Sueños (193): Cambio de compañía teatral

En el inmenso vestuario de un teatro
Es mi primer día de ensayo con la compañía de teatro que recientemente me ha acogido. Y para variar, llego tarde, unos 10 minutos, a mi primera cita. Si bien pensaba que iba a haber regañina, pues no, en absoluto, aunque de alguna manera he ganado mi primer punto negativo. Voy conociendo a mis compañeros, al director, al segundo de a bordo, al resto de actores y actrices, al productor, según voy encontrándome con ellos en el inmenso vestuario donde todos nos afanamos, cada cual con sus quehaceres y preparativos. Este ingente camerino, abigarrado, sin apenas espacios libres, compartimentado como un mercadillo de traperos, lleno de perchas, maniquís, ropajes de toda índole, sillas, bolsos y demás objetos propios de la tramoya, curiosamente ocupa el hall principal del gran teatro donde nos alojamos (da la sensación, incluso, de que algunos de los actores viven aquí). El espacio es continuo y tras las montañas de objetos y vestimentas que nos cercan, se extiende la platea del teatro. Ya no estamos hablando de una compañía teatral más o menos aficionada, como el anterior grupo -Tamir- al que pertenecía, sino de una señora compañía profesional, con prestigio, consolidada, puntera en realizar montajes arriesgados e innovadores, quizá comprometidos.

Bajo el dintel de una estrecha puerta que da al enorme camerino tendré un encontronazo con un chavalito, que me trata con inquina, acaso envidia. Ambos iremos con el busto al desnudo, él con unos pelillos pobres en su pecho, yo con estampa curtida y varonil. No volveré a ver a este mocoso, que por unos instantes se identificará con un viejo conocido, puede que un vecino de los Hábitats, ora olvidado. Colocaré mis enseres entre los de dos actrices. Hay otro momento en que converso con dos actrices, sentados todos en los escalones de entrada del edificio. En breve dará comienzo el primer ensayo. De pronto caigo en la cuenta de que mi despiste y las prisas me han hecho una jugarreta: no he traído ni la ropa de mi personaje -uno o varios secundarios relevantes- ni mi libreto... Horror. ¿Qué hago ahora? Me da tanto bochorno mi lapsus que decido regresar inmediatamente a casa a recuperar mis cosas. La intención es ir y volver en taxi, para no atrasarme demasiado. Me surge la duda de si debo desaparecer sin avisar o si debería darle noticia al director de mi repentina marcha. Se lo planteo a una colega. Adopto una solución intermedia, la de comentárselo al dire, pero amparándome en una mentirijilla piadosa. Le localizo en este marasmo y le digo que tengo que ausentarme, que regreso en 10 minutos. Evidentemente, lo de retornar en 10 minutos es un camelo tranquilizador. Ni yendo en taxi tardaría tan poquito.

Salgo como una flecha. A la caza de un taxi. El teatro tiene su emplazamiento en el centro de Alcorcón (todo el sueño se desarrollará en dicha población). Mi vivienda se halla en uno de los extremos, hacia el norte, no excesivamente lejos. Para ir ganando tiempo, mientras consigo detener un taxi libre, voy caminando a notable velocidad, así voy aproximándome a mi destino, ya que está resultando complicado avistar un taxi que no esté ocupado. En un cruce dejo pasar un par de tequis libres porque van en sentido contrario. Mal hecho. Debería haberlos aprovechado, pues no volveré a tener otra oportunidad. Una opción sería plantarme en una calle más transitada y aguardar la venida de un taxi, mas prefiero avanzar, es más seguro. Como ya me queda poco trecho para llegar a casa, ya ni me ocupo de fichar las lucecitas verdes de los tequis desocupados.

En nuestro pequeño y recargado apartamento busco mi vestuario, que incluye un batín blanco de médico. Todo está colocado sobre un perchero de maniquí, en pleno salón. Al lado, mi hijo de tres años está vistiéndose. Tumbado boca arriba en el suelo, para ayudarse en la tarea, se está subiendo sus pantaloncitos vaqueros. El pobre lleva un día sin salir de casa, y seguramente lleva otro tanto solito en casa, y se ha hecho, sin consultar, la ilusión de venirse conmigo, de ahí que se esté poniendo la ropa de calle. Es un buen fregado llevarme a mi chiquitín al ensayo, desde luego. Los compañeros podrían molestarse, aparte de que nos podría distraer de manera escandalosa. Aunque eso sí, ganaría yo muchos puntos entre la asistencia femenina, que siempre se enternecen con la "estampita" padre-hijito.

Estoy determinado a llevármelo conmigo, cuando aparece Eva, saliendo del cuarto de baño. Discutimos si Amador me acompaña o si se queda con ella. Mis argumentos en pro de los perjuicios que me podría ocasionar crear más problemas añadidos justo en el primer día de mi incorporación al grupo teatral inclina la balanza hacia la permanencia de nuestro hijo junto a su madre, por muy liada que esté ella.

Al salir a la calzada, ficho un taxi libre aparcado en la acera. Se trata de una especie de Dos Caballos antiguo, más amplio por dentro y con el culo más similar al de una furgoneta. Por unos segundos me adelanto a una señora emperifollada que también quería pillarlo. El taxista le replica a la mujer que yo he llegado primero. Genial. Me instalo en el asiento trasero y nos ponemos en marcha.

Cruzamos Alcorcón de nuevo, camino del teatro, pero en el centro de la ciudad hay dos teatros y el taxista, por equivocación, me conduce hasta el que no es. No recuerda dónde se ubica el teatro moderno al que ha de trasladarme, así que daremos vueltas tontas por diversas callejuelas del casco antiguo. Finalmente parece recordar la ruta correcta y definitivamente detectamos la mole de la edificación buscada.

Total, que para cuando estoy de vuelta en el teatro, han pasado cerca de dos horas y media. El ensayo ha terminado hace un rato. La mayoría de los actores ya han emigrado. Aún rulan por aquí tanto el director, un tipo robusto, alto y con espesa barba, como el productor, un joven apuesto y engominado. Daré mis explicaciones oportunas del por qué de mis desplantes, intentando recuperar mi credibilidad. No hay problema, confían plenamente en mí. Son capaces de penetrar con facilidad en la psique de las personas y saben perfectamente que mi único inconveniente, con las ligeras molestias que eso acarrea, es que al principio me cuesta someterme a disciplinas y horarios, pero que siempre respondo con seriedad y responsabilidad al cabo de poco tiempo. Bueno, ya me quedo más tranquilo.

Colocaré mi libreto en un sitio que estorba, según me advierten, encima de un altavoz o algo así. Alegaré que es la manera de asegurarme de no extraviarlo. Cuando salimos, de improviso, nos dirigiremos a un bareto colindante. Unas tapas. Unas copas. Nos sentamos a unas mesas cuadradas, adosadas las unas a las otras con un irracional desorden. Charlo con mis nuevos camaradas. A alguno que otro le invito a su consumición, mostrándome espléndido. En unos de los tragos que le doy a mi cubata, el sabor es distinto, concretamente a Trinaranjus de naranja. Una mueca de asco sale de mi geta y comprendo que me he equivocado de vaso de tubo. Al estirar el brazo hacia atrás, por error, he enganchado el bebedizo de una compañera actriz.
....

Estás viendo el blog personal del escritor y diseñador José Martín Molina (Pepeworks). Puedes saber más sobre sus creaciones en sus sitios web:
► web de escritor: www.josemartinmolina.com
► web de diseño: www.pepeworks.com. Se agradece la visita!
5 Comentarios
  1. ESTER Says:

    Este sueño es de lo más normal, acorde con tu carácter e idiosincrasia ( creo).
    Das pie a que haya otro sueño con la compañera actriz.

    Besos, Ester


  2. pepeworks Says:

    Uy, no te creas que es tan normal... Aunque es cierto que hay cosas reflejadas de mi relación reverencial y temerosa con el mundo del teatro! Lo de los diez minutos tarde sí que es una seña de identidad. Lo de los despistes, no.
    (Espérate que la compañera actriz no fuera una ex, porque no lo tengo nada claro...) ;)


  3. ESTER Says:

    ya veré: me voy al sueño 193 que he estado toda la mañana con Gema y se me ha ido la mañana!.

    Besos, Ester


  4. ESTER Says:

    !Al 194, qué lío!


  5. pepeworks Says:

    Sí, yo también me lío con tanto número y tanto sueño ;)


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