Sueños (189): Haciendo deporte

Boca de Metro de Madrid Centro, haciendo deporte en el Metro de Madrid
Deportivo sueño el que tuve ayer. Previamente me hallo con la pandilla (amigos indefinidos) en las lindes de un parquecillo. Pero su conversación, pueril y juvenil, me aburre. Su presencia me resulta repetitiva, cansina. Así que me las piro, sin dar explicaciones. He decidido, para ponerme bien fuerte, tonificado y atractivo, hacer todos los días algo de deporte. Y ya me veo corriendo por las calles de Madrid y por los túneles del Metro. No se trata exactamente de hacer footing, sino de correr con buena velocidad. Me lanzaré a una peculiar ruta: voy siguiendo todas las estaciones de Metro de una línea concreta de la siguiente manera: me adentro por una boca de Metro, atravieso algún pasillo y algún andén, salgo por la siguiente boca de Metro hacia el exterior, recorro, siempre sin dejar de correr, el trayecto hasta la próxima apertura del suburbano cruzando plazas y calles, para de nuevo adentrarme por los túneles, alguna que otra escalera mecánica y después volver a emerger a la superficie urbana. Y así sucesivamente. Me alegro de haber escogido está línea de Metro, que es de las menos profundas de la capital, evitando el tener que precipitarme por largas escaleras mecánicas e interminables pasadizos, como sucede con la línea 9.

Lo más sorprendente es que nunca, en ningún momento, me cansaré. Podré marchar a la carrera ininterrumpidamente, sin que la fatiga física me obligue a parar o aminorar el ritmo. Entre medias, en paralelo, mientras sigo mi acelerada galopada, me interno en una piscina privada que se ubica tras el murete blanco de uno de los pasajes enterrados del Metro. No sólo yo, sino otro chaval que surge repentinamente, escalaremos a la vez dicho muro. En el recinto de este espacio reservado se forma un altercado con los socios y dueños de este exclusivo club, que intentan echarnos con cajas destempladas. Como decía, este capítulo aparte tiene lugar según sigo mi deportiva marcha, como si me hubiese desdoblado en dos simultáneas acciones.

Al término de mi deportivo e imparable itinerario, tras una hora o quizá dos de veloz trasiego, me encuentro ante mi hermana y mi padre. Les participo con alegría y manifiesto orgullo mi ejemplar hazaña gimnástica.


Hoy he soñado con la joven actriz Graciela de Santos. Circunstancias menesterosas en las que se veía envuelta, nos condujeron a apadrinarla como hija. Graciela entraba a formar parte de nuestra familia y a convertirse en la hermana de nuestro vástago Amador, que en el sueño tenía mucha más edad que los tres añitos y medio que tiene en la realidad.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    ¿Y las agujetas?

    Ester


  2. pepeworks Says:

    ¿Las agujetas? No sólo no hay agujetas sino que no me cansaba nunca de correr y correr, igual que si fuese puesto de cocaína. Qué cosas... De lo que sí que tengo agujetas es de estar sentado, jeje!!


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