Sueños (190): Inmerso en oscuras redes de prostitución internacional

Construcciones de adobe y paja en un poblado que sirve como tapadera de redes de prostitución internacional
Del compartimento trasero de un enorme avión, con una cola bastante ancha y plana, se abre una rampa por donde son evacuadas, en varias tandas, grupos de mujeres que irán siendo alineadas, sentadas, a los pies de un largo muro, a cobijo del lacerante sol. Nos hallamos en un país extranjero y desértico, quizá árabe, quizá africano. Yo formo parte de los tres o cuatro guardianes de las féminas. La película trata claramente de redes de prostitución. Toda esta mercancía femenina, de unas sesenta hembras de distintas edades (con predominio de la edad madura) y mayoritariamente pertenecientes a las clases más desfavorecidas, será iniciada en breve en el ejercicio del puterío, puede que esta misma noche. Nosotros, los chulos, seremos, durante unos instantes previos, robustos y jóvenes machos de raza negra -con lo que de alguna manera el sueño tiene similitudes con la novela "Pimp" de Iceberg Slim, que terminé de leer hace unos días-.

Salvo nuestro jefe, que ya lleva una cierta experiencia en las lides del chuleo, todos los demás somos principiantes que ignoramos nuestro cometido y qué es lo que hay que hacer para poner a las futuras putas en funcionamiento. Estamos nerviosos, sin saber qué hacer o decir. Imaginamos que tendremos piedad y las recién llegadas no empezarán a comerciar con sus cuerpos bajo nuestra tutela esta misma noche, sino mañana o pasado mañana. Estamos equivocados. Han de ponerse a currelar hoy mismo. Nuestro aventajado compañero nos mostrará cómo predisponerlas para que se prostituyan a la mayor brevedad. De pie, les suelta una elocuente arenga, algo amistosa aunque muy firme y marcial, sobre la perentoria necesidad de que se pongan a ejercer lo antes posible para poder sobrevivir y permitirse ciertos lujos, tanto ellas como nosotros. Nos quedamos admirados los novatos de la eficacia de la charleta. Todas las presentes, sin excepción, asumen su inmediato destino sin vacilaciones, sin pasión, sin miedo, con la irrevocable resolución bovina que otorga la menesterosa carestía.

A continuación procedemos a volver a embaular por grupos a las chicas en las fauces traseras del avión, para que sean conducidas a sus destinos de lenocinio. Veo más de cerca a las mujeres del último grupo, son feas, ordinarias, embrutecidas, literales cachos de carne utilitaria. Ayudo a desplazarse a una anciana, que inexplicablemente también habrá de vender su intimidad. Me da lástima la pobre mujer.

El avión cerrará sus gigantes portezuelas y emprenderá la marcha. No sé cómo ni con qué objeto, pero yo he sido el único que se ha quedado en tierra. Decido darme un paseo y estirar las piernas por las aledañas construcciones de un remoto poblado. He recuperado mi natural color de piel. Pasando por debajo de un arco observo que desde la explanada que daba al anterior muro un tipo alto y estirado comienza a seguirme. ¿Será de la bofia?, me pregunto. Al poco, desde otro extremo de una desolada e ingente plaza, otro personaje, indeterminado, también parece acercarse paulatinamente hacia mí. Posiblemente sea un aliado. Sin apretar el paso, disimulando, intento despistar a estos individuos. Pero es difícil pasar desapercibido en un espacio más o menos abierto, con escasas edificaciones de adobe que sirvan de cobijo. Desde otros puntos surgen otro par de perseguidores. Subiré por un elevado tramo de escalones de piedra, a mi izquierda quedará el mar. Al llegar al pasadizo de arriba seré atrapado por el primero de mis acosadores, produciéndose una extraña fusión con él, convirtiéndome así en otro.
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Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
2 Comentarios
  1. ESTER Says:

    ¿Y te has sentido cómodo en este sueño?

    Un beso, Ester


  2. pepeworks Says:

    No exactamente. Como era un inexperto no sabía muy bien cuáles eras mis tareas, y esto me desconcertaba. Aparte que luego, cuando me seguían, tampoco me sentía nada a mis anchas... Está bien claro que el chuleo no es lo mío, jeje!


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