hablándole quedo y sin cesar. Le fascina mi capacidad de dulzura, ignota para él, y así me lo transmite en un leve momento en que le dan tregua los sufrimientos.

Y sigue, imparable, el curso de sus estragos. Se está descomponiendo como una pasa. Los achaques alcanzan grados críticos. Sin embargo, contra pronóstico, sucede un aparente milagro. Vertiginosamente mi progenitor presenta una espectacular mejoría. Sorprendente, muy sorprendente. Le digo que haga un esfuerzo, que no se deje ir aún, que todavía puede llegar a Navidad, que ya quedan apenas unos pocos días. De esta forma volvería a cumplirse el amuleto verbal que durante tantos años, a modo de chiste, ha utilizado mi padre, funcionándole hasta la fecha, que no es otro que el de decir de vez en cuando "Este año no llego a Navidad".

Han cesado los calambres, las mutaciones cromáticas de su piel. Parece que estamos ante un gran receso de la letal afección. Maravilloso. Qué tranquilidad. En la habitación, desde cuya estrecha ventana, situada en un piso 12 ó 15, se ven las luces nocturnas de la ciudad. A nuestro lado, sentado en una butaca, algo grueso, ha surgido mi tío Antonio. Otra sorpresa para mí, porque, ¿mi tío no había muerto también? Desde luego en el aquí y ahora está bien vivo. Y de alguna manera esta suntuosa alcoba no deja de tener similitudes con la correspondiente del piso de mi tío. También, de pie, a nuestra vera, se halla el larguirucho hijo de mi tío Antonio. Sin embargo no se trata de mi primo Chenchu, sino de otro hijo único. Yo le haré un cínico comentario a mi padre sobre la dudosa procedencia de ese hijo, sin que me oigan los demás. Papá pilla la indirecta y se ríe malévolo. Mi tío, amoscado, indaga sobre lo que nos hemos dicho. Nada, nada, respondemos, quitándole hierro al asunto.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
4 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Mi difunto padre se muere: Si es difunto es que está muerto; tu tío Antonio, que ys está muerto, aparece.
    Vaya pesadilla!
    Pero tu cínica ironía lo arregla todo.

    Besos, Ester


  2. pepeworks Says:

    Sí, sí, por eso mismo me encanta el contrasentido del sueño: "difunto y se muere". Hay en el sueño una fantástica desmitificación de la muerte, un posibilidad de morirse y volver a morirse, para lo que, a la fuerza, hay que volver a vivir.

    Ojalá fuera así, ¿eh?

    Besos!


  3. ESTER Says:

    Y quién dice que no es así? Estamos rodeados de reencarnados por todas partes.

    ¡Uf, que friki estoy!

    Ester


  4. pepeworks Says:

    No sé yo. Tengo serias dudas con la reencarnación. Demasiado simple...


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